IBIZA. Siempre abierta

IBIZA. Siempre abierta

Noemí Polls

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Ibiza no cierra. A pesar de que es en verano cuando la isla hace pleno, fuera de temporada el paisaje rural se muestra con su mejor autenticidad. Es la otra cara del destino, sin bullicio, con todo el relax que ofrece también la más grande de las pitiusas. Cada vez son más los hoteles y locales de ocio que alargan sus actividades durante todo el año. De octubre a mayo, Ibiza es otro viaje, otra vida, otra sensación.

Con una extensión de 572 km2, Ibiza constituye un pequeño gran paraíso que se extiende desde la costa y hacia el interior en un relieve suave. El Parque Natural de Ses Salines, la Reserva Natural de Es Vedrà, Es Vedranell y los Islotes de Poniente, los acantilados y bosques de Es Amunts, las aguas turquesas del sin fin de calas que la rodean, los bosques de pinos que proporcionan un manto verde constante a lo largo de todo el año… Todo ello forma parte de este paisaje que en invierno disfruta también de un clima cálido y que se convierte en destino idílico para respirar la esencia mediterránea.

Los amantes de la organic food, del relax, de los hoteles rurales, de los entornos zen o de los spas tienen en Ibiza su pequeño paraíso, especialmente asequible pasado el verano y con un plus de tranquilidad. Es la otra cara de la afamada noche ibicenca, un clásico de los amantes de la isla más joven y desmelenada.

Dalt Vila

El monumento más importante de Ibiza son las murallas renacentistas de Dalt Vila, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999. Hay hasta un total de cinco puertas para acceder al recinto, aunque la principal y más admirada es el Portal de Ses Taules, justo al lado del Mercat Vell. Una vez franqueada se encuentra el Patio de Armas, donde estuvo el primer mercadillo hippie de la isla, y tras él, la bonita Plaza de Vila. Todos los caminos conducen inequívocamente hasta la catedral, construida en el siglo XIII sobre la antigua mezquita de Yebisah bajo la influencia de los estilos gótico-catalán y barroco.

El área delimitada como patrimonio mundial incluye también los barrios extramuros de la Marina, Sa Penya y Es Soto, donde han convivido aventureros y artistas de medio mundo a lo largo de los siglos. El organismo de la ONU también ha preservado los cercanos y antiguos huertos de Ses Feixes, el poblado fenicio de Sa Caleta y la necrópolis de Puig des Molins, que pueden visitarse en cualquier época del año.

Además, existe un importante patrimonio histórico y cultural diseminado por el territorio, como los montes sagrados de Santa Eulària y Sant Miquel, las iglesias-fortaleza repartidas por numerosos los municipios, las singulares torres de defensa o los pozos y albercas de origen árabe, declarados Bien de Interés Cultural.

Naturaleza y aventura

Los recursos naturales y culturales existentes han hecho que, inevitablemente, la isla se haya especializado en los deportes de aventura, aunque también es fantástica para actividades más suaves, como descubrir los fondos submarinos, recorrer las áreas naturales a caballo, disfrutar de paseos organizados bajo la luna llena, observar los acantilados desde el mar a bordo de un kayac o un velero, participar en rutas de mountain bike o disfrutar de las calas más recónditas y solitarias practicando senderismo.

Las Dalias es el mercado hippie de Ibiza más conocido por tradición y veteranía. En él se respira la esencia de este movimiento fruto de la revolución ideológica de los años 60 y que atrajo a una gran cantidad de pensadores, artistas y creadores en general, que traían consigo una corriente de arte original y una manera de pensar que marcó el carácter de los ibicencos.

La llegada de “esos peludos” que vestían raro, vivían en comunas donde compartían la vida y daban poca importancia a lo material, produjo grandes cambios en las costumbres de la isla y en su economía. Los turistas, curiosos por saber qué eran los hippies, empezaron a venir cada vez más y convirtieron los lugares donde éstos se concentraban en puntos de visita obligada.

La isla de Ibiza fue su musa para muchas de sus creaciones artísticas, que vendían en mercadillos. De ahí que hoy se puedan encontrar estos puntos de venta tradicional en la mayoría de pueblos. Una visita a cualquiera de ellos hará inevitable caer en la tentación del shopping, aunque, eso sí, algo más genuino que el de los centros comerciales.

Alojamientos diferentes

El hotel rural Can Lluc es una buena opción para saborear a placer el corazón de la Ibiza rural. Rodeado de frondosos bosques de pinos, se encuentra en un entorno de gran valor ecológico y de una naturaleza exuberante, donde la calma se respira en cualquier rincón. Además, está situado a pocos kilómetros de las calas ibicencas y a tan solo 10 km de la cosmopolita ciudad de Ibiza. Aquí, la ruralidad no está reñida la TV de plasma, el albornoz y las zapatillas, las sabanas de algodón o la conexión wi-fi de alta velocidad, sin olvidar la piscina, el jacuzzi y las salas de eventos. Ojo al detalle de las villas: varias de ellas cuentan con jardín privado.

Otro alojamiento primoroso es Atzaró, todo un oasis invadido por aromas de azahar, romero y lavanda, situado en el corazón de Ibiza y rodeado por un vergel de naranjos. Cada habitación de este centro agroturismo, hotel y spa es un mundo. Además, el complejo dispone de espacios para eventos con capacidad de hasta 6.000 invitados. Es de justicia mencionar también el restaurante La Veranda y su cocina saludable y ligera, elaborada con productos frescos de temporada recogidos directamente del huerto.

Pero sin duda uno de los referentes del wellness es el hotel Aguas de Ibiza. Revival se ha unido con Clarins para crear un templo del cuidado personal en la isla. Ambas firmas comparten una visión de respeto e inspiración en la naturaleza para ofrecer los mejores productos y tratamientos. En total, más de 1.500 m² dedicados a uno mismo en un espacio de indudable sabor mediterráneo, sofisticado a la vez que íntimo.

Isla de sabores

Para redondear un buen incentivo, Ibiza tampoco se queda coja en propuestas gastronómicas de altura. Por ejemplo, la que representa el restaurante Aubergine. Situado entre Santa Gertrudis y San Miguel, ofrece lo mejor de la cocina saludable mediterránea, con una amplia carta de zumos, además de una tienda de productos locales y una acogedora terraza. El entorno rural chic proporciona el ambiente perfecto para disfrutar de la quietud y el ritmo lento del norte de la isla.

En otro estilo diferente, el restaurante-lounge del hotel Pachá, con su llamativa arquitectura vanguardista en pleno Paseo Marítimo de la ciudad de Ibiza, ofrece gastronomía avanzada que se refleja en una extensa carta de delicatessen, en sus creaciones de sushi y en especialidades típicamente ibicencas. Para volver con buen sabor de boca.

Más info
Fundación Promoción Turística de Ibiza
Tel. 971 195 63
www.ibiza.travel