EL FUTURO DEL TRANSPORTE URBANO. Inteligencia en movimiento

EL FUTURO DEL TRANSPORTE URBANO. Inteligencia en movimiento

A. G.

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El futuro del transporte urbano

Con la población mundial rumbo a una estructura demográfica basada en megaciudades, son muchas las voces que alertan de que ese crecimiento repercutirá gravemente en nuestra calidad de vida si no se dirige de forma inteligente. Aspectos como la sostenibilidad, el ahorro o la racionalización de los espacios centran el debate. Pero no hay que olvidar que gran parte de estos ambiciosos conceptos solo son posibles con una adecuada gestión de la movilidad. ¿Hacia dónde vamos?

El futuro ideal de la movilidad de las grandes ciudades «es encontrar la fórmula perfecta que combine la comodidad, la eficacia y, sobre todo, la sostenibilidad». Eso piensan al menos en mytaxi, una de las nuevas compañías intermediarias que ejemplifican la fusión entre tecnología y transporte que ha surgido en los últimos años, y que, junto con las que forman parte de la denominada economía colaborativa, han cambiado las reglas del juego.

«Vemos el futuro de la movilidad bajo un mix de transportes que puedan cubrir diferentes necesidades en diferentes momentos. Una conjugación inteligente de taxis, bicis, trenes, buses, etc., capaces de convivir para mejorar los desplazamientos urbanos en todos los sentidos», explican. Inteligencia, convivencia, necesidad… y mejora. No hay que olvidar que la movilidad es uno de los pilares del nuevo El Dorado social: la Smart City, la ciudad inteligente.

«En las horas punta, las grandes ciudades sufren enormes congestiones de tráfico y una gran contaminación provocada por miles de vehículos. Imaginemos cómo será el futuro si no actuamos», afirma José María Cánovas del Castillo, fundador de Taksee!, otra compañías especializada en gestión de taxis.

Pero el problema no es solo la presión circulatoria y su consecuente efecto medioambiental, sino su completo desequilibrio. Una vez pasada la hora punta, miles de vehículos privados y taxis están infrautilizados. En el caso de los primeros, el 95 % del tiempo se encuentran parados. Durante ese periodo, si uno es afortunado en conseguir una plaza de aparcamiento, paga elevados costes, además del precio de los seguros, el combustible, las reparaciones, etc. Por su parte, los taxis solo están ocupados el 50 % del tiempo. «Es indudable que algo hay que hacer, porque cada día miles de vehículos son fabricados, vendidos y puestos en circulación en todo el mundo alimentando la bestia», añade Cánovas del Castillo.

Un centro «blindado»

Londres, París, Madrid, Barcelona… Las grandes capitales europeas están dando pasos hacia una movilidad ordenada y sostenible: prohibición de circulación de vehículos viejos y, por tanto, más contaminantes; incentivación del uso del transporte público y la bicicleta; encarecimiento del aparcamiento para disuadir de entrar en el centro con el vehículo propio; apuesta (lenta, eso sí), por los vehículos eléctricos… Hay numerosas propuestas. «Los edificios de oficinas que se están construyendo en el centro de Londres hoy en día tienen un número de plazas de aparcamiento muy limitado, ya que las autoridades quiere desincentivar al máximo el uso del transporte privado, estableciendo adicionalmente elevados peajes de acceso al centro de la ciudad», explican desde Taksee!

En España todavía vamos por detrás, y este retraso tiene que ver mucho, además de la falta de implicación real de instituciones y ciudadanos, con un concepto de propiedad muy arraigado (mi coche, mi casa…). Los servicios públicos de bicicletas, el car-sharing, los taxis, el transporte público en general, el rent-a-car o el transporte colaborativo suponen una alternativa real de circulación a la mera prohibición.

La apuesta decisiva por la movilidad pasa por decisiones legislativas. Pero lentitud de este tipo de iniciativas, la falta de consenso político o la disparidad de competencias entre Administraciones hacen que, hoy por hoy, la normativa no esté a la altura de un proceso imparable y sumamente veloz, ya se trate de tomar medidas concretas o de regular nuevos sectores productivos.

