
La isla caribeña es lo más parecido al paraíso. Sus playas, sus aguas cristalinas, su ritmo y sus cócteles se pueden disfrutar de muchas maneras, más allá del consabido todo incluido. Porque República Dominicana también puede ser íntima, solitaria y discreta.
República Dominicana sufre de su propia imagen. El destino caribeño, emblema del modelo turístico del todo incluido, intenta demostrar que ésta no es la única manera de disfrutar de la isla.
Los aeropuertos de Santo Domingo y Punta Cana son la puerta de entrada para quienes vuelan con Iberia y Air Europa desde Madrid. La capital aglutina a tres millones de habitantes, la tercera parte de los nueve que habitan la parte dominicana o, lo que es lo mismo, dos tercios de la isla La Española, también compuesta por Haití.
El casco histórico de Santo Domingo, la primera ciudad fundada por los conquistadores españoles en América, cuenta con más de 300 monumentos, aunque no se trata de un destino en sí mismo como La Habana cubana. No obstante, alberga rincones dignos de ver, como la calle de las Damas, la primera adoquinada del llamado entonces Nuevo Mundo.
Santo Domingo suele ser la parada posterior o previa al viaje transoceánico. El mejor lugar para descubrir el centro histórico durante la estancia es el hotel Nicolás de Ovando. La que fue residencia del gobernador de la ciudad en el momento de su fundación, en 1502, es hoy uno de los mejores establecimientos del país y seguramente el que ofrece más caché: las tres casas y patios que componen actualmente el recinto forma parte del distrito colonial declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Variedad paisajística
La isla alberga paisajes muy diferentes: mientras que el suroeste es árido y no está muy desarrollado desde el punto de vista turístico, el nordeste atlántico es verde y frondoso. El centro de La Española alcanza la mayor altura de las Antillas, gracias a los 3.087 metros del Pico Duarte. La mayor concentración de complejos está en el este, donde confluyen el Caribe y el Atlántico, dando lugar a playas que figuran entre las más bónitas del mundo.
Punta Cana, llamada así por ser una de las puntas de la isla y por la gran producción de caña de azúcar, está compuesta por 50 km de playas en las que se juntan las aguas de ambos mares. Los enormes complejos que las separan del interior han dado lugar a la imagen más conocida de República Dominicana: paraíso del all inclusive, un producto que nació en el norte, en Puerto Plata, en 1985.
Punta Cana
Desde los años 90 se han construido más de 40.000 habitaciones de hotel, lo que significa que aquí se concentra más del 50% de la capacidad hotelera dominicana. En temporada alta, de diciembre a mayo, más de 50 vuelos diarios aterrizan en la zona.
Sin renegar de un producto que sigue interesando a muchos grupos en incentivo o convención, las autoridades locales se esfuerzan por diversificar. Por eso, incluso en esta zona están surgiendo interesantes propuestas hoteleras diametralmente opuestas a este modelo: el Sivory, recientemente unido a Punta Cana por carretera asfaltada, es solo para adultos. Ofrece 55 habitaciones con cuidada decoración de estilo asiático y detalles como el desayuno en la puerta. La bonita piscina con acceso directo a la playa es tan recomendable como los platos de sus tres restaurantes.
En esta época de control de gasto, el all inclusive sigue interesando a muchas empresas, que apuestan por el buen tiempo y la menor afluencia de turistas vacacionales en los meses de septiembre, octubre y noviembre. El Barceló Bávaro Beach Resort reúne en 12 km de complejo y tres de playa 1.400 habitaciones, 14 restaurantes, centro de convenciones y dos campos de golf de 18 y 27 hoyos, todo en régimen de todo incluido, con la libertad de moverse por todos los espacios mientras se mantenga la pulsera en la muñeca.
La Romana
Entre Santo Domingo y Punta Cana se ubica uno de los recintos más exclusivos del país: Casa de Campo. Se percibe en cuanto el cliente recibe, junto a la tarjeta de su habitación, la llave del carrito de golf con el que se podrá trasladar allí donde desee. Los desayunos frente al campo de golf son una delicia.
