LYON. Placeres de bon vivant

LYON. Placeres de bon vivant

Miriam González

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Hace algo más de 2.000 años los romanos ya descubrieron que en Lyon se sabe disfrutar de la vida. Tuvieron buen ojo, porque se ha convertido en una capital gastronómica de primer orden en la que brillan las estrellas Michelin. También es una delicia pasear por el casco viejo, patrimonio de la Unesco, de una ciudad que vio nacer al guiñol, al cine y al escritor del Principito. Buena comida, buena bebida, buena cultura… Lyon cuenta con todos los ingredientes para que las reuniones y eventos brillen con luz propia.

Sin la presión de ser la capital del país y todo lo que ello supone en cuanto a tamaño, riadas de turistas o los temidísimos atascos. Con el encanto de una ciudad en la que apetece pasear por sus calles y pararse a tomar unas ostras a buen precio en el mercado. Así es Lyon, situada en la región de Rhône-Alpes, la segunda más poblada de Francia después de Île-de-France, con el Ródano y el Saona como guardaespaldas y las colinas de Fourvière y de la Croix-Rousse como atalayas.

De los tiempos en los que fue capital de la Galia y más tarde un importante centro de negocios del siglo XVIII, Lyon ha heredado una conectividad excepcional. A París se llega en poco más de hora y media en TGV y al resto de Europa, con vuelos directos a la mayor parte de capitales. Varias compañías —Air Nostrum, Iberia Exprés, Transavia, Easyjet y Vueling— operan vuelos diarios directos desde Madrid, Barcelona y otras ciudades.

Como curiosidad, no deja de ser un tanto paradójico que el aeropuerto de Lyon —diseñado por Santiago Calatrava— esté dedicado a un aviador que se perdió en el mar. Pero la cosa cambia si este personaje se apellida Saint-Exupéry y si, además, escribió la novela francesa más leída de todos los tiempos.

MUCHA SEDA QUE CORTAR

El Principito dio mucha fama a su autor y cientos de frases célebres para forrar carpetas, pero ya mucho antes Lyon se había posicionado en el mapa gracias a un producto más ostentoso: la seda. Desde el siglo XVI, la ciudad se convirtió en capital mundial de este tejido, gracias a un decreto del rey  Francisco I que le otorgó el monopolio de su producción.

Para hacerse una idea del ambiente de esta época hay que darse un paseo por el Vieux Lyon, construido por comerciantes italianos en tiempos del Renacimiento en la ribera del Saona. Los edificios aún conservan los aires renacentistas en estrechas calles comunicadas por una red de traboulés (pasadizos) que se han rehabilitado para delicia de los turistas y castigo de los vecinos que aún viven ahí.

Es un barrio para pasear sin prisa y con muchas pausas, tantas como se pueda. Para degustar algún crepe en los puestos callejeros, dejarse tentar por una copa de vino del Beaujolais o de Côtes du Rhone y, después de unas cuantas más, establecer semejanzas y diferencias entre Nôtre Dame de París y la iglesia de Saint Jean. Y puede ser engañoso, porque casualidad o no, desde la plaza en la que está enclavada se ve una antena que bien podría ser la Torre Eiffel.

Los canuts —trabajadores de la seda— dejarían el Vieux Lyon para instalarse más tarde en la Croix-Rousse, en casas especialmente construidas para ellos con techos altos para los telares. Aún hoy se pueden visitar tres talleres donde se teje de forma artesanal casi tal cual lo hacían los maestros de antaño y Lyon sigue siendo un centro de referencia de este preciado producto.

Y cómo no, la seda llevó bastante prosperidad y relumbrón a la ciudad que se deja ver en los edificios de tono pastel que bordean los ríos. Y sobre todo en el centro de Presqu’île, algo así como una península en medio de la ciudad, con la Plaza Bellecour como máximo exponente, donde nació Saint-Exupéry.

LA CIUDAD DE LA LUZ

Pero en este distrito hay otros tantos edificios de esos que hacen del “ohhh” una constante: el Ayuntamiento, elmuseo de Bellas Artes —el segundo más visitado en Francia tras el Louvre— o la Ópera. Y también el Palacio del Comercio y la Bolsa. Se inauguró en tiempos de Napoleón III y es una oda de la época al progreso y riqueza de la ciudad. Además, cuenta con 1.700 m² para albergar convenciones, congresos o reuniones de cualquier tipo.

No hace falta echarle mucha imaginación para fantasear con una cena de gala en la magnífica Salle de la Corbeille, la joyita de este edificio donde caben hasta 450 personas bajo los impresionantes frescos de sus techos. Como si se tratara de un museo-palacete, el resto de salas no desmerecen, más pequeñas pero no más austeras. La dedicada a los hermanos Lumière puede albergar hasta 110 personas, con los ilustres de la ciudad como testigos colgando de la pared.

Porque si hay algo que recuerdan en Lyon es que fue el escenario donde se dijo por primera vez eso de “Luces, cámara…acción” —o algo parecido— de la mano de los hermanos Lumière, que no sólo se dedicaron a hacer sus pinitos en el cine y en la fotografía. Debían ser un tanto inquietos y parte de sus inventos o proyectos se pueden ver en el Instituto Lumière.

