
Tan cerca y a veces con la sensación de estar en otra época. Marruecos hace frente a los estereotipos e intenta abrirse paso con propuestas innovadoras. Tánger y Marrakech son dos exponentes de este cambio, con el desarrollo de una incipiente industria MICE y, sobre todo, de una infraestructura hotelera de gran calidad. Eso sí, las esencias culturales permanecen casi intactas. El viaje promete tanto para los que buscan lo de siempre como para aquellos que quieren lo de aquí, pero allí.
Con los colores de las especias de los mercados, los aromas a azahar, los sabores del tajin y las pastelas, el sonido de las gaviotas frente al mar… Tánger y Marrakech son dos ciudades para disfrutar con los cinco sentidos desde el momento en el que se pone el pie en tierra. Cinco sí, porque el tacto lo es todo, ya que ambas envuelven y trastocan. ¡Y de qué manera!
Si a Marrakech se la conoce como “la perla del Sur”, al norte de Marruecos Tánger es la reina del Estrecho por su situación dominante entre Atlántico y Mediterráneo, a un tiro de piedra de las costas andaluzas. Esta condición geográfica le ha supuesto que, a lo largo de la historia, la ciudad haya sido la niña bonita que se han disputado varias naciones.
En Tánger se respira el aire del mar y la luz que cautivó a Matisse, Delacroix, Wilde, Tenesse Williams y tantos otros artistas. Una ciudad que, como dicen de la ópera, no tiene punto medio: o atrapa de por vida o se detesta, aunque puede llegar a seducir con el tiempo.
Hay que pasear por sus calles y dejarse envolver por cierto halo místico de los lugares que han sido testigo de tantas historias de personajes variopintos que de alguna forma han dejado su huella. Porque ya han pasado unos cuantos años de su edad de oro, allá por 1925, cuando la ciudad consiguió el estatus internacional, con todo el desarrollo económico, cultural y social que eso supuso, sobre todo en los años 40 y 50.
UN CUADRO EN CADA RINCÓN
Delacroix decía que en Tánger había un cuadro en cada rincón. Poco más hace falta añadir ante una afirmación tan rotunda e inspiradora para otros tantos pintores. La panorámica de la habitación 35 del hotel Ville de France sirvió de referencia a Matisse para pintar Vistas desde una ventana, que hoy cuelga en las paredes del museo Pushkin de Moscú. Las calles de Tánger también destilaron inspiración —de cualquier forma imaginable— a laGeneración Beat estadounidense, con Burroughs y Paul Bowles —el de El cielo protector— totalmente entregados a la causa.
Pero no sólo en las arterias de la ciudad, también en edificios emblemáticos que se mantienen en pie es fácil imaginarse el glamur de los dorados años 20 y 30. Historias de espionaje o, más allá en el tiempo, vicios poco confesables. Es el caso de dos localizaciones que, cómo no, miran al mar: el mítico hotel Continental y el café Hafa. El primero de ellos, de ambiente decadente mezclado con estilo oriental, fue la residencia de Churchill en sus tiempos de corresponsal de guerra. Por su terraza han pasado además desde Pío Baroja hasta Gaudí.
En cuanto al Café Hafa, no hace falta afinar mucho la vista para en un día sin bruma ver la costa española. Un panorama de lo más evocador, si no fuera porque es aquí donde los tangerinos se juntan en masa a beber té a la menta, jugar al parchís y ver el atardecer. Pero tiene su punto saber que con esas misma vistas han estado los Rolling Stone, Bob Marley o los Beatles, cada cual relajándose a su manera.
Las murallas y cuestas empedradas de la kasbah —antigua fortaleza— hacen retroceder aún más en el pasado, aquel en el que se construyeron palacetes y residencias de lujo para sultanes o gobernadores británicos y portugueses. Y de nuevo, otra oportunidad para perderse por la enrevesada red de callejuelas que forman la medina y el Zoco Chico. Hasta que el cuerpo y el presupuesto aguante.
Casi podría decirse que al igual que Tánger está entre dos mares, también hay dos ciudades. Al otro lado de la bahía hay a una ciudad totalmente distinta, alejada tanto de las historias casi medievales de la kasbah como de las de intriga de la época internacional. Desde hace unos años está surgiendo —porque no para de crecer— una ciudad cosmopolita, donde apuntan altos edificios que dibujan un horizonte totalmente diferente, cuyo eje principal es laavenida Mohammed VI.
