
Más allá de sus palacios, Venecia late en talleres, librerías y boutiques donde cada objeto atesora la memoria viva de la ciudad. En la República Serenissima, el comercio fue durante siglos el motor de su grandeza: las sedas orientales, las especias y los perfumes llegaban aquí antes que a cualquier puerto. Ese espíritu mercantil sigue vibrando en sus sestieri, barrios donde apreciar su artesanía y diseños contemporáneos.
TEXTO Y FOTOS GELES RIBELLES
Auténtico corazón de la ciudad, en la plaza San Marcos la historia se despliega entre la Basílica y el Palacio Ducal. Bajo sus soportales palaciegos y los cafés históricos de Florian y Quadri se esconden algunas de las tiendas más refinadas.
Joyerías como Coin, Bodrian, Bernardi, la exquisita Nardi —muy famosa por sus moretto (cabezas de moro plasmadas en joyas)— o Trevisan, con artículos de pura seta. No falta la artesanía en Martinuzzi, que ofrece tesoros de Murano y ropa de casa con el tradicional merlleto (encaje) proveniente de la isla de Burano.
Pero hay que perderse y callejear alejándose de las vías principales por el entresijo de calles y puentes, pues cada rincón depara una sorpresa. En Ramo dei Fusseri 1810, los bajos del Palacio Regina Vittoria, donde residió Goethe, los escaparates de Pot Pourri son siempre un reclamo. Muestran diseños elegantes de Scapa, Lardini, Alberto Fasciani, PT Torino, Marco Pescarolo, Berwich Il Pantalone Italiano, para hombre, mujer y niños, y artículos para la casa.
A pocos pasos del Teatro La Fenice, en Campo de San Fantin, aparece una de las perfumerías más bellas de la ciudad. The Merchant of Venice (‘El mercader de Venecia’) envuelve en un viaje sensorial al pasado con su decoración original de 1600 con vitrinas de nogal y frescos. Enamoran sus fragancias inspiradas en la época en que Venecia era la capital europea del perfume (siglo XVII), presentadas en preciosos frascos de vidrio de Murano o en icónicos palines de cristal, que evocan los postes de madera de amarre de las góndolas.
En la calle La Mandola se suceden locales sugerentes como Bottega Casati. Sus agendas y cuadernos de papel marmoleado recuperan técnicas antiguas con estética contemporánea. Por su parte, la Cappelleria Lost in Venice presenta los sombreros y gorras del diseñador Alfonso D’Este y los clásicos Borsalino y Panamá.
En Maneki Neko, Laura Valisco y su hijo Alessandro confeccionan camisas a medida con tejidos italianos impecables. Mientras, Giorgio Calzavarra es el artífice de Quorami, un taller donde el cuero curtido vegetal se transforma en cinturones, bolsos, mochilas y pulseras.
Y para quienes buscan tesoros en papel, la librería Antiquaria Linea D’Acqua invita a perderse entre libros antiguos, primeras ediciones, mapas raros y grabados de Venecia, en el 3717 de la calle de la Mandola. Cerca, en Ca Pisani, la familiar firma Rubelli (1781), apreciada por sus magníficos terciopelos que ya
eran un signo de distinción en el XVI, continúa la tradición con maravillosos diseños de telas, bolsos y tapicerías. Conserva un archivo histórico con más de 7.000 diseños.
Rialto y San Polo
Durante siglos, el barrio de San Polo fue el verdadero corazón comercial y centro económico de la ciudad. El Puente de Rialto conectaba las rutas comerciales y el Mercado de Rialto abastecía a toda la laguna. Bajo los soportales del puente, Piedàterre mantiene viva la tradición de las friulane, zapatillas de terciopelo con suela de goma utilizadas por los gondoleros para no resbalar y dañar la madera de sus embarcaciones.
A pocos pasos, M’Art, la concept store del hotel Venice, reúne piezas de arte únicas, muebles, lámparas, ropa, artículos de belleza y objetos de diseño, junto a ediciones limitadas de zapatillas Golden Goose e incluso la cafetera Moka de Bialetti.
Y si se buscan marcas de lujo, Vintageria Venezia cuenta con infinidad de modelos vintage de marcas y diseñadores italianos en Campo S. Maria Mater Domini 2120 o en su nuevo local en Cannaregio 1617. A su vez, Il Pavone en San Polo es una encantadora papelería con una amplia gama de artículos y el característico marmoleado de Paolo Pelosin.
Además de las tiendas, Rialto es un lugar ideal para merodear por los tradicionales baccari y probar los típicos ciccheti, pequeñas tapas de bacalao, albóndigas o sardinas.
Castello
Por su parte, el barrio de Castello conserva una atmósfera más tranquila y auténtica. Aquí sobreviven algunos de los talleres que mantienen viva la tradición del carnaval. Uno de los más fascinantes es Atelier Kartaruga. En él, Francesca Cecamore elabora máscaras con papel maché y las decora con encajes, plumas, terciopelo o cristales Swarovski. Algunas fueron elegidas por Stanley Kubrik para la película Eyes Wide Shut e incluso hay talleres para elaborar tu propia pieza.
Cannaregio
Cannaregio es uno de los barrios más genuinos de la ciudad. Aquí se encuentran el antiguo gueto judío y calles animadas por la vida cotidiana de los venecianos. Es también un lugar ideal para descubrir talleres comprometidos con la sostenibilidad. Uno de los más inspiradores es Relight Venice, estudio de la artista Michela Bortolozzi. Ofrece velas, joyas, jabones o pequeñas esculturas hechas con materiales recuperados de la ciudad, con cera de iglesias, madera de forcolas de góndola o metales de antiguas fundiciones. Cada uno de sus objetos contiene un fragmento de Venecia, como las velas que evocan la arquitectura gótico-bizantina veneciana.
Dorsoduro
Dorsoduro es uno de los sestieri más elegantes, donde el arte se despliega entre la Galleria della Accademia, el Museo Peggy Guggenheim y la Punta della Dogana hasta la Basílica Santa Maria della Salute, con cuadros de Tiziano. Pero entre galerías y palacios también sobreviven tiendas y talleres en los que la artesanía veneciana continúa reinventándose.
Cerca de Campo Santo, Stefano Arcoboleno es como un gabinete de curiosidades donde paraguas de Passotti, bastones artesanales, plumas de vidrio y pigmentos conviven con timbres y aldabas inspirados en modelos históricos.
En Laguna B (Dorsoduro 3276), Marie Brandolini reinventa el vidrio de Murano en sus vasos, copas y coloristas floreros con diseños innovadores.
Muy cerca, Bottega Cini es una concept store que parece un museo renacentista contemporáneo. Sus vitrinas exhiben piezas de vidrio de Murano de Nason Moretti, porcelanas de Geminiano Ponzi, serigrafías del histórico taller Fallani y libros de arte editados por casas venecianas, así como las joyas únicas de cuentas de vidrio de la artista Marisa Convento. Todo un tesoro.