«Todo lo que tiene que ver con la legislación sabemos que también requiere tiempo; muchas veces va por detrás del mercado, pero también es cierto que la movilidad es un sector clave. En nuestra opinión, nunca debería dejarse únicamente en manos de la empresa privada», afirma Elena Peyró, CEO de JoinUp, compañía especializada en servicios de taxi para empresas y que, por tanto, conoce bien el problema de la falta de regulación que vive este sector en lo que respecta a la economía colaborativa.

Cuestión ambiental

Precisamente Peyró incide en otra de las claves de la movilidad: el respecto al medioambiente. Para ella, la sociedad está ya bastante concienciada, pero si todos los agentes no se logran «alinear lo antes posible, y toman decisiones que se traduzcan en acciones reales, será muy difícil avanzar a la velocidad debida». La paradoja es que el medioambiente no puede esperar... El siglo xxi es el siglo de las ciudades, y el mayor desafío es trabajar en la buena salud de estas, para encontrar soluciones que mimen el ecosistema urbano.

«El principal reto en las ciudades es cambiar del modelo que tenemos ahora, en el que el coche particular es fundamental, a uno en el que los ciudadanos puedan desplazarse de una forma mucho más sostenible y amable con el medioambiente», explica Bruno Piñeiro, director de Ventas de mytaxi para España, quien considera que el futuro pasa por «soluciones de movilidad progresivamente autónomas que atiendan las necesidades del ciudadano e, inmediatamente después, a otro y a otro sucesivamente».

Pero esto necesita de un uso más inteligente de los recursos, mucho más allá de un simple cambio de combustible fósil a eléctrico. «Estaríamos desaprovechando una gran oportunidad si para transportar a 100 personas pasamos de tener 100 vehículos de combustión a 100 vehículos eléctricos… y, en un futuro, a 100 vehículos autónomos. La clave es nuestro mix de políticas corporativas y herramientas para incrementar la ocupación y el grado de uso de los vehículos que circulen, ya sean transporte público, car-sharing público o corporativo, taxis, shuttle on-demand o en el futuro coches autónomos», detalla Cánovas del Castillo. En definitiva, se trata de una gestión global, sostenible, inteligente… y tecnológica.

La ayuda técnica

Aplicaciones de gestión de flotas corporativas o de taxis, comunicación entre vehículos, reservas y formas de pago en el móvil, conexión con otros dispositivos, internet de la cosas… Y todo hasta llegar al referente futuro del que todos hablan y en el que muchos ya trabajan: el coche autónomo. La movilidad del futuro necesita de una férrea alianza con la tecnología, especialmente con la móvil, que aporta el dinamismo, la flexibilidad y la libertad que requieren los nuevos tiempos.

«El 50 % de la movilidad corporativa urbana es una necesidad inmediata que no puede someterse a las rigidices de los procesos de aprobación que frecuentemente encontramos en los viajes de empresa —explica el socio fundador de Taksee!—. Por este motivo, siempre hemos apostado por la tecnología móvil frente a la integración de nuestra solución en herramientas de autorreserva. El diseño de una buena solución de tecnología móvil debe tener al cliente en el centro, facilitándole la reserva con pocos clics, yendo mucho más allá de la mera geolocalización».

Esto es muy positivo para el usuario «de a pie» pero, ¿qué pasa con el viajero de negocios y el travel manager que coordina su movilidad? Sin duda, el taxi es el campo de batalla en el corazón de las ciudades… y en los presupuestos de viajes. «Hasta hace poco el taxi no era considerado como un gasto de viaje, sino como otro gasto operativo más. Sin embargo, los travel managers ya lo conciben como una partida dentro del presupuesto de viajes corporativos y se ven obligados a optimizar tiempo y recursos», señala Bruno Piñeiro, de mytaxi, quien calcula que subir y bajar la bandera se lleva entre un 10 % y un 15 % del presupuesto global de viajes de las empresas.

