París. CARLOS MUÑOZ / Renault

París. CARLOS MUÑOZ / Renault

“Aquí hay leyes que obligan a desconectar del trabajo”

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Se fue hace casi un año para participar en un proyecto en la sede de Renault en Francia y, aunque tiene ya fecha de vuelta, se siente muy a gusto trabajando allí. Este ingeniero vallisoletano se mueve como pez en el agua en un departamento dirigido por un francés y con compañeros japoneses y coreanos. Y destaca sobre todo el carácter integrador de los galos, que le acogieron desde el principio a ritmo de barbacoas de fin de semana. Eso sí, reconoce hacer piña con los compatriotas en cuanto puede porque, según dice, al fin y al cabo, uno se siente más español cuando está fuera de casa.

 

 

Pocas empresas habrá más francesas que Renault. Y Carlos Muñoz lleva trabajando toda su vida laboral en la fábrica que la compañía tiene en Valladolid, la mítica FASA. Hace algo más de un año le ofrecieron ir a la sede de Ingeniería Central de París –o más bien, de Guyancourt— para encargarse de un proyecto cuya duración, en principio, se estimaba de dos años.

En concreto, su puesto es el de “PFI (Piloto Función Industrial) Proyecto HJB”. Carlos, ingeniero industrial de profesión, lo dice de carrerilla. Para los iletrados en la materia, significa que en la factoría de Valladolid se va a fabricar el próximo modelo de Renault y las piezas se diseñan en Francia, por lo que entre ambas partes se establece una estrecha colaboración para llevar a cabo el desarrollo e industrialización de este nuevo vehículo. Un proyecto en el que no solo intervienen franceses y españoles, también de otras nacionalidades. De hecho, en el equipo de Carlos, que dirige un francés, trabajan coreanos y japoneses, por lo que en ese Babel la lengua común para entenderse, además del francés, es el inglés.

SIESTAS Y FLEXIBILIDAD

La sede de Guyancourt, a unos 15 km de París, es un megacomplejo de edificios, talleres de pruebas y laboratorios en el que trabajan cerca de 10.000 personas y en el que impera el carácter multinacional. Y en ese ambiente, los tópicos que los franceses tienen de sus vecinos del sur son los clásicos. Según Carlos, “los chistes de la siesta española se los sabe todo el mundo, pero ellos se la echan cuando pueden”.

La acogida fue desde el principio muy buena, aunque bien es cierto que, dado el trabajo que desempeñan, la colaboración está a la orden del día. “Hoy estoy yo aquí, pero luego irán ellos allí, así que es algo así como un quid pro quo”, comenta. ¿Y cómo es trabajar con un francés? Según Carlos, los problemas que pueda haber no son por la nacionalidad, sino por el día a día laboral. “A ellos, como en otros países, lo que les choca son nuestros horarios, que van dos horas por detrás de los habituales en Francia y en el resto de Europa”, explica.

Precisamente algo que destaca Carlos es la flexibilidad en los horarios de trabajo, ya que se trabaja por objetivos y no para cumplir con el reloj. No es de extrañar en un país que ha aprobado por ley que hay que desconectar de la oficina, en el sentido de limitar el acceso al mail fuera de horas de trabajo. “En Francia se cuida mucho la conciliación. Cuando yo me vine aquí, pude negociar bastante bien mis condiciones para los viajes a casa”, asegura Carlos.

Y no es para menos, ya que en Valladolid dejó a su mujer, Sofía, y a cuatro niños. Así que cada 15 días vuela a Madrid y luego tren a Pucela, por lo que ya acumula unos cuantos puntos en las tarjetas de Iberia plus y +Renfe.  Además, aprovecha para alargar los fines de semana: “me organizo de tal forma que si tengo reuniones en Valladolid sean un viernes o un lunes. O incluso para trabajar desde mi casa de Valladolid; con cuatro hijos eso se agradece”.

LA PIÑA ESPAÑOLA

Porque obviamente, lo que más añora son los tradicionales tópicos: familia, amigos y comida española, aunque también echa de menos la vida en la calle: “los franceses son muy de salir del trabajo y meterse en casa; al final, vas a dar una vuelta y te vuelves por aburrimiento”. Algo que se nota mucho más en pequeñas localidades. Carlos vive en un pueblo cerca de Versalles, ya que su oficina se encuentra a 9 km de allí. “Otros prefieren vivir en París, pero al final se meten cada día casi tres horas de atascos entre el trayecto de ida y vuelta; estarán en el centro sí, pero se pasan media vida en el coche”, razona. No obstante, los atascos de 20 o 30 minutos de cada día ya se los toma con filosofía: “los vallisoletanos, que no somos de mucho tráfico, eso lo llevamos fatal, aunque ya me voy acostumbrando”.

Entonces, ¿lo del afterwork y las cañas typical spanish? Carlos no es el único expatriado español en la sede francesa de Renault, hay unos 15 más en una situación similar, así que sí que aprovechan para salir de vez en cuando, hacer turismo o ver algún partido. Y aquí es cuando le sale la nostalgia. “Al estar aquí, sin  familia, te unes más, porque compartes las mismas experiencias; cuando nos juntamos los españoles fuera, te sientes más español”.

En cualquier caso, subraya la hospitalidad con la que siempre le han tratado sus compañeros franceses, con los que ha compartido barbacoas, butaca en el estadio de Saint-Denis e incluso alguna batallita de paintball. “Son muy de integrar y cuando se está en esta situación, es algo que se valora mucho”. De todas formas, ya no le queda mucho para volver y parece ser que los turrones se los comerá tranquilamente en casa, sin estar pensando en coger el avión de regreso.