
La actualidad de los aeropuertos regionales se ha llenado de turbulencias con la retirada de Ryanair de varios destinos nacionales y la disminución de plazas ofertadas. Aunque esta noticia ha generado mucho ruido, en paralelo estos aeródromos están teniendo un auge significativo, especialmente en sus conexiones internacionales. Es la eterna lucha para alcanzar una difícil rentabilidad, pero no imposible.
¿Por qué volar desde un aeropuerto regional? Según algunos operadores responde a varios factores como —obviamente— la proximidad de aquellos que viven en la zona, pero también por su la comodidad, pues son más manejables y tranquilos, sin olvidar las oportunidades de ahorro en todos sus servicios, desde el acceso hasta el aparcamiento o la restauración.
Además, estos aeródromos cuentas con interesantes ventajas por su ubicación, que en ocasiones los convierten, si ofrecen las infraestructuras adecuadas, en puntos de conexión nacionales y regionales. A todo ello se añade el factor precio: los billetes de las aerolíneas que operan en ellos suelen ser más baratos en comparación con las que operan en las grandes capitales. No estar en el centro siempre es más barato, y la incomodidad de la lejanía a veces compensa.
Meses movidos
Tras meses de tira y afloja, se ha confirmado la disminución de cientos de miles de plazas de Ryanair en algunos de los aeropuertos regionales diseminados por la geografía española, especialmente en la zona norte. Galicia, Castilla y León y Canarias han sido las comunidades autónomas más afectadas por esta política de la compañía irlandesa.
A partir del año que viene cerrará su base en Santiago de Compostela y suspenderá todos los vuelos a Vigo. Otras ciudades de interior se han visto afectadas. En concreto se mantiene el cierre de sus rutas en Valladolid y Jerez de la Frontera, así como la reducción de operaciones en Zaragoza —casi la mitad—, Santander —cuatro de cada diez vuelos—, Asturias y Vitoria. Para rematar la faena, el recorte más drástico: los cielos canarios perderán unas 400.000 plazas, hasta 36 conexiones.
Ríos de tinta se han escrito de este enfrentamiento: la compañía aduce que las tasas de Aena son incompatibles con la rentabilidad, mientras que el organismo estatal denuncia chantaje. El caso es que sí es cierto que hay rutas que dan cada vez menos dinero o que se están rindiendo progresivamente a la alta velocidad, como ya sucediera con el Puente Aéreo o la conexión Madrid-Sevilla.
Mientras el ruido de sables llena la sala, competidoras como Easyjet, Air Nostrum, Volotea o Binter se frotan las manos ante el inesperado botín disponible. Es un momento de gran intensidad para la aviación regional.
La cara buena
Estos cambios en el mercado, que obviamente han soliviantado a las regiones afectadas, contrastan con una realidad registrada en los últimos tiempos: hay aeropuertos regionales que comienzan a ser rentables, más allá de la mera oferta subvencionada de plazas como servicio público de vertebración del territorio.
Según un reciente estudio de Kiwi.com, buscador de servicios turísticos y viajes, con los últimos datos de tráfico aéreo, varios aeropuertos regionales están experimentando un gran crecimiento, especialmente el pasado verano. Este fenómeno se ha registrado en Cataluña, País Vasco, Andalucía, Murcia y Aragón.
No hay que engañarse: Madrid y Barcelona tiran del sistema, con más de la mitad del tráfico del país, pero hay otras zonas que están encontrando su hueco. Según Kiwi.com, Vitoria y Reus registraron la mayor subida porcentual de pasajeros en comparación con el verano pasado. A ellos les siguen Girona-Costa Brava, Castellón, Murcia, Almería, Zaragoza y Jerez. Son cifras no muy grandes, pero significativas.
El aumento en el tráfico de pasajeros coincide en muchos casos con la apertura de nuevas rutas. Girona, por ejemplo, ha incrementado su conectividad internacional con vuelos a Sarajevo, Lublin (Polonia), Ostrava (República Checa) y Budapest. Reus amplió su oferta al Reino Unido con las rutas de Londres-Southend, Luton, Liverpool, Glasgow y Belfast. El aeropuerto de Castellón incorporó Bilbao, Palma de Mallorca y Oporto. Y a partir de julio se ha podido volar desde Murcia a Marsella.
Otro buen ejemplo es Andalucía. Aupada por Sevilla y sobre todo por Málaga, la comunidad autónoma añadió el pasado año más de una treintena de nuevas rutas nacionales e internacionales en sus pistas. Málaga-Costa del Sol, sin ir más lejos, comenzó a volar a Bari, Tel Aviv, Bucarest y Estrasburgo. Este año se unen ciudades de primer orden, como Liverpool y Milán. Suma ya más de 150 destinos internacionales.
Por su parte, el aeródromo de la capital sevillana también ha crecido de manera importante, con nuevas rutas a ciudades suecas, italianas y portuguesas. Este año ha añadido a su escaparate capitales como Estambul, Roma, Dublín y Basilea, una muy buena manera de paliar el descenso del tráfico nacional.
Bilbao, Valencia, Girona, Alicante, Tenerife Norte y Sur, Gran Canaria, Asturias, León, Jerez, Almería, Reus… El pasado año y el presente los aeropuertos regionales han encadenado anuncios de aperturas de nuevas rutas por parte de las compañías low cost y regionales. Las compañías más grandes, como Iberia, Vueling, Air Europa, etc., también anuncian novedades, aunque más centradas en los grandes aeropuertos.
En definitiva, los aeropuertos pequeños y medianos se han convertido en piezas clave de la nueva cartografía aérea. Mientras las low cost y regionales siguen marcando el paso, las grandes aerolíneas también apuestan por abrir rutas inéditas y diversificar la oferta. El empuje del turismo hacia territorios menos saturados no solo multiplica oportunidades, sino que dibuja un horizonte en el que estos aeródromos, tradicionalmente secundarios, ganan protagonismo en la conectividad global.










