NUEVA YORK. Los árboles y el bosque

NUEVA YORK. Los árboles y el bosque

Fernando Sagaseta

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La más urbana de las urbes del planeta es un monumental bosque de acero, cristal y hormigón tan denso e intrincado que a veces no deja ver un rascacielos de cien pisos que se encuentra en la siguiente manzana. Son las paradojas de un destino incontestable con tantísimas cosas que ofrecer que requiere de un sabio ejercicio de selección. Con más visitantes que nunca, la ciudad se presenta cargada de novedades para el turismo MICE, algunas de ellas fuera del omnipresente distrito de Manhattan.

Si recibir 56,4 millones de visitantes en un año (datos de 2014), casi la misma cifra de entradas de turistas que registra toda España, puede resultar apabullante, también lo es la capacidad de Nueva York para digerir todo ese trasiego: nada menos que 102.000 habitaciones, con 60 hoteles en proyecto para alcanzar las 115.000 en 2017; alrededor de 24.000 restaurantes; una red de transporte público mejorada; altas cotas de seguridad para los estándares norteamericanos; grandes inversiones en remodelación de espacios y museos; una escena cultural y de ocio extraordinariamente vibrante; infinitas posibilidades de shopping y una decidida apuesta por revalorizar los distritos de Brooklyn, Queens, Bronx y Staten Island, tantas veces olvidados bajo la larga sombra de la isla de Manhattan, pero que también esconden grandes atractivos…

Difícil empezar… Por hacerlo desde algún punto, nada como Ellis Island, el pequeño islote por el que durante décadas, entre 1892 y 1954, entraron 12 millones de inmigrantes a la ciudad y desde donde se distribuyeron por todo el país, tan necesitado de mano de obra. De hecho, se calcula de 100 millones de norteamericanos procede de algún antepasado que hizo cola aquí. El lugar donde los futuros trabajadores eran revisados médicamente y controlados administrativamente reabrió en 1990 como museo y hoy en día ofrece singulares estancias para eventos.

Los ferris salen de Battery Park, en el extremo sur de Manhattan, cada 20 minutos y pueden ser charteados para grupos. En apenas un cuarto de hora (eso sí, con controles de seguridad más propios de un aeropuerto) se llega al conglomerado de construcciones entre las que destaca el edificio principal, que evoca una gran estación ferroviaria. En la primera planta, encima de la exposición The Peopling of America, que se puede recorrer en visita privatizada, se ubica la Registration Room, con sus altos techos abovedados, donde las cenas de gala se lucen especialmente.

El equipo de eventos prepara montajes realmente espectaculares con sus proyectores, a juzgar por las fotos de su catálogo, en los que también participan rangers y actores que hacen de inmigrantes. Si hace buen tiempo, las terrazas exteriores son toda una tentación para un cóctel, sobre todo por las imponentes vistas del skyline del Lower Manhattan. Las huellas del huracán Sandy, de octubre de 2012, apenas se dejan ver ya por aquí. En el islote de enfrente, también accesible con el mismo ferri, se alza la celebérrima Estatua de la Libertad, que también cuenta con espacios habilitados para recepciones de hasta 1.000 personas de pie o 400 sentadas bajo carpas.

RASCANDO EL CIELO

En franca competencia con la mujer de la antorcha presidiendo la entrada al puerto, se alza como aspirante a nuevo icono de la ciudad el One World Trade Center que, con sus 104 pisos y sus 541 m de altura, ostenta la primera posición del ranking de rascacielos de la ciudad y de todo EEUU, seguido del glamuroso y cinematográfico Empire State Building (383 m), cuyo mirador de la planta 86 es una de las mayores atracciones turísticas, y deledificio Chrysler (319 m), soberbio ejemplo del estilo art déco, otro de los emblemáticos. A punto están de finalizar las obras de una torre de apartamentos en el 432 de Park Avenue que pasará a ser el segundo (426 m) y que empezará a ocuparse a finales de año.

