DUBÁI EN EL A380 DE EMIRATES. Batiendo récords

DUBÁI EN EL A380 DE EMIRATES. Batiendo récords

Pablo Ros Bárbara

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En Dubái todo es lo más: Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo; Dubái Mall, el mayor centro comercial que se conoce; Burj Al Arab, el top del lujo hotelero a nivel planetario… Ante tan abrumadores récords en su haber no es de extrañar que la aerolínea Emirates sea la que más aviones Airbus A380 tiene en circulación y la que más gigantes del aire ha encargado para cubrir sus innumerables rutas en los próximos años.

Desde el pasado mes de febrero, este soberbio aparato opera el vuelo diario Barcelona-Dubái, una experiencia difícil de superar.

El Airbus A380 impresiona desde antes de entrar, con sus asombrosas proporciones, su inconfundible doble línea de ventanillas a lo largo de los dos pisos y las descomunales turbinas que penden de sus majestuosas alas. El gigante del aire necesita dos fingers en la terminal, uno para cada altura, para embarcar al pasaje, operación compleja que ha requerido de reformas en algunos de los aeropuertos que lo albergan.

Entre los 517 asientos del A380 de Emirates, 14 son suites de First Class que proporcionan una privacidad hasta ahora desconocida en la aviación comercial. Son estancias individuales con puerta corredera que además ofrecen la posibilidad de reservar el spa por media hora. La experiencia de darse una ducha durante el vuelo es de esos lujazos que uno está deseando contar a los amigos cuando vuelve del viaje.

Los 76 asientos de Business Class se convierten en cama, al ser totalmente abatibles. Además de su galardonada cocina, con servicio de champán y bodega, las dos clases preferentes aumentan su atractivo con el acceso a la Sala a Bordo, un espacio de esparcimiento con un servicio continuo de barra de bar donde se complace al pasajero con exquisiteces culinarias.

La excelencia en estas clases se percibe también fuera del avión, con servicios exclusivos como la limusina de recogida y entrega en origen y destino, o los accesos a las extraordinarias salas VIP de la compañía, especialmente la que se encuentra en el aeropuerto internacional de Dubái.

La clase Turista no se queda atrás. Sus 417 plazas están configuradas con butacas espaciosas que disponen de fuente de alimentación, servicio de correo, mensajería y teléfono. Las pantallas en los respaldos emiten una programación con más de 1.500 canales.

Un excelente menú y una atención esmerada por parte de una tripulación multicultural que cuida los detalles hasta el extremo hicieron a Emirates merecedora del premio a la mejor aerolínea del mundo en 2013 en los Skytrax World Airlines Awards, algo así como los Oscar de la aviación.

Dubái Hub

La llegada a Dubái está en línea con la experiencia de volar en el A380. La macrourbe de los Emiratos Árabes Unidos es lo más parecido que se puede encontrar de una ciudad del futuro, algo que se percibe nada más pisar el aeropuerto internacional. Todo es exagerado aquí. La ambición y el lujo son los motores de la ciudad. Aunque la economía del emirato se ha desarrollado en parte gracias a los beneficios del petróleo, los sectores de la construcción, el comercio y los servicios financieros suponen hoy en día más ingresos que los generados por el oro negro.

El Gobierno no escatima recursos para invertir en las mejores infraestructuras, en la construcción de parques de ocio, en la creación de centros avanzados de investigación o  en el desarrollo de zonas residenciales que se pueden divisar incluso desde el espacio, como ocurre con Palm Island, nido de millonarios y famosos con sus espectaculares villas sobre los terrenos ganados al mar. Las fotos de la ciudad hace apenas veinte años son absolutamente irreconocibles comparadas con lo que se puede contemplar hoy en día. Pocos lugares del mundo han crecido tanto en tan poco tiempo. Y lo que les queda.