Estos hermanos tan emprendedores tenían un apellido muy asociado con el Lyon de hoy. Porque, aunque París se haya llevado el nombre, la capital del Ródano no se queda en la zaga. De hecho, en diciembre se celebra la Fiesta de la Luz, en la que toda la ciudad participa encendiendo velas en las ventanas. Aunque sea espectacular, no hace falta ceñirse a ese mes, ya que desde 1989, cada noche y durante todo el año, 150 emblemáticos edificios se iluminan mostrando su mejor cara.

LYON NOUVEAU

Este es otro de los ejemplos de lo bien que se conjuga en Lyon el pasado y el presente más innovador, casi rayando en el futuro, muy visible en el punto donde se unen el Ródano y el Saona. Inaugurado en 2014, el museo de las Confluencias reúne en su interior las colecciones de cuatro galerías de la ciudad, aunque lo que más llama la atención es su exterior, forjado en cristal y acero, con un aspecto más cercano a una nave de Star Trek.

Y desde aquí hacia el Lyon más innovador. El Centro de Convenciones es sencillamente apabullante en cuanto a dimensiones y posibilidades. Así, sólo para empezar, cuenta con un auditorio que da cabida a 3.000 personas que, en disposición de 180º, pueden ver un escenario de 1.300 m², sin olvidar sus 26 salas de reuniones. En total, 25.000 m² hábiles en un edificio multifuncional, adaptable para eventos de cualquier tamaño en el que la luz entra a raudales por los cristales de los laterales y las cubiertas. Además, cuenta con el plus del hotel Marriott Cité Internationale, que suma otras 26 salas de reuniones prácticamente anexas al centro.

Otra de las venues que más capacidad tiene y que también sorprende por su aspecto exterior es La Sucrière. Construido en 1930 cerca de la confluencia del Ródano y Saona, su primer propósito era servir de almacén de azúcar y mantiene aún ese aspecto industrial, nada azucarado por cierto. Por dentro dispone de amplios espacios diáfanos, distribuidos en cuatro niveles, aprovechados desde 2003. El lugar, al que se puede llegar en barco, se ha convertido en uno de los símbolos de la ciudad, donde se celebran os eventos más innovadores y cosmopolitas.

LO ESENCIAL ES INVISIBLE A LOS OJOS

Uno de los grandes valores de Lyon es la gastronomía. Incluso Stendhal, que no era muy pro lionés, reconocía que “en esta ciudad lo único que se hace bien es comer”. Eso desde siempre, en los típicos bouchons que salpican el centro. Ojo, no todo el que coloca el rótulo de bouchon lyonnaise lo es. De hecho, sólo hay unos 30 que cumplen con las condiciones que los acreditan como tales. Porque el comer aquí se toma muy en serio, más aún desde que Paul Bocuse se puso en los fogones y empezó a ganar estrellas Michelin.

El reputado chef se ha convertido en una referencia tan internacional que para perpetuar su legado promovió la Escuela de Hostelería de la ciudad, de donde han salido otras tantas estrellas, así como el concurso internacional Bocuse d’Or, cuya final se celebra en Lyon, una cita ineludible para los acérrimos de Masterchef.

Por si fuera poco, hasta le han dedicado el mercado en el que solía ir a comprar. Les Halles de Lyon-Paul Bocuse es un museo del bon appetit. Hasta 54 puestos con lo mejor —y ya es decir— de la capital de la gastronomía francesa: chocolates, vinos, embutidos y quesos, ¡qué quesos! Además, para quienes quieran volver a casa presumiendo de aptitudes culinarias, se puede asistir a un curso exprés impartido por Philippe Lechat en el Atelier de Cuisine. O, como otra suerte de incentivo, recorrer el mercado de delicatessen en delicatessen con una divertida gymkana de olores y sabores.

LA REGIÓN DEL BEAUJOULAIS

Siempre un buen bocado entra mejor con buen vino, y de esto también hay mucho cerca de Lyon, ya que apenas a 30 minutos en coche se abren paso las cepas del Beaujoulais. El vino más esperado del año, campañas de marketing por medio, es el Beaujolais Nouveau, que sale al mercado el tercer jueves de noviembre.

Pero el encanto de las viñas se vislumbra a diario —y de qué forma— desde el Château de Bagnols, un hotel spa de cinco estrellas con el sello de Relais & Chateaux, que es una venue excepcional para eventos con clase. La fortificación tiene nada menos que 800 años de historia y cuenta con siete espacios, cada cual más singular, que pueden llegar a albergar a 200 personas. Aquí se respira tranquilidad, el lugar ideal para unir algo de trabajo y mucho de placer. En definitiva, donde se palpa y se siente el buen vivir de Lyon.

