Economía colaborativa vs. equitativa / RAMÓN ESTALELLA. Secretario General de la CEHAT

Economía colaborativa vs. equitativa / RAMÓN ESTALELLA. Secretario General de la CEHAT

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La economía colaborativa no es algo que se haya inventado ninguna plataforma online. El intercambio de bienes y servicios entre particulares existe desde las primeras comunidades humanas. En las cuevas cada uno tenía su rol: unos plantaban, otros cazaban y los demás cuidaban de la descendencia. Ese era el espíritu de la colaboración. El problema surge cuando empieza a haber dinero y actividad empresarial por medio.

La llegada de canales para el intercambio a través de Internet se planteó en principio sin ánimo de lucro. Con el tiempo, tanto las empresas como los particulares implicados en la provisión de alojamientos turísticos han llegado a desempeñar una actividad económica clara. Hablamos de plataformas digitales que ponen en contacto a usuarios con prestadores de servicios que se han profesionalizado totalmente, al igual que los canales que los cobijan. Y todo ello sin cumplir las obligaciones que otros actores del mismo sector sí cumplen. No parece equitativo.

Lo primero que hay que diferenciar en este campo es la actividad profesional de la que no lo es. Lo cierto es que en estas plataformas muchos proveedores no ofrecen una casa o un apartamento particular, sino cientos de ellos. Incluso, aunque fueran realmente privados, tendrían que tributar si perciben una compensación económica. Por su parte, los intermediarios online no ofrecen una información transparente sobre las cantidades que reciben o las comisiones que cobran.

En el fondo, lo que se está creando es una enorme bolsa de fraude y de economía sumergida, una realidad que, al menos en el segmento del alojamiento turístico, se podría reducir en gran medida con una sencilla regulación. En España y en Europa, cualquier empresa que presta un servicio está obligada a informar sobre sus clientes y proveedores a través del famoso modelo 347 por el que se declaran las operaciones con terceros. ¿Por qué las plataformas online no lo hacen?

Por otra parte, las actividades profesionales se distinguen de las que realizan los particulares por la imposición del IVA. Lo que no es justo es que haya unas actividades gravadas con impuestos y otras que no. De alguna forma estamos pasando de un Estado garantista, impulsado en parte por las asociaciones de consumidores, a un patrón sin certidumbres en el que el usuario acaba eligiendo por precio, sin importarle demasiado la fiabilidad de lo que compra. Al final, el único mecanismo de referencia que queda son los comentarios —a veces reales, a veces no—de otros consumidores, pero sin amparo legal ninguno, salvo por la vía penal, cuando el consumidor cree que ha sido víctima de una estafa, un procedimiento que pocos se aventuran a ejercer por sus elevados costes.

La estrategia del sector hotelero para equilibrar esta situación se está dirigiendo tanto a nivel local, como estatal y europeo. Las directivas de Bruselas ya señalan que hay plataformas que son neutrales (como Google o eBay), en las que solo hay una indexación de datos sin que el canal intervenga en las transacciones, y otras que no lo son, porque cobran comisiones u ofrecen garantías adicionales en el proceso de compra.

De forma significativa, algunas ciudades que en los inicios de la llamada economía colaborativa aplicaron criterios muy permisivos están variando su estrategia completamente. Ha pasado en Portland, San Francisco, Ámsterdam o París. Ahora, la tendencia es a regular la actividad, después de sufrir los impactos negativos de no hacerlo. Solo un ejemplo: en Berlín han subido un 20% los alquileres de larga duración porque los propietarios colocan sus casas a corto plazo para uso turístico, un negocio bastante más rentable. Sea como fuere, y por criterios de igualdad, las reglas del juego tienen que ser claras y homogéneas para todos.