El gran reclamo del One WTC es el One World Observatory, cuya inauguración es inminente, con vistas 360º entre el piso 100 y 102, la misma altura de los miradores que había en las Torres Gemelas. La planta también es calcada, pero su ubicación, aunque muy próxima, no es la misma. De manera simbólica, en el lugar donde estaban aquel 11S, ahora hay dos grandes oquedades con un sumidero al fondo, como si se las hubiese tragado la tierra. Son los estanques reflectantes del Memorial 9/11, que honra a las víctimas con un largo cerco de bronce donde están grabados sus nombres y con una cascada de agua que confluye en el centro. Escalofriante

Justo a lado ha abierto recientemente el museo, montado en un pabellón de cristal. En sus estancias, multitud de vestigios y recuerdos, entre ellos la escalera de los supervivientes, usada por cientos de trabajadores para escapar de la tragedia. La “zona cero” sigue en obras. Los operarios están liados con la flamante New Jersey Path Station, un hub urbano diseñado por el inefable Santiago Calatrava. Cómo no, la peculiar estructura de costillas metálicas que parecen el esqueleto de un gigantesco saurio costará el doble de lo presupuestado y ha levantado airadas críticas en los medios de comunicación.

Aunque no suele aparecer mencionado entre los más altos, el GE Building del conglomerado que forma el Rockefeller Center, hoy en día propiedad de la inmobiliaria Tishman Speyer, el de la pista abierta de patinaje sobre hielo y el del árbol de Navidad más popular de Manhattan, alberga otro interesante punto de observación: el Top of Rock, al que se accede por un ascensor con techo de cristal que da la sensación de subir por un túnel del tiempo. Aunque más bajo que otros miradores, permite unas vistas más completas; primero, porque solo desde aquí es posible contemplar en altura a su rival, el Empire State; y segundo, porque la panorámica de Central Park es mucho mejor. La llamada Weather Room, completamente acristalada es perfecta para un afterwork.

El edificio, de un clasicismo apabullante, con un interior literalmente forrado de mármol y remates dorados que arropan en su hall una singular cascada de 14.000 cristales de Swarovski, es también donde se encuentra la legendaria Rainbow Room, en el piso 65, el mismo club donde tocaba la big band de Glenn Miller o cantaba Tony Bennett ante lo más granado de la sociedad neoyorquina, el mismo donde Joan Crawford hizo su última aparición pública y que ha sido escenario de alguna que otra peli, entre ellas La maldición del escorpión de Jade, de  Woody Allen.

Este increíble lugar, inaugurado en 1934 y cerrado en 2009, fue reabierto el año pasado después de ser declarado espacio protegido y de una meticulosa restauración que respeta su fisonomía al detalle, incluida la madera original de la pista de baile giratoria (una vuelta cada 10 min). ¡Lo mejor es que esta memoria viviente se puede privatizar para eventos! También está abierto al público por las noches, los lunes con dinner & dancing, y los domingos al mediodía para el sunday brunch.

Parte del complejo Rockefeller es el Radio City Music Hall, otra joyita del art déco, con su auditorio de 5.900 butacas y sus llamativos neones de la fachada. El equipo de gestión es el mismo que lleva el también histórico Madison Square Garden, un coliseo para eventos de gran envergadura donde se han celebrado las peleas de boxeo más sonadas y donde actúan desde Eminem hasta Taylor Swift cuando no juegan en casa los Knicks.

ARTE Y CULTURA

Poca gente sabe que Abby, la mujer de John D. Rockefeller, fue toda una adelantada a su época al fundar en 1929, junto con otras dos mujeres, el MoMA, templo mundial del arte contemporáneo. El museo es un referente del expresionismo abstracto (Lichtenstein, Pollock, De Kooning,…) y del movimiento pop (aquí están las conocidas latas de Warhol), aunque también guarda importantísimas obras de Cézanne, Matisse, Van Gogh o Picasso.

