ESTAMBUL. Sultana del swing

ESTAMBUL. Sultana del swing

Fernando Sagaseta

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Pasa por ser una de las ciudades más bellas del mundo, un encanto reforzado por su situación entre dos mares, dos continentes y dos civilizaciones. También por el incalculable patrimonio que atesora tras dos milenios de pasado imperial. Con estas credenciales, en su caso la palabra “contraste” no es ningún tópico. De hecho, la moderna Estambul, pujante y bulliciosa, es todo un catálogo de oportunidades para el negocio, los eventos, el ocio y las actividades de incentivo.

El intenso color amarillo huevo de los taxis zumbando de un lado a otro como un enjambre —eso sí, cuando los atascos lo permiten—, los jóvenes agolpados a la puerta de los garitos de música atronadora, las riadas de turistas del más variado pelaje apurando cada hora y cada rincón, la sensación, en definitiva, de que la ciudad nunca duerme, como si estuviese atrapada en un bucle eterno… No, no es Nueva York, aunque parte de su espíritu libre y transgresor, tolerante e inquieto, construido sobre una amalgama de nacionalidades y culturas, anida también en el mismo punto donde Oriente y Occidente, Asia y Europa, se dan la mano y también se dan la espalda.

En cualquier caso, una oportunidad para el encuentro de civilizaciones, asentada en siglos y siglos de historia escrita por tres grandes imperios —el romano, el bizantino y el otomano— hasta llegar a la república laica, espejo de interesantes contradicciones en un país con un noventa y muchos por ciento de musulmanes que, sin embargo, en los edificios gubernamentales, escuelas y universidades públicas no han podido lucir prendas de connotación religiosa, como el pañuelo islámico, hasta hace apenas un par de años, cuando el presidente Recep Tayyip Erdoğan introdujo sus reformas de carácter conservador.

Este es el caldo en el que se cuece Estambul, la desproporcionada urbe de 15 millones de habitantes que tiene un ojo puesto en París, y otro en Asia Menor, el Cáucaso, Oriente Medio y el Norte de África. Una ciudad de algarabía, de vibrante comercio a la sombra de los minaretes de sus innumerables mezquitas, sede de las grandes compañías del país, muy volcado hacia la industria y la exportación, dada su carencia de petróleo, y con una variadísima colección de espacios y lugares para reuniones y eventos, desde los más vanguardistas hasta verdaderas joyas de la arquitectura tradicional.

VENUES HISTÓRICOS

Muy pocos de los 13 millones de turistas que recibe anualmente Estambul dejan de pasar por Santa Sofía o por la Mezquita Azul, los mayores iconos del destino junto al Gran Bazar o el palacio de Topkapi, también en la Península Histórica y, como aquellos, de irrenunciable visita. Pues bien, cumplidos estos “deberes”, y a pocos pasos de la singular basílica- mezquita-museo, que es la memoria viva más completa de la ciudad nada menos que desde el s. IV, aparece soterrada la Cisterna Basílica, en turco Yerebatan Sarayi.

Este extraordinaria aljibe, el mayor del mundo bizantino, que fue construido por el emperador Justiniano en el año 532, abastecía de agua al Gran Palacio de Constantinopla y posteriormente al de Topkapi, tras la conquista otomana. Hoy en día, a partir de las 7 de la tarde, después del horario de visitas, se ofrece para eventos privados, sobre todo cócteles.

La atmósfera que se crea no puede ser más especial entre las 336 columnas de mármol que forman todo el entramado. Junto a las pasarelas de madera suspendidas sobre las 100.000 toneladas de agua se abre una plataforma que en ocasiones se utiliza para conciertos, aunque también está disponible para presentaciones de todo tipo, en el mismo lugar que sirvió de escenario para la película de James Bond Desde Rusia con amor. Visita obligada merecen los dos inquietantes pilares tallados con rostro de medusa, una de las grandes atracciones del lugar. Los grupos también se divertirán haciéndose fotos ataviados de sultanes y sultanas gracias a una empresa que facilita los trajes.

El palacio de Topkapi, centro administrativo del imperio otomano durante cuatro siglos, es una de las mayores atracciones turísticas del Estambul. La exposición que va recorriendo sus distintas dependencias y patios permite una excelente aproximación a las costumbres y forma de vida de la época. Después de visitar el harén o las cocinas donde 900 empleados preparaban comida para las 5.000 personas que habitaban aquí, se pueden organizar eventos o comidas de grupo a base de platos tradicionales turcos servidos en los platos de bronce del popular restaurante, con sus soberbias vistas.

