
TEXTO Y FOTOS JAVIER ROS
En un mercado con cada vez más auditorios, hoteles y centros de convenciones, los destinos buscan diferenciarse ofreciendo algo que no puede replicarse fácilmente: experiencias vinculadas a su propia identidad. Esa es precisamente una de las principales conclusiones que dejó el Fam Trip Coruña MICE, organizado en junio por OPC Galicia con el apoyo de la Diputación de A Coruña y bajo el lema «A paisaxe que sabe».
Durante tres jornadas, la provincia coruñesa mostró una propuesta que va mucho más allá de la mera infraestructura para reuniones. La sensación que se lleva el visitante es que aquí los eventos no se limitan a ocupar un espacio, sino que se integran en un territorio donde la gastronomía, el mar, la naturaleza y la cultura forman parte de la propia experiencia.

Santiago de Compostela fue el primer ejemplo de esta filosofía. El recorrido comenzó en torno a algunos de los espacios que mejor representan la capacidad de la ciudad para combinar negocio y autenticidad. Bandalux Events Center destaca por una arquitectura luminosa y versátil, pensada para albergar formatos muy diversos, mientras que Hotel Sarela Natura apuesta por un concepto más íntimo y conectado con el entorno, donde los jardines y los espacios exteriores adquieren tanto protagonismo como las propias salas.
La transformación de los espacios gastronómicos también tiene reflejo en la oferta MICE compostelana. Un buen ejemplo es Mercado Boanerges, un concepto que reúne diferentes propuestas culinarias en un entorno abierto y contemporáneo. Su configuración favorece tanto encuentros informales como celebraciones corporativas, con una combinación de gastronomía, ambiente y flexibilidad.

Esta filosofía se percibe en Quinta da Auga. Situado a escasos minutos del centro histórico compostelano, el hotel ofrece una imagen alejada de la convencional instalación urbana para eventos. El sonido constante del agua, los senderos junto al río y unos jardines cuidadosamente integrados en el paisaje convierten cualquier reunión en una experiencia mucho más pausada y personal.
Pero si hay una actividad capaz de explicar la esencia del destino es el Camino de Santiago. El programa permitió recorrer un pequeño tramo antes de llegar a la Catedral, suficiente para comprender por qué millones de personas continúan llegando hasta Compostela cada año. Más allá de su valor religioso o histórico, el Camino aporta al segmento MICE una poderosa herramienta de cohesión de equipos, esfuerzo compartido y conexión emocional con el territorio. Ver la emoción de los peregrinos al alcanzar la Plaza del Obradoiro ayuda a entender por qué esta experiencia tiene tanto potencial para los programas de incentivos.
MIRANDO AL MAR
La propuesta continuó mirando hacia el mar, uno de los grandes activos diferenciales de la provincia. Frente a las costas de Rianxo, los participantes pudieron conocer el funcionamiento de las bateas mejilloneras, auténticas fábricas naturales flotantes que forman parte del paisaje de las rías gallegas. Más que una actividad turística al uso, esta experiencia permite al asistente acercarse a una cultura marinera que sigue siendo fundamental para toda la economía local y comprender el complejo trabajo que hay detrás de uno de los productos más reconocidos de la gastronomía gallega.
Precisamente la gastronomía aparece de forma constante a lo largo de toda la propuesta. Restaurantes como Nojira, en A Pobra do Caramiñal, demuestran cómo la cocina y la gastronomía gallegas pueden convertirse en contenido en sí mismas. Allí, de la mano de Álvaro Victoriano, presidente de Coruña Cociña, los asistentes descubrieron los secretos de la cocción del marisco, una auténtica lección sobre producto, tradición y cultura local.
El enoturismo también encontró su espacio en la experiencia. Adega Entre Os Ríos representa una tendencia cada vez más presente en el turismo corporativo: pequeños proyectos ligados al territorio que permiten al visitante conocer de primera mano la producción local. En este caso, la elaboración de vinos de la tierra de Barbanza e Iria se convierte en la excusa perfecta para descubrir otra Galicia menos conocida, más rural y profundamente vinculada a su paisaje.

En Carballo, la propuesta mostró otra cara del destino. Espazo Nature combina villas, cabañas y alojamientos glamping frente al Atlántico, y responde a una demanda creciente de empresas que buscan entornos menos convencionales para sus reuniones e incentivos. Muy cerca, Asador La Base amplía las posibilidades gracias a su vinculación con el complejo Motor Club, abriendo la puerta a experiencias relacionadas con el mundo del motor y los eventos deportivos.

La visita concluyó en A Coruña con dos de sus grandes iconos para el segmento MICE. Por un lado, MEGA, el Museo Estrella Galicia, un espacio que ha sabido transformar la cultura cervecera en una experiencia participativa y perfectamente adaptable al ámbito corporativo. Por otro, Palexco, uno de los principales centros congresuales del noroeste español, cuya ubicación frente al puerto y su capacidad para albergar grandes formatos siguen siendo dos de sus grandes fortalezas.
La sensación final es que A Coruña no pretende competir únicamente con metros cuadrados de salas o capacidad hotelera. Su apuesta pasa por algo más difícil de copiar: convertir los elementos que definen su identidad —el Camino de Santiago, el mar, el vino, la gastronomía o el paisaje atlántico— en herramientas para diseñar eventos con personalidad propia.










