NAMIBIA. Abran sus retinas

NAMIBIA. Abran sus retinas

Nacho Sayas

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Namibia es un desierto de espejismos, con paisajes de sabana delicados y dorados, montañas rocosas de aspecto lunar y una atmósfera que provoca que los grupos de incentivo tengan la impresión de adentrarse en el centro de la Tierra.

Desde el puesto fronterizo de Rietfontein, al sureste de Namibia, los viajeros se adentran en un país fascinante a través de una carretera polvorienta que atraviesa un paisaje lunar, abrupto y fantástico, con sugerentes cromatismos.

Tras recorrer varios cientos de kilómetros por paisajes semidesérticos, la ciudad de Keetmanshoop y sus edificaciones coloniales esperan al visitante. Esta pequeña urbe es uno de los centros de abastecimiento del país. También el punto de partida de las comitivas compuestas por cocineros, ayudantes, guías y viajeros extasiados. El destino es la gran serpiente natural del cañón de Fish River.

Ocho horas de ruta

Y de deleite con las vistas que conducen hasta el río Fish, que fluye a través de planicies semidesérticas desde Khomas, cerca de Windhoek, la capital, hasta el espectacular cañón al que da nombre, justo antes de confluir con el río Orange, ya en la frontera con Sudáfrica.

Es uno de los relieves más destacables de la geografía africana, el cañón más grande del continente y el segundo del mundo después del de Colorado. La mejor época para visitarlo es el invierno austral, de abril a septiembre, cuando las temperaturas son más suaves y el cauce del río no registra su mayor caudal.

En la temporada de lluvias se convierte en un sinfín de riachuelos que dificulta el recorrido. Los grupos suelen acampar a la intemperie, con las tiendas dispuestas alrededor del fuego y con la profundidad de la noche como principal acompañante.

Hacia la costa

Rumbo a Luderitz, población situada en la costa sur de Namibia y caracterizada por su tierra rica en minerales y diamantes, el camino es largo y duro, pero de una belleza embriagante. Por la carretera B64 en dirección a Aus se hallan manadas de caballos salvajes que galopan a lo largo de las extensas llanuras. Su origen es un misterio.

Luderitz es una de las ciudades más emblemáticas de Namibia, de origen colonial y uno de los primeros asentamientos alemanes en la costa austral africana. Sorprende su belleza, con el precioso puerto pesquero, la arquitectura art noveau y las casas de coloridas fachadas. La pesca y la caza de ballenas atrajeron a los primeros exploradores, pero fue el descubrimiento de diamantes a principios de siglo XX lo que transformó la ciudad. Su costa accidentada cuenta con una pequeña península desde la que se pueden divisar delfines, focas y pingüinos.

Mar de dunas

El gran desierto del Namib, considerado el más antiguo del mundo, se extiende desde el sur de Angola hasta el norte de la costa sudafricana. Esta explosión de rojo, derivada del alto contenido en hierro de la arena, ofrece visiones espectaculares como las del parque de Namib Naukluft, con las dunas más altas del mundo. Una de las más famosas es la llamada Duna 45, muy recomendable para visitar a primera hora del día y apreciar el cambio cromático por la incidencia del sol.

La belleza y el silencio, solo roto por los sonidos del viento, recrean un mar inmenso de dunas onduladas y rojizas. Árboles y acacias petrificadas contribuyen a la creación  de paisajes fantasmagóricos de gran belleza. En algunas lagunas secas se concentran gran cantidad de sales que provocan bellas postales, como en el llamado Lago Muerto.

Cape Cross

Este mítico parque se ha convertido en una leyenda viva. Desde la época de los exploradores portugueses, esta parte de la costa ha sido calificada de “maldita” por muchos navegantes. Las razones: las complicadas condiciones para el tránsito de navíos, la existencia de frecuentes neblinas que hacían que los barcos encallasen, y el posterior desembarco, muchas veces forzado, en un paraje desolador, un auténtico desierto de rocas, arenas y vientos descomunales.

Otro factor de interés es la flora endémica de la zona, reconocida por su riqueza y diversidad. Destaca la welwitscha mirabilis, una planta que fue descrita por Darwin como la especie más antigua de la Tierra.

Los Himbas

En la región del Kunene o Kaokoland, llamada así por el río Kunene que baña la zona y hace de frontera natural con Angola, se localizan las tribus Himba, que conducen su ganado de un lugar a otro en busca de pasto y agua. Los grupos de turistas pueden cohabitar varios días con ellos e impregnarse de las costumbres y sabiduría de este pueblo. Una de las actividades propuestas es construir una cabaña y cocinar delante del fuego que también utilizan como punto de encuentro para sus celebraciones.

Las mujeres himba, al igual que los niños, se embadurnan la piel con una pasta rojiza elaborada a partir de unas piedras muy valiosas que poseen un componente férrico llamado okie maui. Este fino polvo se mezcla con manteca de vaca y extractos de hierbas. Simboliza la belleza estética, aunque también constituye una protección contra las altas radiaciones solares y las picaduras de mosquitos.

También los peinados identifican a quien los lleva. Los niños llevan rasurada la cabeza, exceptuando una parte dotada de una enorme trenza que cae hacia la frente. En cambio, las niñas se peinan con dos trenzas que caen sobre su tez rojiza. Cuando se alcanza la madurez, las féminas cambian su peinado y adornan sus trenzas con metales y cuero.

Sus vestimentas están hechas con pieles de animales adornadas con cintos y metales. Mientras los hombres se dedican al cuidado del ganado y la búsqueda de nuevos pastos, las mujeres cuidan de los niños, aprovisionan al poblado en leña y alimentos y se encargan del traslado y construcción de las cabañas. La clave de la supervivencia es la continua búsqueda de pastos frescos para el ganado. Para ello van siguiendo las trayectorias de las tormentas, que les permite localizar charcas y aguas subterráneas que bombean al exterior.

Parque Nacional de Ethosa

Leones, cebras, elefantes, antílopes, rinocerontes y jirafas, entre otras muchas especies, habitan en este magnífico parque nacional. La visita se organiza a lo largo de varias pistas que llevan hasta diferentes water holes, o pozas de agua, donde se concentra el escaso líquido disponible en época seca, de abril a noviembre. Es aquí donde se puede observar más fácilmente la fauna local.

Los atardeceres son espectaculares, pero al caer la noche hay que regresar a la protección del campamento, vallado y con un servicio de vigilancia a partir de las siete de la tarde. En el mismo límite de los campamentos se instalan abrevaderos iluminados, en los que se puede observar durante la noche a los animales que se acercan a beber.

El río Kavango, frontera natural con Angola, es zona de canales y manglares hasta llegar a la reserva de Mahango. Ubicada en la frontera con Botswana, esta reserva se extiende hasta el delta del río Okavango, con una extensión de marismas y bosques de ribera donde se pueden observar antílopes, búfalos, elefantes, cocodrilos, hipopótamos…

Namibia, joven país democrático único en el mundo por incorporar en su constitución la protección del medio ambiente, alberga uno de los tesoros naturales más preciados y desconocidos en la actualidad. Ideal para retinas abiertas.