En el interior del extenso recinto asomado sobre el estrecho del Bósforo, por un lado, y sobre el Cuerno de Oro, por el otro, la iglesia de Santa Irene, tan antigua como Santa Sofía, es otro de esos venues impagables que se pueden privatizar fuera del horario de visitas. Además, posiblemente sea de las salas de conciertos más reconocidas de toda Europa debido a su magnífica acústica. Pegada a ella se encuentra una antigua fábrica romana de monedas, con interesantes espacios donde se programan exposiciones temporales y eventos. Los jardines externos albergan el Museo Arqueológico, toda una tentación para los amantes de la historia. Los exteriores son muy agradables, entre restos de capiteles, estatuas y sarcófagos. En ocasiones se programan eventos de carácter cultural de interés público.

Para un toque algo más exótico están algunos baños turcos (hammam), un clásico de la cultura de este país, que pueden ser privatizados. Es el caso de Çemberlitaş o Cağaloğlu, dos de los históricos, quizá los más conocidos de la ciudad, con un enorme valor arquitectónico. Aunque no se alquilen para un evento, merece la pena pasar por ellos a liberar toxinas, darse un masaje o someterse a la temida manopla exfoliante.

Otro lugar indisociablemente unido a la imagen de Estambul como el Gran Bazar, uno de los mercados más grandes y antiguos del mundo, con sus casi 4.000 tiendas, también se ha empleado en ocasiones para actos privados. Es verdad que no está al alcance de cualquiera cerrar parte de este templo del comercio, pero tampoco es imposible. Desde luego, organizar una cena de gala en una de sus galerías con bailarinas amenizando y algo de tiempo libre, por supuesto, para el deporte del shopping no puede dejar indiferente a nadie.

MÁS PALACIOS

A uno y otro lado del Bósforo, el glorioso pasado otomano se alza ante las aguas que llegan hasta el mar Negro con dos palacios, una vez más, de obligada visita. En la parte europea, Dolmabahçe, residencia de la familia real desde 1838, cuando dejó los muros medievales de Topkapi para satisfacer los nuevos gustos de la época, más orientados hacia occidente. De ahí su recargado estilo neobarroco, realzado por toneladas de oro, imponentes lámparas de araña, la mayor de ellas regalada por la reina Victoria de Inglaterra, balaustradas de cristal de Baccarat y profusión de mobiliario de origen francés. La escalinata central, iluminada por un increíble lucernario, es sensacional, y el salón de baile, cuyo techo tiene la misma altura que la Mezquita Azul, es de los que dejan a cualquiera boquiabierto.

Otro lugar coqueto como pocos es el palacete Sait Halim Pașa, antigua residencia de un dignatario del régimen del mismo nombre. La villa, bañada por el azul intenso del mar, alberga distintos salones en dos plantas de una elegancia particular. La sala de la caza, con su llamativo ornamento que reproduce fisonomías animales, está protegida del exterior por un cristal irrompible a prueba de atentados, un gran avance técnico para el año 1863. Desde luego, ideal para cenas de gala, tanto dentro como fuera, donde hay una carpa fija con capacidad para 550 comensales.

Ya en la orilla asiática, justo a los pies del primer puente colgante que atraviesa el Bósforo, un largo túnel, antigua entrada de carruajes, da acceso al palacio Beylerbeyi, la que fuera residencia de verano de los sultanes. La ornamentación es notablemente más austera que en Dolmabahçe, pero el conjunto no deja de ser imponente. Uno y otro albergan eventos ocasionales, sobre todo en los jardines.

VENUES MODERNOS

En Estambul florece una escena cultural de arte contemporáneo que ha ido creciendo sin parar en los últimos años. Uno de los mejores exponentes de esta realidad es Istambul Modern, fundado hace una década por una de las grandes familias de industriales del país, que aquí suelen ser buenos mecenas. El museo ocupa una antigua terminal naval a orillas del Bósforo en una zona que necesita una profunda regeneración. El proyecto ya está aprobado, con hoteles, zonas comerciales, otro museo dependiente de la Universidad, bares, restaurantes y demás, pero da la sensación de que el tema va para largo.

Por lo pronto, Istambul Modern, es la punta de lanza que, además de albergar llamativas piezas de los autores turcos (y no tucos) más punteros, cuenta con notables espacios para cócteles en un ambiente muy trendyespecialmente la sala de “libros voladores”, junto a la biblioteca. También dispone de auditorio con 117 plazas, espacios para fiestas al aire libre y un restaurante con capacidad para 180 comensales con una terraza añadida donde disfrutar de buenas vistas, siempre que no haya atracado justo enfrente uno de los megacruceros que frecuentan la ciudad. Por supuesto, también se pueden contratar visitas privadas o actividades de motivación yteam building para grupos.