A falta de un palacio de congresos, los hoteles se presentan como la mejor opción para celebrar eventos y reuniones en sus instalaciones. Destaca, tanto por capacidad como por sus prestaciones, el centro de convenciones del hotel Royal Tulip, que puede dar cabida a 1.000 personas.
Otro en el que no importa recluirse por unos momentos es el hotel Farah, que llama la atención por un diseño novedoso y hasta cierto punto vanguardista, pero con toques orientales. Dispone también de varias salas, la mayor con capacidad para 500 personas. Y al más puro estilo del lujo de la marca, ya en la carretera hacia Ceuta, el Sofitel Tamuda Bay Beach & Spa, concebido como un estiloso balneario, cuenta también con varias salas para reuniones. Porque no hay que olvidar que en esta ciudad de cara al mar también hay playas, unas cuantas y buenas.
MARRAKECH, LA CIUDAD ROJA
La ciudad roja o la de Dios son los significados que se atribuyen al nombre de Marrakech. Lo del color viene por la costumbre de construir en tonos ocres que ha dado durante siglos ese aspecto a la ciudad. Lo de Dios tiene un sentido más profundo, pero dándole un poco a la poesía y teniendo en cuenta la cercanía del Atlas, tal vez estas montañas sean la puerta más cercana que tengamos del cielo.
Al salir del aeropuerto y enfilar hacia la ciudad es donde se hace más patente el maridaje de contrastes. Lo que aparece de repente es una ciudad actual, con amplias avenidas y edificios aún más modernos. Es la zona nueva. Aquí se encuentran los grandes hoteles de cadenas internacionales, restaurantes —también con el logo de la globalización— y algunas tiendas. Es decir, todo lo que alguien que venga de más allá del Estrecho pueda echar de menos.
Y es aquí, cómo no, donde se encuentra el Palacio de Congresos de Marrakech, el más grande de África Occidental y que, entre otros grandes eventos, albergará la próxima cumbre climática COP22 en noviembre. Abarca una superficie de más de 5.600 m², que incluyen 2.700 m² de diferentes halls para dejar volar la imaginación en forma de evento.
De menos a más, cuenta con 14 salas que se pueden utilizar para pequeñas reuniones o como espacios de apoyo a los grandes congresos. El Auditorio de los Embajadores, con 500 m² puede dar cabida a 430 personas, pero si se trata de un congreso de grandes dimensiones, el idóneo es el Auditorio de los Ministros. En tres alturas, esta gran sala cuenta con 1.700 m² y dispone de 1.530 asientos. La nota glamurosa la pone el Salón de Baile Real, en la que sí que cabe soñar con leyendas de lámparas maravillosas y genios que conceden deseos. Lo que más llama la atención, además de las dimensiones, es la claridad que entra por doquier. Luz reforzada por el color blanco de los mármoles de techos, suelos y paredes con motivos arabescos.
CUESTIÓN DE ‘CHARME’
Durante algún tiempo Marrakech fue la capital del reino, por lo que aún conserva algunos vestigios de aquellas épocas de lujo y esplendor. Tal es el caso del palacio de Badi, que se levantó a mediados del siglo XVI, hoy prácticamente en ruinas. En cambio, en el palacio de la Bahía cuesta mantener la vista al frente, ya que inevitablemente hay que mirar hacia los artesonados, relieves y decoraciones que hay sobre las cabezas.
Entre sus muros no llega el jaleo de la medina de Marrakech, cuyo eje es la plaza Yamaa el Fna, declarada nada menos que Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, y el enjambre de calles del zoco. Aquí es fácil perderse, es más, hay que hacerlo. Dejarse llevar entre los cientos de puestos en los que a la vista, al oído y al olfato les cuesta asimilar tantas sensaciones. Donde practicar el noble arte del regateo que exige tiempo y paciencia, un arte que termina picando incluso a los más reacios del shopping.
Para quien se despiste entre puesto y puesto, el referente es el minarete de la mezquita Kutubía, considerado el faro de Marrakech, a imagen y semejanza de la Giralda de Sevilla. Las similitudes andaluzas no se quedan ahí, ya que las calesas que están alrededor son una agradable opción para recorrer la ciudad.
Dejando atrás las murallas de la medina —con sus 19 puertas a lo largo de los 19 km— se vuelve a una ciudad palpitante donde el ritmo no para hasta que se llega al Palmeral. Una extensión de más de 13.000 hectáreas con 100.000 palmeras plantadas en tiempos de los almorávides y que aún hoy cumple con su función de pulmón de la ciudad y abastecimiento de dátiles. Como todo en Marrakech, se puede disfrutar de varias formas: en modo aventurero sobre un quad, a los lomos de pacientes camellos o bien, relajándose en los hoteles y el campo de golf que están ahí mismo.
