LISBOA. Nadie puede pararla

LISBOA. Nadie puede pararla

Fernando Sagaseta

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Por mucho que los destinos lo repitan a veces como una letanía, en el caso de Lisboa no hay más que acercarse para comprobarlo. La capital portuguesa se reinventa en cada visita. Sus ganas de agradar al turista, tanto de ocio como de negocio, se notan en su espíritu emprendedor, con nuevos sitios para eventos y reuniones, en el mimo con el que cuida su patrimonio y en el mantenimiento de altos niveles de calidad en la restauración y en los servicios. Volver es otra puerta abierta a la sorpresa.

 

La zona del Parque de las Naciones, aunque construida hace ya tiempo para la Exposición Universal de 1998, sigue siendo la cara más vanguardista de la ciudad. Al contrario que otras experiencias similares —Sevilla y su Isla de la Cartuja, sin ir más lejos—, aquí la progresión ha sido siempre hacia más y mejor en términos de vida empresarial, residencial y de ocio. Un éxito.

El punto de referencia es el hotel Myriad by Sana, una atalaya de lujo reconvertida hace apenas cinco años en un establecimiento de la máxima categoría, de los mejores que se pueden encontrar en toda la ciudad, con su icónica fisonomía junto al Tajo. Todo muy marinero, con esas lámparas en forma de medusa, inundado de luz por los cuatro costados para hacer brillar aún más el rojo y negro de sus interiores.

El flagship del grupo Sana ofrece 186 habitaciones en 21 plantas y puede presumir de espacios realmente soberbios, desde el espectacular atrio de acero y cristal que se prolonga hasta arriba del todo, hasta el salón Leónidas, con sus impresionantes vistas, y el no menos panorámico spa del piso 23. Para apreciar todos los detalles del atardecer, las habitaciones colocan la mesa de despacho detrás la cama, enfrentada directamente al gran ventanal.

Hablando de novedades, poco queda ya para la apertura del restaurante 50 Segundos que el chef Martín Berasategui, el de las ocho estrellas Michelin, abrirá a finales de este año o principios del que viene. El nombre viene del tiempo que tarda el ascensor en recorrer los 120 metros de altura. Todo muy exclusivo, hasta por el aforo: apenas habrá sitio para 20 comensales.

Una de las grandes ventajas del establecimiento es su conexión directa con el centro de convenciones, el Myriad Crystal Center, a través de una galería elevada. Cuenta con 7 salas de reuniones dispuestas en dos pisos, todas con luz natural y salidas al exterior ideales para los coffee breaks cuando hace buen tiempo, además de las 5 boardrooms, el vestíbulo y la terraza. En total, 1.690 m2 para eventos corporativos.

Las facilidades para el turismo MICE en esta zona no acaban aquí. El Pabellón Atlántico —ahora renombrado como MEO Arena, en honor al operador de telefonía patrocinador del recinto— es un clásico. También lo son el Teatro Camões y el Casino, sin olvidar, cómo no, el Oceanário, que últimamente está de enhorabuena: acaba de ser elegido por segunda vez mejor acuario del mundo en los premios Travelers’ Choice 2017 de Tripadvisor. Al margen de su excelente exposición permanente, que recrea con gran realismo los distintos ecosistemas marinos del planeta, el lugar es para tenerlo en cuenta —fuera del horario de visitas— a la hora de celebrar cócteles y cenas diferentes entre gigantescas peceras y, de manera un poco más formal, encuentros profesionales en su auditorio de 117 plazas.

ESTRENOS EN EL PARQUE

Una de las grandes sorpresas de la temporada es la reapertura del Pabellón Carlos Lopes, nombrado así en honor del ganador de la maratón en las Olimpiadas de Los Ángeles de 1984, todo un héroe nacional. El atractivo edificio, que se alza sobre una ligera elevación del terreno junto al céntrico parque Eduardo VII, fue construido para la Exposición Internacional de Río de Janeiro de 1922.

Desmontado y trasladado a Portugal piedra a piedra y azulejo a azulejo, acogió durante décadas eventos culturales, artísticos y deportivos. Después de casi 15 años cerrado, una importante rehabilitación le ha puesto de nuevo en el mercado desde el pasado mes de febrero, gracias a una cesión del Ayuntamiento a Turismo de Lisboa, que es quien lo gestiona.

Sus 1.900 m2 dan para cualquier tipo de evento de medianas proporciones. Destaca sobre todo el estupendo salón de arriba, con su bello balcón. Los exteriores también se pueden alquilar. Para los que piensen en el alojamiento, en los alrededores se encuentran algunos pesos pesados de la hotelería, como el Ritz, el Intercontinental o el Epic Sana.

Aunque no tan reciente, la remodelación de Estufa Fria, el complejo de invernaderos que está justo al otro lado del parque, ha servido también para elevar la popularidad de otro de los espacios singulares de la capital. Este vergel, con su estanque incluido, puede acoger cócteles de hasta 1.500 invitados o banquetes de 600 comensales en el pabellón Nave, donde impera el show cooking servido por la prestigiosa Casa do Marquês. Tanto dentro como fuera, los eventos se lucen que da gusto. La iluminación nocturna es de cuento y los montajes personalizados son un reto para la imaginación. Además, se encargan absolutamente de todo, incluso de la animación.