Las 185 habitaciones se ubican en cabañas con terraza, muchas de ellas con vistas a los dos campos de golf. Algunas de las 40 villas, de enormes dimensiones, con playa privada y decoradas con todo lujo, se ofrecen para privatizaciones completas o fiestas. Para los grupos de incentivo se pueden organizar salidas al mar en catamarán o velero, paseos a caballo, clases de golf o juegos en la playa.
Desde Bayahibe, a 20 km del hotel, parte la excursión más clásica y no por ello menos interesante: isla Saona ofrece ese Caribe de postal, incluso para disfrutarlo en solitario. Solo es necesario alejarse unos metros del lugar de llegada de las numerosas barcazas que trasladan a los grupos desde los catamaranes. Allí los chiringuitos ofrecen comida local de diferentes precios: desde la más barata de arroz con plátano frito, a la más exclusiva con langostas de la zona. El trayecto en catamarán ya está impregnado de bachata y ron. Con eso empieza la fiesta previa al baño en las aguas transparentes.
Un capricho de millonarios dio lugar a Altos del Chavón: es una reproducción de un pueblo mediterráneo en pleno Caribe. Las vistas del río desde sus plazas son magníficas. La plaza de la iglesia puede ser privatizada, tal y como hizo Luis Alfonso de Borbón cuando reunió a 1.500 invitados para su boda. En el gran auditorio, inaugurado en 1982 por Frank Sinatra, también se pueden organizar conciertos privados. Varios restaurantes y tiendas de diseñadores nacionales ocupan los bajos de las casas. De camino a Santo Domingo, en San Francisco de Macorís, se puede organizar un tour del cacao.
Samaná
No solo en Punta Cana empiezan a surgir ofertas alternativas al all inclusive. Samaná, en la parte noroeste, reúne interesantes propuestas de ecoturismo y una costa virgen que, aunque no tiene la variedad de azules del Caribe, tiene tanto de paradisíaco como cualquier playa de postal. De diciembre a marzo miles de ballenas jorobabas viajan a sus costas para reproducirse.
El Parque Nacional Los Haitises supone un viaje a la prehistoria: la geología de la zona y su ubicación junto a la bahía de Samaná generan un paisaje de cursos de agua, manglares, colinas, cayos, grutas y rocas en el agua que se mezclan con la flora del bosque húmedo tropical. También destaca la cantidad de aves, algo único en un parque costero-marino de estas características.
Muy cerca del parque está The Bannister: es el único hotel con marina en Samaná y sus habitaciones figuran entre las más bonitas del país. Se encuentra al sur de la península, en Puerto Bahía, y cuenta con el primer Café del Mar que se abrió en América. Desde sus sofás o su piscina se aprecian atardeceres de ensueño, los mismos que llamaron la atención a Colón cuando llegó por primera vez a tierras americanas a través de La Española.
La excursión en barco a los alrededores de Playa Rincón es la ocasión para descubrir lugares de ensueño con la playa en exclusividad para los asistentes: una excelente opción para un día de descanso con la serenidad del mar de fondo.
Las Terrenas, de camino entre Santo Domingo y Samaná, es el lugar idóneo para organizar paseos a caballo a través de los que disfrutar de la naturaleza y paisajes dominicanos. Atravesando el bosque se llega hasta el Salto del Limón, una bonita cascada de agua de 50 m de altura.
Ambiente caribeño
Aunque la península de Samaná se sitúe en el Atlántico, ofrece opciones para vivir el más puro ambiente caribeño. A 40 km de Samaná, Las Galeras es una calle repleta de restaurantes y sitios donde disfrutar del merengue, la bachata y otros ritmos caribeños. La Terrasse es una de las mejores direcciones para degustar los mariscos y pescados de la zona.
República Dominicana tiene buenas playas, buenos precios, buena comida, buen tiempo, calor humano… todo incluido en un solo destino.
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