Entre los numerosos espacios que ofrece destacan cuatro auditorios de 50, 125, 200 y 400 asientos; un lobby en el que se pueden dar cenas para 700 comensales; un atrio para cenas de 400 o cócteles de 700 asistentes; o el magnífico Sculpture Garden, para eventos al aire libre. Es necesario darse de alta como miembro corporativo para alquilar. Además, tiene un par de restaurantes informales, pero con muy buena reputación, y otro más, The Modern, con una estrella Michelin y comedor privado para 60 personas.

Otro imprescindible que tiene su hueco en el mundo MICE es el inabarcable Metropolitan Museum of Art, en el costado Este de Central Park. Aparte de sus dos millones de piezas, con sus extraordinarias colecciones de arte egipcio, griego, romano, islámico y africano, así como obras maestras de la pintura europea y americana, cuenta con algunas salas en la cuarta planta, una de ellas con vistas al parque y un restaurante para 150. En verano está abierto el Roof Garden. Como novedad, el patio de entrada ha sido rediseñado con fuentes y árboles.

Un poco más arriba, subiendo por la Quinta Avenida, cerca del Guggenheim, se encuentra el Cooper-Hewitt Design Museum, único en su género. Después de tres años de obras en la mansión, está de nuevo en marcha desde hace unos meses con el doble de espacio para exposiciones y eventos privados. Especialmente agradable es el jardín, donde hay un café.

El más joven de los museos flota sobre el río Hudson, en el Pier 86. Se trata del Intrepid Sea, Air & Space Museum, un portaaviones superviviente de la II Guerra Mundial reconvertido en espacio de exposición interactiva de contenido militar, con aviones y helicóptero militares en cubierta y el Great Hall, de lo más original para eventos, cócteles o cenas de gala. El lugar está muy próximo al Jacob K. Javits Convention Center, un coloso que ocupa un área de 170.000 m2 y que cuando fue construido, en 1986, vino a sustituir al New York Coliseum como mayor centro de congresos. Ahora, tras una remodelación que ha durado cuatro años, luce un nuevo aspecto e incluyevenues de menor tamaño, como es el caso del River Pavillion, con buenas vistas del río y un ambiente especialmente cálido al atardecer.

La zona está inmersa en un ambicioso proyecto de regeneración del Far West Side para convertirlo en el nuevo barrio de Hudson Yards. Habrá nuevas conexiones de metro y tren. Otra iniciativa de recuperación abierta hace bien poco es The High Line, un recorrido peatonal por una antigua vía elevada de ferrocarril a través de la parte occidental de Meatpacking District y de Chelsea, en sus tiempos la mayor zona industrial de la ciudad. Entre almacenes, fábricas y bloques de apartamentos, la visión que se obtiene aquí de la ciudad es muy distinta. Justo en el inicio de la ruta se encuentra la nueva sede el Whitney Museum of American Art, el edificio de Renzo Piano que abrirá este año.

LAS CARAS DEL OCIO

Si difícil era escoger un punto de partida para meterle mano a Nueva York, más difícil aún es glosar la ingente oferta de ocio y compras que florece en casi todas las manzanas de la ciudad que nunca duerme. Empezando por Times Square, el corazón de Manhattan, esa marcianada de anuncios luminosos que son un monumento en sesión continua a la sociedad de consumo, esta parte de la avenida Broadway es donde se concentran la mayoría de los teatros. Hay decenas de ellos.

En la plaza (más bien cruce de avenidas) hay un quiosco de TKTS para conseguir entradas de última hora más baratas. Las colas son menores en el puesto que se encuentra en South Street Seaport, la zona de muelles atestada de tiendas y restaurantes. Hay espectáculos como Blue Man Group o Stomp en los que el idioma no es un problema. Tampoco está mal probar alguna obra del llamado off-Broadway, con representaciones más arriesgadas y económicas en salas pequeñas. Bastante más arriba, a la altura de la calle 125, el mítico teatro Apollo, la leyenda de Harlem, bien merece la asistencia a algún concierto. El lugar también está disponible para eventos privados.