Precisamente, desde hace unos pocos años, compañías como mytaxi, Taksee! o JoinUp han supuesto un mayor control en la gestión de esos desplazamientos urbanos en taxi, tradicionalmente un «agujero» en las cuentas de resultados. Con la posibilidad actual de pagar desde las aplicaciones, generar facturas y llevas una exhaustiva contabilidad, el travel manager gana además un tiempo que puede dedicar a otras tareas que requieren su atención… «La gran mayoría de las empresas que buscan soluciones de transporte saben muy bien lo que quieren. No vale una app para pedir taxi o chófer: quieren un servicio de transporte adaptado a las nuevas tecnologías, pero que de verdad ofrezca garantía de calidad, y que resuelva sus necesidades específicas», razona Elena Peyró.

Y por supuesto, como «profesionales al pie del cañón», los travel managers tienen mucho que enseñar a los desarrolladores de soluciones, aportando sus necesidades específicas y experiencias. «Mi relación con los gestores de viajes es enriquecedora. En cada reunión que tengo con ellos surgen nuevas ideas para ir perfeccionando la solución», reconoce José María Cánovas. Juntos —aplicaciones intermediarias y travel managers— pueden lograr que el viajero gane en tranquilidad, rapidez y comodidad, por ejemplo, no teniendo que adelantar el pago y evitando las notas de gasto.

La economía colaborativa

No es lo mismo colaborar que intermediar. La realidad de la movilidad es que en unos pocos años han surgido a la vez (y con un fuerte componente tecnológico) plataformas o servicios de economía colaborativa, como es el caso de BlaBlacar o Uber, entre otros, junto con empresas que ofrecen nuevas formas de intermediación. Es el caso de las mencionadas Taksee!, mytaxi o JoinUp, y también del de Cabify, una solución para realizar desplazamientos en vehículos privados con conductor que está teniendo una gran demanda entre las empresas.

No en vano, las del primer tipo se encuentran en pleno proceso de regulación (y de conflictividad jurídica, precisamente por esa ausencia de normativa), mientras que las segundas no son más (ni menos) que una evolución de la intermediación tradicional. ¿Pueden coexistir?

«Compartir y colaborar han venido para quedarse. Tiene todo el sentido para hacer un uso eficiente de los recursos y, en general, creo que es positivo para la sociedad. La propiedad va a ser complementada, o sustituida en algunos casos, por bienes o servicios que disfrutas pero que son de otros, como las oficinas, los coches o los apartamentos», explica el fundador de Taksee!, quien no obstante incide en que «evidentemente, la economía colaborativa tiene que ser regulada», y pone el ejemplo de los problemas que puede provocar el alquiler descontrolado de apartamentos turísticos. «El mercado ha evolucionado en busca de modelos centrados en cubrir necesidades específicas. En este sentido, la economía colaborativa puede ofrecer ventajas a la sociedad siempre y cuando entienda y respete los marcos legales para evitar el efecto contrario», afirma Bruno Piñeiro.

Hasta que las aguas vuelvan a su cauce, lo cierto es que se ha generado un clima de gran conflictividad con el gremio del taxi, especialmente por el servicio de Uber, que además ha perdido varias batallas judiciales en algunas de las ciudades en las que está presente. Por esta razón, ha tratado de reinventarse para acercarse al modelo de Cabify, que es atendido por auténticos profesionales, e incluso explorado otras vías, como el reparto de comida a domicilio, aunque sus resultados no han sido los esperados.

Si Uber o Cabify tienen enfrente al sector del taxi, BlaBlaCar se topa con el del autobús interurbano. Las primeras demandas en esta guerra se han saldado hasta ahora con victoria para la startup. Porque, según sus responsables, lo que proponen es organizar lo que se ha hecho toda la vida entre amigos: compartir coche y los gastos de combustible. Si es así, en realidad no todo parece tan novedoso y revolucionario en la movilidad. Lo es la manera en que accedemos a ella, en este caso a través del smartphone. Nuevas herramientas para viejos usos.