CAMINO DE BELEM

En la zona de Belem la gran novedad es el MAAT, o sea, el Museo del Arte, la Arquitectura y la Tecnología, de la Fundación EDP, un vanguardista edificio de la británica Amanda Levete, inaugurado en octubre del año pasado. El mirador ondulado que forma su cubierta superior se ha convertido en toda una atracción, con una panorámica espléndida sobre el río y el puente 25 de Abril. En su interior consta de varias salas con exposiciones temporales sobre las últimas tendencias que, de momento, no están abiertas a la celebración de eventos.

Para eso está el Museo de la Electricidad, la antigua central termoeléctrica del Tajo, construida en 1908, que estuvo operando hasta los años 70. Ahora forma parte del MAAT y es un venue de lo más sugerente, desde luego, un magnífico representante de la arquitectura industrial de principios del s. XX, con su característica estructura metálica, su fachada de ladrillo y sus toques art nouveau. Además de las exposiciones, ofrece espacios únicos para eventos entre tuberías, pasarelas y turbinas. La más espectacular es la sala de generadores, de 270 m2, que incluso se ponen de marcha de vez en cuando por cuestiones de mantenimiento. El año que viene está previsto abrir un restaurante.

No lejos, frente al Monumento de los Descubridores, se encuentra Espelho d’Agua, relativamente reciente. Este restaurante abrió sus puertas en 2015 tras remodelar un edificio construido en los años 40 para dar visibilidad a manifestaciones culturales de las colonias portuguesas. Ahora, además de su propuesta gastronómica, ofrece espacios para eventos, exposiciones y espectáculos. Su terraza y el estanque infinity son muy especiales.

A partir de aquí no es mala opción, si la jornada de trabajo lo permite, darse una vuelta por la zona con los vehículos eléctricos de Wizz Bikes. Tienen modelos para todos los gustos, desde patinetes, hasta segways, bicicletas de distintos tamaños, scooters, vespas y coches abiertos de cuatro plazas, parecidos a los que se emplean en el golf. Si el grupo es numeroso, no pasa nada. Su flota supera las 250 unidades.

De camino al centro, sin perder el Tajo de vista, la auténtica sensación desde hace unos meses es Sud Lisboa. En dos naves exquisitamente reformadas y conectadas entre sí por una pasarela, el grupo Sana ha montado un lugar donde todo es posible: desayunar, trabajar, comer, reunirse, cenar, tomar una copa en la terraza, organizar una presentación, bañarse en la piscina, bailar en las sesiones de Dj…

Y no es para menos: está abierto todos los días de 8 de la mañana a 2 de la madrugada. El Hall de Eventos está concebido al detalle, con toda la tecnología necesaria para personalizar cualquier encuentro desde un iPad y con un mobiliario muy versátil. Abajo caben 500 personas sentadas y, contando con la parte de arriba y su terraza, se pueden ofrecer cócteles con 1.500 invitados. Una pasada.

NOVEDADES HOTELERAS

Para disfrutar de todos estos encantos, siempre hay que partir de un buen centro de operaciones. La capital portuguesa puede presumir de una planta hotelera de calidad en constante renovación. El último en llegar ha sido el nuevo Iberostar Lisboa, muy cerquita de la plaza del Marqués de Pombal, en plena Baixa, un excelente establecimiento de 166 habitaciones que integra también un spa y un centro de wellness, además de dos piscinas, una exterior y otra interior. Sus espacios para reuniones están compuestos por 7 salones y un ballroom de 400 m2. Una opción ideal para viajeros de negocios.

Otra novedad es el CR7, en referencia a ya sabemos quién, que ha puesto su marca al servicio del grupo Pestana. Desde luego, su situación es inmejorable, a tres pasos de la Plaza del Comercio. Por lo demás, el establecimiento tiene un aire juvenil y desenfadado que puede chocar a algunos, y que se deja notar, entre otras cosas, en su apuesta por los colores fuertes. El personal llama la atención por su cercanía y amabilidad. Y, por si alguien aún no conoce la trayectoria de Cristiano Ronaldo, ahí tiene el vídeo que se proyecta en el ascensor para refrescar la memoria.

En el apartado de renovaciones hay que destacar la del Lutécia, que ahora añade el apellido de Smart Design Hotel desde la remodelación de 2014. Su aire vintage –a fin de cuentas fue construido en 1969tiene su aquel. Cada planta es distinta: Disco, Kiss Me, Funky… Cuenta también con una Executive y cinco salas con luz natural para reuniones de hasta 149 personas. Otra ventaja: el 80% de sus 175 habitaciones tiene terraza, algo inusual en la ciudad.

El Marriott, que sigue siendo el más grande de Lisboa, con sus 577 habitaciones, también está realizando renovaciones parciales desde hace tres años. La mitad de ellas ya lucen su nuevo aspecto, que no renuncia al clasicismo marca de la casa puesto al día, eso sí. El jardín y la piscina son un lujo y los espacios para eventos también están pensados a lo grande, con su 16 salas, la mayor de ellas para 350 personas en montaje de teatro.

Quizá cabría comentar más noticias, como el hecho de que el Tívoli Lisboa, sí, el de la mismísima Avenida LIberdade, se haya lavado la cara completamente, que el mercado Time Out esté funcionando como un tiro o que la Torreão Nascente se vaya a convertir en un restaurante, pero tampoco es cuestión de quemar todos los cartuchos. La promesa siempre es la de volver, no sin antes disfrutar de una deliciosa velada de fado en un clásico genuino como María da Mouraria. Condenada saudade