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Luxemburgo / JAVIER MORENO

«En Luxemburgo el trabajo bien hecho
se premia con libertad y confianza»

Javier Moreno - Luxemburgo

Nacido en Madrid, Javier Moreno vive desde 2024 en Luxemburgo, el pequeño gran país perteneciente al Benelux y situado en el corazón de la Unión Europea. Como no podía ser de otra manera, este expatriado en el Gran Ducado trabaja en el sector financiero, principal activo de un país en el que la mitad de los residentes son extranjeros, en su mayoría expatriados.

TEXTO A. GUARDIA

Javier Moreno es graduado en Economía, cuenta con un máster en Banca y Finanzas Cuantitativas, además de formación continua en Análisis y Gestión de Datos, y trabaja en el país en la división luxemburguesa de la consultora multinacional Ernst & Young (EY). «Ocupo un puesto de consultor. Proveemos servicios a nuestros clientes relacionados con la valoración de productos financieros complejos y proyectos de gestión de riesgos financieros. Recientemente, también hemos desarrollado proyectos de riesgo climático para nuestros clientes», detalla.

Las expectativas son siempre importantes para cualquier expatriado, para cualquier profesional que llega a una cultura empresarial y social en ocasiones totalmente distinta a la propia. «La verdad es que no tenía ni idea de cómo sería Luxemburgo; solo sabía ubicarlo en el mapa. Lo que sí había oído es que había un gran tejido empresarial y financiero, pero no me esperaba que fuera de esta magnitud». Se trata, en efecto, de una auténtica burbuja social y económica: puntera y manejable, rodeada de algunas de las grandes naciones europeas.

Para hacerse una idea, se trata de un pequeño país europeo —un Gran Ducado— en el que cerca del 50 % de sus habitantes son luxemburgueses y el otro 50 %, extranjeros que viven en el país por motivos laborales. «Esto no solo se debe a motivos salariales, sino también a la oportunidad de trabajar en un entorno internacional, multicultural e inclusivo», explica el madrileño.

Estar centrado en un trabajo tan inmersivo no significa que desconozca los alrededores comunitarios. «Vivo a caballo entre Luxemburgo y Bruselas, ya que paso allí bastantes fines de semana, dado que mi pareja y muchos amigos residen allí», asegura. Todo está muy cerca en el Benelux. De hecho, su adaptación resultó muy sencilla, en parte por todos esos conocidos, pero sobre todo por el ambiente y la acogida. Javier se adaptó en una semana, un tiempo récord, el tiempo que tardó en encontrar su actual residencia: «El país te lo pone fácil y hay mucha gente dispuesta a ayudarte en todo momento, lo que hace que sea difícil encontrar dificultades para adaptarse. Yo ya hablaba inglés y francés, lo cual también ayudó».

CULTURA LABORAL

Respecto a los negocios, según Javier, en su área apenas hay diferencias con España. «Los grandes fondos y bancos operan principalmente en renta fija y private equity, y destacan por estar plagados de asset managers y personal orientado a riesgos. Además, hay un fuerte impacto y presencia de instituciones financieras europeas, como el Banco Europeo de Inversiones, entre otros». Por lo que comenta, el sistema funciona: «En su cultura empresarial, el trabajo bien hecho se premia con independencia, libertad y confianza». En el día a día laboral, afirma, la productividad es sensiblemente más alta: menos descansos y horarios distintos a los que se está acostumbrado en España.

Fuera del trabajo, en la calle, la sensación mejora todavía más. Por ejemplo, como él mismo reconoce, la conciliación laboral y familiar resulta más fácil que en nuestro país. Lo habitual es disponer de dos días de teletrabajo. «Como ciudadanos nos despertamos con ganas de ir a la oficina, dar lo mejor de nosotros mismos y regalar una sonrisa en el autobús, en los restaurantes y supermercados. Cuando vives en una sociedad con pocas preocupaciones, descubres que cualquier desconocido puede tratarte como una persona cercana, aunque también hay excepciones. La educación de todos es ejemplar y desde que estoy aquí no he visto ningún altercado o delincuencia; es admirable». La seguridad, subraya, es un factor decisivo.

Esto tiene mucho que ver con el alto nivel de vida y el reducido tamaño del país. «Luxemburgo tiene transporte público gratuito, sanidad pública excelente, buenos colegios y unos precios que, aunque en residencia y hostelería sean algo elevados —pero mejor balanceados que en España respecto al salario—, en lo que respecta al resto de gastos no son tan altos». Por decir algo negativo, este madrileño echa de menos una oferta universitaria mayor —el tamaño del país no ayuda— y un ocio algo más variado los fines de semana. De todos modos, siempre le quedará Bruselas. Y en lo que respecta a los tópicos, «en contra de lo que piensa mucha gente, los españoles somos vistos como personas perspicaces y agudas, aunque también somos conocidos aquí por nuestra cultura y la fiesta».

Puestos a soñar, en este epicentro financiero, pleno de oportunidades laborales y personales, Javier no puede dejar de echar de menos a la familia y los amigos, el sol de invierno y poder escaparse un fin de semana a algún pueblo maravilloso. Por el contrario, este joven consultor ha borrado de su mente «la elevada presión fiscal y la inestabilidad política», este último un aspecto patrio en el que prácticamente todos los expatriados parecen estar de acuerdo. Por algo será.