Para el deporte del shopping hay que ir bien preparado. Enfrente de la “zona cero” están dando las últimas puntadas a Brookfield Place, un centro comercial que promete. Shop Gotham y Urban Oasis organizan toursde compras para grupos por las exclusivas boutiques del SoHo y Nolita o los showrooms del Garment District. Los amantes de las grandes megastores disfrutarán en clásicos como Macy’s o Bloomingdale’s. Madison Ave y la Fifth Ave, entre Central Park y el Rockefeller Center, están plagadas de flagships de las marcas con más relumbrón internacional.

También hay numerosos outlet, algunos de los mejores fuera de Manhattan, y mercadillos muy populares, comoBrooklyn Flea. El barrio con más tiendas de segunda mano es el East Village. Para antigüedades, uno de los mejores es el Antiques Garage Flea Market, que tiene lugar los fines de semana en Chelsea. Algunas calles con tiendas súper fashion son el SoHo en general, Orchard St, Bleecker St o Mott St.

Nueva York es una ciudad donde uno queda literalmente destrozado de tanto caminar devorando manzanas. Para darse un paseo más relajado, por supuesto el insoslayable Central Park, pero también Brooklyn Bridge Park después de cruzar el East River por el archifamoso puente, o el Hudson River Park.

En cuanto al ambiente nocturno, no hay más que salir a buscarlo. Enseguida se encuentra. Eso sí, muchos de los clubes cobran entrada. Los autores de la guía Lonely Planet, que se tienen la ciudad muy pateada, recomiendan, entre otros muchos: Macao y Dead Rabbit, en Lower Manhattan y Financial District; Apothéke, en Chinatown; Beauty & Essex y Bowery Ballroom, en Lower East Side;  Marie’s Crisis y Village Vanguard, en Greenwich Village; PJ Clarke’s y Top of the Strand, en el Midtown; o Smoke, en Upper West Side. Sírvanse ustedes mismos.

BROOKLYN, EL RENACIMIENTO

El renacimiento de Brooklyn es una realidad, con nuevos teatros, espacios culturales, hoteles, tiendas con encanto y restaurantes con productos locales. Uno de los lugares más impactantes, sobre todo pensando en las reuniones y eventos, es el Kings Theatre, construido en 1929, aprovechando la época dorada del vodevil, reconvertido en cine después (Barbra Streisand iba de pequeña a ver pelis), abandonado durante casi 40 años y reabierto oficialmente el pasado mes de febrero con la mismísima Diana Ross como maestra de ceremonias. La minuciosa y costosísima restauración, de unos 95 millones de dólares, ha valido la pena. La moqueta, los tapices, los pasamanos de la escalinata, el precioso artesonado, los muebles… todo a su estado original sin reparar en gastos. Y además mejorado con la última tecnología para la acústica de la sala de 3.200 butacas, uno de los mayores aforos de Nueva York, incluidos casi todos los teatros de Broadway.

Muy diferente es lo que propone el Brooklyn Botanic Garden, ocupando parte de Prospect Park. Entre miles de plantas y árboles, dispone de un espacio completamente acristalado, The Palm House, excelente para cenas y cócteles, un nuevo café con vistas a punto de abrir y más salas en el centro de visitantes. En el exterior, donde también se organizan eventos, destaca un jardín japonés que cumple ya cien años y la popular explanada de los cerezos, que en primavera recibe miles de visitas al día.

Otro de los estrenos recientes es el Barclays Center, equivalente local del Madison Square Garden de Manhattan, un pabellón deportivo multiusos de vanguardista diseño que fue abierto hace poco más de dos años. Es sede de los Brooklyn Nets de la NBA y el primer concierto fue, cómo no, el de Jay-Z, accionista del equipo.

Para terminar la jornada de trabajo, uno de los sitios más acogedores que se pueden encontrar es la Brooklyn Winery, en la zona de Williamsburg, que además de excelentes espacios para grupos, el mayor de ellos para 160 personas sentadas, elabora sus propios vinos. Y ya cuenta con 17 referencias… Almuerzos, cenas o cócteles se pueden combinar con talleres y catas guiadas. También hay vida fuera de Manhattan.