En este entorno tan idílico también hay espacio para el trabajo. En el resort de Palmeraie hay un Centro Internacional de Conferencias que cuenta con 4.000 m² para la celebración de congresos y eventos. Los hoteles de los alrededores suman 2.000 camas. La oferta de alojamiento, el entorno, la versatilidad de los espacios modulares y las facilidades que se ofrecen para ambientar cualquier evento hacen posible vivir el sueño de Las mil y una noches, eso sí, con los avances del siglo XXI.
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GRAND HOTEL VILLA DE FRANCE
Es de esos hoteles en los que parece que el tiempo se ha detenido. Elegante, sobrio y con una de las mejores panorámicas de Tánger desde la terraza. Se construyó en el siglo XVIII y sus pasillos pueden contar historias que entremezclan el espionaje y los acuerdos diplomáticos.
Esquina de rue Angleterre y Rue Hollande. Tánger
Tel. +212 (0) 539 333 111
www.ghvdf.com
KENZI MENARA PALACE
Quien se haya alojado en hoteles del sur de España se va a encontrar aquí como en casa, porque es muy del estilo andaluz. Habitaciones bastante espaciosas, repartidas en estructuras similares a los típicos riads de la medina. Cuenta con nueve salas para reuniones, la mayor con capacidad para 400 personas.
Zone de l´Agdal, Avenue Mohamed VI. Marrakech
Tel. + 212 (0) 524 459 900
www.kenzi-hotels.com/kenzimenarapalace
PALMERAIE PALACE
Este cinco estrellas sorprende tanto por sus dimensiones como por su diseño, a la manera tradicional marroquí. Un destino en sí mismo junto al Palmeral de Marrakech y con vistas al que está considerado como el mejor campo de golf de África desde 2006. Cuenta con el plus del Centro Internacional de Conferencias.
Circuit de la Palmeraie. Marrakech
Tel. +212 (0) 524 305 050
www.palmeraiemarrakech.com/hotel/palmeraie-palace
AL KORSAN
Para disfrutar a buen precio de los manjares marroquíes, es decir, de las pastelas, el cuscús o los tajines, todo adobado con música en directo. El restaurante está dentro del hotel El Minzah.
Rue de La Liberté. Tánger
Tel. +212 (0) 539 333 444
www.elminzahleroyal.com
MOROCCO CLUB
Uno de los restaurantes de moda en Tánger. Está ubicado en una placita junto a la kasbah, por lo que supone una opción perfecta no sólo para degustar su carta, sino para hacer un alto en el camino tomando un té a la menta. Cocina marroquí con cierto toque innovador y varios ambientes.
Place du Tabor. Tánger
Tel. +212 (0) 539 948 139
www.elmoroccoclub.ma
LA SULTANA
Una buena opción para quienes quieran descubrir la magia de los riads de Marrakech. Una cuidada selección de lo mejor de la cocina marroquí de temporada en la azotea de uno de los hoteles con más encanto de la ciudad.
403, rue de la Kasbah. Marrakech
Tel. +212 (0) 524 388 008
www.lasultanamarrakech.com
GRUTAS DE HÉRCULES Y ASSILAH
A 20 minutos de Tánger se encuentra uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad. La naturaleza ha querido formar en las rocas junto al mar formas caprichosas en forma de cuevas y un agujero que dibuja el mapa de África. Un poco más lejos, Assilah es un pequeño enclave costero con las calles encaladas en las que destacan las puertas verdes y azules. Pasear por sus calles, por la plaza presidida por el Bastión de los Portugueses o disfrutar de las panorámicas desde un lado de su muralla es una auténtica delicia. Mucho menos impostada y más auténtica que otras poblaciones del estilo blanco y azul del norte de África.
LAGO BIN EL OUDIANE
En el Atlas, a algo más de tres horas por carretera de Marrakech, la naturaleza premia a los que llegan hasta aquí con el regalo de un lago de aguas de un azul intenso. El contraste con los tonos rojizos de las orillas y el reflejo de las montañas hacen el resto. Ideal no sólo para hacer fotos, que las merece, sino también para realizar cualquier tipo de actividades acuáticas. Para disfrutar aún más, el hotel Widiane Suites & Spa es un refugio de lujo con una panorámica del lago de las que dejan huella. Para grupos con ganas de incentivos de calidad.
www.widiane.net