FOURVIÈRE
En la colina del mismo nombre, a mediados del s. XIX fue construido el convento de la Visitación. Reconvertido en hotel de 4 estrellas, este establecimiento es singular desde el momento en el que se pone el pie en la recepción, que ocupa la antigua capilla del recinto. Las antiguas celdas son ahora habitaciones decoradas con un estilo muy funcional. Si se quiere desconectar aún más también hay un spa. El mejor lugar para huir del mundanal ruido casi en medio de la ciudad. Y si aún hay hambre de turisteo, el antiguo Teatro Romano y la Basílica de Fourvière están a un paseo de 10 minutos, ideal para bajar el contundente desayuno.
23, rue Roger Radisson
Tel. +33 (0) 474 700 700

www.fourviere-hotel.com

MERCURE CHÂTEAU PERRACHE
En el corazón de la Presqu’île, entre la plaza Bellecour y el distrito Confluencia, hace un año que reabrió sus puertas tras meses de renovación. Un plus: está situado en el centro comercial de la ciudad y además cuenta con 800 m² distribuidos en 12 salones modulares.
12, Cours de Verdun Rambaud
Tel. +33 (0) 472 771 500

www.mercure.com

COUR DES LODGES
Tan en el centro del Vieux Lyon que es complicado llegar en coche. Este cinco estrellas ha sabido aprovechar lo mejor del Renacimiento y los diseñadores italianos, manteniendo una estructura tradicional de casa lionesa con todas las comodidades contemporáneas. Aunque sólo sea por darse un gusto a la vista, merece la pena tomarse un café en su patio.
6, rue du Bœuf
Tel. +33 (0) 472 774 444

www.courdesloges.com

LA MAISON
Como su propio nombre indica, es una antigua casa reconvertida en restaurante que conserva aún el jardín-patio donde también se sirven comidas. El diseño de François Dumas llama la atención, con guiños a la Revolución Industrial. Los menús se basan en una revisión de los que se sirven en las típicas brasseries. Las berenjenas a la brasa o el foie ahumado son inolvidables y harán que llegar hasta aquí —no está dentro del circuito típico— merezca la pena.
4, rue Jonas Salk
Tel.  +33 (0) 472 729 696
www.lamaisonrestaurant.fr

DANIEL & DENISE
Uno de los auténticos  bouchon lyonnaise, a tres pasos de la iglesia de Saint Jean, en todo el cogollo del Vieux Lion. Los cuadros de las paredes y los manteles a cuadros rojos y blancos ya dan una idea de que aquí se come al estilo lionés. Lo que está claro es que el chef Joseph Viola no deja que salga nadie con hambre.
36, rue Tramassac
Tel. +33 (0) 478 422 462

www.danieletdenise.fr

PLÉTHORE ET BALTHAZAR
Situado en la península de Presqu’île, en plena zona comercial y de ocio de Lyon, cerca de la plaza de los Jacobinos. El lugar se define como un “nuevo concepto de restaurante hedonista”, por lo que ya se puede intuir la experiencia: como poco, un festival de sabores. Se supone que aquí se une lo mejor de la viña y del fogón, pero sobresale el coulant de chocolate. Impresionante.
72, rue Mercière
Tel. +33 (0) 472 160 921

www.plethoreetbalthazar.com

LES TROIS DÔMES
Desde los ventanales de este restaurante con una estrella Michelin, ubicado en el hotel Sofitel Bellecour, se puede ver una espectacular panorámica de Lyon, con las tres cúpulas que dan nombre al establecimiento. Para quienes quieran darse un auténtico festival de exquisiteces francesas con presentaciones que llaman la atención por su originalidad y delicadeza.
20, Quai Dr Gailleton
Tel. +33 (0) 472 412 097
www.les-3-domes.com

RUTAS EN SEGWAY
No hay que ser muy osado para probar esta forma diferente de descubrir Lyon sobre dos ruedas. Hay varias opciones de rutas guiadas de distinta duración, asó como la posibilidad de hacer actividades de team building,incentivos o incluso acciones de street marketing. Apto para todos los niveles, desde el muy patoso hasta el más experto. Con el casco, un poco de equilibrio y los monitores que andan cerca no hay peligro.
www.comhic.com

SIMULADORES I-WAY
Para ponerse en la piel de Fernando Alonso a 300 km/h o para los que simplemente quieren soltar adrenalina a chorros, en I-Way se puede vivir de forma muy real a través de 18 simuladores: 6 de Fórmula 1, 6 de rally y 6 prototipos de resistencia. Los que prefieran más altos vuelos también tienen simuladores de aviones de caza F18. El recinto cuenta con cinco salas de reuniones, un bar restaurante para recuperarse de tantas emociones y otras tantas opciones para hacer actividades de team building.
www.i-way.fr

PASEO EN 2CV
Quienes quieran poner un punto vintage y muy divertido a cualquier reunión de trabajo tienen una gran oportunidad al volante de un 2CV. La empresa Diabolo Spirit tiene una flota de 30 de estos coches para, durante dos horas, recorrer aún con más glamur las calles de Lyon o adentrarse en la región del Beaujolais. También se pueden hacer rallies, aunque aquí la velocidad no pasa de los 80 km/h.
www.evasionen2cv.com