La gran oferta para el segmento MICE de la gran urbe turca se concentra en el llamado Congress Valley, en pleno centro de la parte moderna, no muy lejos la de la emblemática plaza Taksim y junto al parque Maçka, uno de los pulmones verdes. En esta atalaya rodeada de algunos pesos pesados de la hotelería business(Intercontinental, Ritz Carlton, Hyatt Regency, Grand Cevahir, etc.) se ubican dos de los mayores venuesque se pueden encontrar: el lstanbul Congress Center (ICC) y el Istanbul Lüfti Kirdar (ICEC).

El primero fue construido en 2009 en apenas un año. Sus dependencias se extienden en 7 pisos hacia abajo, incrustados en la colina, dos de ellos para aparcamiento. Moderno, funcional y un tanto frío, cuenta con amplias cristaleras que dan al parque. Su enorme auditorio está equipado con 2.100 butacas y 24 cabinas de traducción, nada menos. Con sillas adicionales se puede llegar hasta las 3.700 plazas. El edificio, que explota la cadena local Rixos Hotels, también ofrece 10.000 m2 de espacio para ferias y exposiciones y hay salas de reunión de todas clases y colores.

Pegado al ICC, el ICEC dispone de un auditorio con aforo para 1.700 personas, ampliable a 2.000, y 48 salas de las más diversas dimensiones. Uno de sus puntos fuertes es el catering de Borsa, de los mejores de todo el país. La terraza es toda una tentación. Aquí colocan también carpas para eventos. Dos de las plantas son diáfanas para montajes feriales. Todavía hay un tercer centro, Cemal Reşit Rey, más utilizado como sala de conciertos, pero que tampoco hace ascos a cualquier evento corporativo.

En la orilla europea del Bósforo esperan estimables sorpresas como The Seed, en la zona de Emirgan, un espacio gestionado por GL Events de rabiosa modernidad, con su fachada de cantos rodados que de noche reciben iluminación espectacular. El interior, con sus propuestas decorativas frescas y coloristas, invita a organizar cualquier evento corporativo con un toque sofisticado y actual. Una especie de semilla gigante incrustada en el edificio es el envoltorio del Oditoryum, con capacidad para 170 personas en formato escuela y 330 en teatro. Junto a otros espacios interiores, destacan sus terrazas, perfectamente integradas en la vegetación circundante. Para los clientes amantes de lo clásico, el recinto alberga también un gran caserón otomano de madera, totalmente rehabilitado, disponible para cenas y presentaciones.

Quizá el lugar para eventos mejor situado por su excepcional entorno sea el Haliç Congress Center, incrustado al fondo del Cuerno de Oro. Este antiguo matadero rehabilitado en un estilo  clásico, donde predomina exageradamente el mármol, está compuesto de tres edificios unidos entre sí con una impresionante oferta de espacios, empezando por sus 4 auditorios, el mayor de ellos con capacidad para 3.400 personas. La zona exterior, al borde del agua, es muy amplia y cuenta con una gran cantidad de salas, así como espacios para ferias. En el recinto también hay un pabellón acristalado para banquetes de hasta 600 comensales.

Rodeado de un tupido bosque, en el barrio de Maslak, a las afueras de la ciudad, tiene también su hueco el denominado Uniq Istambul, próximo al nuevo distrito de negocios. Aquí, junto al moderno Volkswagen Arena, de aspecto volcánico, sede de conciertos de pop y rock, se está construyendo otro auditorio de 1.200 plazas junto a centro comercial, así como 7 salas de reuniones, un escenario al aire libre y un circuito de multiaventura entre los árboles para divertirse un rato. En principio, la inauguración tendrá lugar el próximo mes de octubre. Una novedad más en una ciudad en permanente transformación.