De todas clases, de todos los colores y de todos los tamaños. La planta hotelera de Nueva York no tiene fin. Entre las aperturas más recientes se encuentran el Hilton Garden Inn Park Avenue, el Hyatt Place Flusing/LaGuardia Airport, el Holiday Inn Financial District, el Hotel Central Park o el Park Hyatt New York. Los remodelados recientemente son The Lexington New York, New York Hilton Midtown, New York Marriott Downtown, Row NYC y Wyndham New Yorker Hotel. De las inauguraciones previstas para 2015, en el Financial District verán la luz The Beekman y Four Points by Sheraton, mientras que en Midtown West lo harán el Jade Hotel Bryant Park y el Executive Hotel Le Soleil. Mención también para The Knickerbocker, en la zona de Times Square.

La presencia española es muy limitada. NH Hotel Group tiene el NH Jolly Madison Towers en la calle 38 Este, de estilo europeo y arquitectura de los años 20, con 242 habitaciones y varios salones de nombres italianos. Eurostars cuenta con dos establecimientos, el Dylan y el Wall Street, ambos de 4 estrellas, con 107 y 56 habitaciones, respectivamente. En construcción se encuentra el Riu Plaza Times Square, que abrirá a lo largo del año, y por la misma zona el Room Mate Grace, que fue inaugurado en 2008, está en plenas obras de remodelación. El Innside Manhattan, de Meliá Hotels International, en la 27 Oeste, tiene previsto abrir sus puertas en 2016.

Un hotel excelentemente situado, en plena Park Avenue, y que también merece la pena resaltar es el Loews Regency, recientemente renovado. Con un aire clásico y contemporáneo a la vez, ofrece 379 habitaciones, entre ellas 58 suites realmente espectaculares. También puede acoger pequeñas reuniones de hasta 50 personas en las salas de la segunda planta, con luz natural. Muy reconocido su power breakfast. (www.loewshotels.com/regency-hotel)

Aunque NYC nunca se ha caracterizado por tener una cocina propia, la gastronomía de casi todo el planeta está representada en la ciudad. En los últimos años, muchas azoteas, patios y jardines comunitarios se han ido transformando en huertos urbanos que proporcionan productos frescos a los restaurantes. Los barrios de Little Italy o Curry Row son muy populares entre los turistas, pero hay que alejarse algo para encontrar propuestas más auténticas.

La lista de recomendaciones sería interminable. Los que no pueden renunciar a la comida española pueden probar en Socarrat, en la 2nd Ave a la altura de East 50th St. En la de la guía Lonely Planet figuran también establecimientos como Balthazar (francesa; SoHo), Redfarm (fusión china; West Village), Tanoshi (japonesa; Upper East Side), Foragers City Table (americana; Chelsea); Eataly (italiana; Union Square).

Habría que destacar también por la novedad y la singularidad de su emplazamiento, en pleno Central Park, muy cerca de Strawberry Field, a Tavern on the Green, un establecimiento que data de 1934 y que pasó por varios dueños hasta convertirse en centro de visitantes y tienda de regalos entre 2010 y 2012. Tras la remodelación concluida en abril del año pasado, el recuperado restaurante del actual propietario, David Salama, se encuentra totalmente integrado en el parque. Cuenta con espacios fuera y dentro y puede albergar grupos de hasta 400 personas en sus distintas dependencias de ambiente clásico.(www.tavernonthegreen.com)

DELEGATE DISCOUNT PASS
NYC & Co, la entidad que se ocupa de promocionar la ciudad, dispone para los organizadores de una seductora herramienta: el New York Delegate Discount Pass, con descuentos exclusivos durante todo el año en más de 70 restaurantes, tiendas, excursiones y atracciones. En 2014, la ciudad recibió 6,1 millones de delegados de congresos, convenciones y reuniones de todo tipo. La cifra va en aumento. Según Makiko Matsuda, vicepresidenta de la organización, “el mercado español está empezando a mostrar mayor dinamismo”.
www.nycandcompany.org/meetingplanners