FILIPINAS. Siete mil paraísos en uno

FILIPINAS. Siete mil paraísos en uno

Nacho Sayas

Compartir

Filipinas es un edén compuesto por miles de islas, muchas de ellas de difícil acceso, tradiciones centenarias, playas paradisíacas, paisajes idílicos y espectaculares fondos marinos. Todos estos valores definen la esencia de un destino en el que solo hay que decidir por dónde se empieza.

En la isla de Luzón, la más importante del archipiélago de Filipinas, se encuentran su capital y la mayor parte de la población local, repartida entre Manila y Metro-Manila, esta última conformada por diferentes ciudades, como Caloocan, Valenzuela, Quezón, Mandaluyon, Makati o Pasay. Su skyline es cambiante debido al auge de la construcción de grandes rascacielos.

Esto contribuye a que en sus calles exista un contraste muy grande entre lo nuevo y lo viejo, entre los coches último modelo y los jeepneys heredados de la presencia estadounidense, los malls que tantos adeptos tienen entre los lugareños y los puestos callejeros donde disfrutar de la gastronomía más popular.

En el centro de la isla de Luzón nos encontramos con la Tierra de los Ifugaos, un lugar único donde la cordillera central alberga majestuosos paisajes de montaña, lugar de asentamiento del poblado Banaue. Los mismos habitantes describen el sitio como “allí donde la tierra se funde con las nubes para encontrar el cielo”. Por eso las terrazas cubiertas por plantaciones de arroz son las escaleras que llevan al firmamento.

Para admirar este espacio, declarado Patrimonio de la Humanidad, es preciso serpentear durante horas por una carretera estrecha y polvorienta. Cavadas en escarpadas laderas, estas terrazas de piedra, de hasta 2.000 años de antigüedad, ascienden desde los valles hasta alturas vertiginosas.

El cultivo y mantenimiento de las plantaciones se realiza sin ningún tipo de ayuda animal o mecánica, debido a la dificultad que entraña ascender por los empinados arrozales, cuyas superficies no ocupan más de una docena de metros cuadrados.

Resulta increíble observar cómo esta tribu se las ha ingeniado para que las fuentes y riachuelos de las cumbres bañen sucesivamente canales y arrozales, creando espejos de agua de los que surgen elegantes los tallos del arroz. Las tradiciones locales se pueden apreciar en pueblos como Tam-am-village, donde se conservan los cuerpos de los ancestros envueltos en trapos de colores y dentro de sus propias cabañas.

Herencia española

La isla de Cebú, en el corazón del archipiélago de Las Visayas, está considerada como el lugar de mayor arraigo español. Allí fue donde desembarcó Magallanes el 16 de marzo de 1521, para morir pocos días después a manos de Lapu Lapu, jefe de la tribu local. Un bonito ejemplo de la influencia hispánica es la basílica del Santo Niño, santuario del cristianismo y en cuyas sus puertas se conserva la cruz de madera con la que Magallanes concretizó su llegada.

El legado español se percibe en muchos aspectos de la vida cotidiana, incluso en el vocabulario de la población local.  Y no solo en esta isla: en Mactan, que alberga parte de la mejor infraestructura hotelera del país, existen varias fábricas de ¡guitarra española!

En la isla de Mindanao, Zamboanga es la más latina de las ciudades filipinas. Allí se habla el chabacano, lengua criolla derivada del español. Es una urbe llena de vida: los comercios y puestos callejeros comparten espacio con motos chinas, coreanas y japonesas con psicodélicos sidecares que hacen funciones de taxi. Estos vistosos triciclos son el modo de locomoción por excelencia, utilizado tanto para transportar personas como mercancías.

La isla de los Pintados

Bohol es conocida con este nombre porque sus habitantes tenían antiguamente todo el cuerpo tatuado. La piel servía de testimonio del estatus social y de los servicios prestados a la comunidad. Aquí se encuentran resorts de todo tipo, principalmente en la vecina Pangalo, conectada por un puente, especializados en la organización de salidas para la práctica del submarinismo.

Esta zona está menos frecuentada que Palawan, referencia filipina y mundial para buceadores de todos los niveles. De noche se puede pasear por Sevilla o Valencia… En Alburquerque está la primera iglesia construida por los españoles.

Más allá de ser un interesante testimonio de la colonización española, Bohol alberga un fenómeno geológico de máxima relevancia: las montañas de chocolate, una formación circular con una vegetación que cambia de color según la estación del año.

La oferta de preciosas playas de arena blanca y aguas cristalinas es tan amplia que solo hay que decidirse por cuál escoger. En el extremo noroeste de Las Visayas está Boracay, que alcanzó su fama en los años 60 cuando el movimiento hippy la colocó en el mapa mundial.

Hoy en día es la meca del turismo en Filipinas, allí donde los días se suceden bajo el sol disfrutando de sus hermosas playas, deleitándose con los masajes recibidos bajo una palmera o disfrutando de los deliciosos zumos de mango. También jugando en alguno de los nuevos campos de golf.

Como en todo el sudeste asiático, la acogida es sencilla y siempre con una sonrisa, que se hace aún más agradable cuando al otro lado del mundo uno es recibido en español.