HILTON ISTANBUL BOSPHORUS
Clásico hotel de la cadena norteamericana, en una privilegiada colina del parque Maçka, junto al conglomerado del Congress Valley, con un ambiente muy profesional, siempre ajetreado. Además de sus 550 habitaciones y sus 12 salones en varias plantas, el mayor de ellos de 1.350 m2 y 10 m de altura, donde pueden entrar hasta 2.500 invitados en formato cóctel, ofrece un centro de convenciones en un edificio anexo. Destacan también sus amplísimos jardines con vistas.
Cumhuriyet Caddesi Arbiye
Tel. +90 212 315 6000
isthi_duty@hilton.com

INTERCONTINENTAL ISTAMBUL
Con 390 habitaciones y 53 suites, es otro de los referentes para el turismo MICE, con una mezcla de modernidad unida al gusto clásico turco. La mayor parte de sus 13 salones fueron renovados el año pasado. En el mayor de ellos se pueden acomodar hasta 700 participantes en montaje de teatro. En el rooftop hay dos pequeñas salas acristaladas que son una delicia por sus maravillosas vistas. El spa, que ocupa dos niveles, también merece una visita.
Asker Ocagi Cad, 1. Taksim
Tel. +90 212 368 4444
istambul@intercontinental.com.tr

BARCELÓ ERESIN TOPKAPI
El oasis español de la ciudad es un establecimiento a escasos minutos en tranvía de los principales puntos de interés en la península histórica y que ofrece 250 habitaciones renovadas en 2005. De aspecto clásico, cuenta con spa, piscina, jacuzzi y hammam. En cuanto a espacios para reuniones, ofrece un total de 14 salas, la mayor para 300 asistentes en formato escuela. El acceso wi-fi es gratuito en todo el hotel.
Turgut Özal Millet Cadessi, 186. Fatih
Tel. +90 212 631 1212
eresintopkapi.agm2@barcelo.com

CVK HOTELS TAKSIM
Digno representante de la cadena local que cuenta con dos emplazamientos más en la ciudad. Ideal para vivir el lado más bullicioso de la parte moderna por su inmejorable situación junto a la abigarrada plaza Taksim. Con dos pequeñas salas, una para consejos de dirección, cuenta también con spa y un restaurante panorámico en la última planta.
Sıraselviler Cad, 11. Taksim
+90 212 393 4000
info@cvkhotels.com

ROOM MATE KEREM
Otra pica hispánica, en esta ocasión desarrollando el concepto de hotel-boutique característico de la marca. Se encuentra muy cerca de la calle Istiklal, punto neurálgico del ambiente de ocio y compras de la ciudad. Diseño innovador para un edificio histórico en el que se ha conservado la fachada. Con pequeña azotea para tomarse una copa.
Mesrutiyet Caddesi, 34. Beyoğlu
Tel. +90 212 245 0245
kerem@room-matehotels.com

MATBAH
Este antiguo palacete, estratégicamente situado junto a la Cisterna Basílica, comparte asesor gastronómico con el restaurante del palacio de Topkapi. Se vanagloria de servir recetas de la época de Mehmet El Conquistador detalladas en una carta, cuidadosamente editada, que cambia cuatro veces al año. Como su cocina es tan inusual, no cobra o cambia por otro el plato que no es del gusto del cliente. Ofrece varios espacios, entre ellos un jardín para 120 comensales con techo corredizo y un salón con 70 plazas. El establecimiento cuenta además con su propio hotel.
Caferiye Sokak, 6. Sultanahmet
Tel. +90 212 514 6151
info@matbahrestaurant.com

ASITANE
En un costado de la extraordinaria iglesia bizantina de San Salvador de Cora se encuentra este elegante local para disfrutar de platos tradicionales otomanos, algunos de los cuales datan del s. XV. El patio es muy agradable para comidas de grupos no muy numerosos.
Cariye Camii Sokak, 6. Edirnekapi
Tel. +90 212 635 7997
info@asitanerestaurant.com

NICOLE
Un delicatessen para los momentos más personales. Cocina mediterránea preparada con mucho amor por la pareja Kaan y Aylin, con larga experiencia en restaurantes franceses. El comedor es una galería acristalada con estupendas vistas a la ciudad antigua y a las Islas Príncipe.
Boğazkesen Cad. Tomtom Kaptan Sok., 18. Beyoğlu
Tel. +90 212 292 4467
info@nicole.com.tr

ZÜBEYIR OCAKBAŞI
Intimista local y muy popular en el que los asados son la estrella. Carnes de calidad y deliciosos kebabs que se pueden devorar en torno a las parrillas.
Bekar Sokak, 28
Tel. +90 212 293 3951

DELICIAS TURCAS

El grupo que llegue a Estambul por motivos profesionales necesitará de una buena dosis de tiempo libre para disfrutar mínimamente de los numerosos atractivos que ofrece la ciudad. El clásico es el crucero por el Bósforo o el Cuerno de Oro, pero tampoco es fácil sustraerse al delirio de las compras o a la sorprendentemente animada vida nocturna.

