
Tres mil horas de sol al año, casi la mitad de su territorio declarado como espacio protegido, una diversidad paisajística envidiable, impresionantes hoteles y, cómo no, la magia del Teide, tan cercano a las estrellas, deberían bastar para elegir Tenerife como destino de incentivos casi con los ojos cerrados. Pero la isla reserva muchas más propuestas para sorprender a los grupos con ganas de experiencias.
Puede que solo sea una sensación, pero a los pies del Teide el cielo es más limpio, más rotundo, más cercano… El contraste de su intenso azul sobre el colchón algodonoso de las nubes, con la paleta entera de cromatismos volcánicos y el colofón ocasional de las nieves del techo de España, crean un conjunto difícil de superar. Aquí y en Pekín. Tan próximo a las estrellas, que los astrofísicos de todo el mundo que han plantado sus telescopios en las inmediaciones de la imponente montaña casi pueden acariciarlas con la punta de los dedos.
La sana envidia de los visitantes neófitos ante tamaño privilegio de los hombres y mujeres de ciencia empieza a abrir las puertas de uno de los principales puntos de observación del mundo, que hace poco estrenó el mayor telescopio solar de Europa. Ya es posible entrar en las tripas de uno de esos extraños artilugios de lentes y espejos en grupos mínimos de 15 personas un par de días a la semana, aprovechando periodos de descanso de los investigadores.
Magna Congresos (www.magnacongresos.com) programa en exclusiva estas incursiones al Observatorio de Izaña, en colaboración con el Instituto de Astrofísica de Canarias, incluso en sesiones nocturnas, contando siempre con las condiciones meteorológicas apropiadas.
Sobre el terreno, el descubrimiento del Parque Nacional del Teide, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 2007, llevaría innumerables jornadas, con sus cerca 200 km2. Pero una primera aproximación en 4×4 es de los mejores aperitivos que se pueden saborear hasta que llegue el momento de volver. Las caprichosas formas de las rocas, salpicadas de lenguas de lava en medio del malpaís son un aliciente para la imaginación.
Receptivos como Team Factory (www.teamfactoryworld.com) programan entre sus actividades una divertida competición fotográfica en la que el grupo, dividido en equipos, tiene que encontrar e inmortalizar con sus instantáneas las figuras propuestas, y no solo el famoso Roque Cinchado que salía en los billetes de mil pesetas.
El sencillo y solitario Parador, con sus prodigiosas vistas antes las que nadie puede hacerle sombra, es un buen punto de descanso para llenar el estómago antes de iniciar el descenso por alguna de las tres rutas principales que dan acceso al parque, en función del punto de la isla por el que se desee continuar.
Una de las opciones más atractivas es bajar por la sinuosa carretera que transcurre por el espléndido valle de La Orotava hasta llegar al pueblo del mismo nombre, una verdadera joya de arquitectura colonial. Si las fuerzas responden (porque las calles son endiabladamente empinadas), el lugar da pie a organizar una gymkana para conocer detalles de sus preciosas iglesias y casas señoriales.
Estando por el norte, otra parada obligada es Puerto de la Cruz, donde se encuentra el Hotel Botánico, que abre otro de los capítulos dorados de la oferta turística de Tenerife: su soberbia planta alojativa. En el segmento top hay unos cuantos pesos pesados con un listón de calidad difícilmente igualable. Por supuesto el Botánico, un 5*GL glamuroso por vocación, miembro de The Leading Hotels of the World, y con enorme spa inmerso en un exuberante jardín oriental que está considerado entre los mejores de Europa.
En Santa Cruz, la capital, la estrella es el histórico Grand Hotel Mencey, de la cadena Iberostar, renovado en 2011 sin perder un ápice de su delicioso estilo colonial y palaciego. A pesar de encontrarse en pleno centro, ofrece 8.000 m2 de jardín, y está dispuesto en torno a un precioso patio con piscina.
Entre la variada oferta alojativa del sur de la isla, donde destacan también excelentes cuatro estrellas, como el Jardín Tropical, muy bien situado en plena Costa Adeje, el mayor lujo está coronado por tres despampanantes resorts: el Gran Hotel Bahía del Duque, el Gran Meliá Palacio de Isora y el Abama Golf & Spa Resort. Complicado inclinarse por uno de ellos.
El primero, de arquitectura tradicional canaria del s. XIX, cuenta con nada menos que 63.000 m2 de jardines tropicales, todo un oasis para deleitarse frente a la paz del Océano Atlántico, sobre todo en sus exclusivas Las Villas, inauguradas en 2008.
El Abama, que ahora gestiona Ritz-Carlton, sigue siendo una institución, con su encantadora playa accesible por funicular, las extraordinarias villas y un campo de golf diseñado por Dave Thomas donde es fácil despistarse contemplando La Gomera o caminando entre sus 22 lagos conectados por cascadas.
En cuanto al Palacio de Isora, buque insignia de la marca Gran Meliá, a sus irresistibles atractivos hay que añadir el servicio RedLevel, sólo para adultos, donde disfrutar, por ejemplo, de un jacuzzi en la terraza de la Demi Suite o cualquiera de sus espectaculares Garden Villas, además de su menú de almohadas, la aromaterapia en las habitaciones o el servicio de mayordomía, entre otras ventajas.
Con tantos placeres para el body, cualquiera se resiste a salir del hotel. Pero hay que hacerlo. Porque Tenerife ofrece muchas más sorpresas, desde un recorrido en catamarán para avistar las ballenas piloto (calderón tropical), con una importante colonia frente a las costas de la isla, hasta una cena temática en Pueblo Chico (www.pueblochico.com), donde se pueden encontrar reproducciones a escala de los edificios y paisajes más emblemáticos de Canarias; pasando por una jornada de adrenalina y diversión en el parque acuático de Siam (www.siampark.net), que además ofrece sus espacios para organizar todo tipo de eventos. Y, por qué no, revivir el Carnaval, tan adorado por sus habitantes, en una hacienda platanera típica en mitad del campo. ¿Quién da más?
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www.tenerifecb.com
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