Imposible moverse por la zona moderna de Estambul sin caer en un momento u otro en la Avenida de İstiklal, esa larga arteria peatonal que es un reguero ininterrumpido de gente durante todo el día y durante casi toda la noche. Vorágine de compras de grandes marcas internacionales, pero también de excelentes productos locales, como los vaqueros Mavi. Entre parada y parada, es difícil sustraerse a unas delicias turcas (lokum), siempre tan primorosamente colocadas tras las vitrinas, los cremosísimos helados de Mado o unos mejillones rellenos acompañados de una cerveza Efes. Obligado también dar una vuelta por Balik Pazri, con sus coloristas puestos de verduras y pescado, o colarse por la deliciosa galería rococó que forma el Pasaje de las Flores (Çiçek Pasaji).

Un tranvía, que aquí llaman “nostálgico”, hace parte del recorrido sin dejar de tocar la campana —siempre a punto de atropellar a algún viandante y siempre con algún que otro chaval colgando del pescante— hasta la entrada del funicular, una alternativa recomendable sobre todo para subir desde el puente Gálata, pasando bajo los cimientos de la icónica torre del mismo nombre.

A orillas del Cuerno de Oro, bajo las eternas cañas de los pescadores, decenas de barcos parten para hacer cruceros, tanto por esta lengua de mar como por el estrecho del Bósforo, pasando ante imponentes palacios otomanos y el rico patrimonio de las casas de madera tradicionales. Al otro lado, también se puede hacer parada en la parte asiática, más residencial, limpia y ordenada, sin los condicionantes urbanísticos de siglos de civilizaciones que han poblado el viejo Estambul.

Justo en la línea divisoria entre los dos continentes emerge el pequeño islote de Galatasaray, propiedad del famoso club de fútbol, pero abierto al público y con muchos atractivos para grupos. Aquí hay estupendos restaurantes (entre ellos el mejor japonés de la ciudad, según dicen, y una sucursal del conocido 360º), dos piscinas, sitios de copas y espacios para eventos, como Suada Club, un excelente emplazamiento para una cena de gala seguida de una buena fiesta. Un ferry gratuito comunica el lugar con tierra firme cada cinco o diez minutos. El que quiera prolongar la noche tiene bien cerca el barrio de Ortaköy, donde se encuentran algunos de los mejores clubes nocturnos al aire libre. Es muy habitual ver en el Sortie o en el espectacular Reina a los potentados de los pujantes emiratos de Oriente Medio gastándose barbaridades que en su bolsillo apenas duelen.

Siguiendo con el ambiente nocturno, que en Estambul resulta explosivo —hasta hay una edición estambulí de la guía Time Out— las opciones son de lo más variadas, desde tomar algo en plan tranquilo en las numerosas azoteas (con vistas, claro), hasta disfrutar de la escena rockera, especialmente en un templo como el Babylon, que está a punto de abrir otra sede. En los costados de Istiklal, la música en vivo en muchos garitos está al pie de la calle. Con un sabor más local, nada como un narguile a media tarde o después de cenar en la zona de Tophane, detrás de la mezquita Nusretiye, o una copa de raki en cualquier momento. Y, cómo no, los apreciados tés y cafés turcos. Tampoco hay por qué rechazar, llegado el caso, una cena con espectáculo, como la que ofrece Sultana’s, donde la danza de vientre alcanza un clímax turbador.

Si lo que se busca es huir del mundanal ruido, vale la pena programar una excursión a las Islas Príncipe, un oasis de naturaleza a poco más de una hora de navegación, en el mar de Mármara, donde bañarse en la playa y comer buen pescado. Los vehículos de motor están prohibidos, así que la única manera de explorarlas es a pie, en bici o en caballo.

Tan relajante o más es asistir a una representación de derviches giróvagos, un camino iniciático del Islam desarrollado especialmente en Turquía por esos bailarines místicos que dan vueltas y vueltas sin parar. En Hodjapasha, unos baños con cinco siglos de antigüedad restaurados hace siete años, auténticos alumnos mevlevíes expresan su éxtasis ritual ante los embobados espectadores. Aquí se puede contratar un cóctel bajo la cúpula seguido de una actuación privada.

Y para cerrar el capítulo del ocio, una novedad destacable. El Nobel de Literatura Orhan Pamuk ha puesto en pie hace poco el delicioso Museo de la Inocencia, inspirado en su obra homónima, el mejor exponente que se puede encontrar de lo que podría describirse como “el valor nostálgico del recuerdo”. El Manifiesto de los Museos Modestos recibe al visitante para sumergirle en todos esos objetos cotidianos que construyen la mejor crónica de las vivencias personales.