Inicio TENDENCIAS PANORAMA EL PAPEL DE LA TECNOLOGÍA. Eventos que en realidad no existen

EL PAPEL DE LA TECNOLOGÍA. Eventos que en realidad no existen

José Luis García Lorente

Todo evento necesita, casi por definición, alguna característica o particularidad que lo haga único. Un buen modo de conseguir ese elemento diferenciador sorprendente y original es apostar por la tecnología como recurso, un mundo casi ilimitado y que no deja de ofrecer novedades y marcar tendencias.

El mundo de la tecnología aplicada a los eventos es tan inmenso como el propio mundo de la tecnología. O como el propio mundo. Porque no existe tecnología que, de un modo u otro, no pueda incorporarse a un evento. Hay eventos que no sólo beben del mundo de la tecnología, sino que viven en él. En un mundo creado por la propia tecnología. Por eso habría que dividir este mundo dos, teniendo en cuenta su relación con la realidad. Hablamos, en ambos casos, de tecnologías que crean realidades diferentes. Aunque unas sean más reales que las otras…

La realidad que no existe

Una de las necesidades habituales en la organización de eventos es dotar al entorno de la apariencia necesaria o adecuada para consolidar el mensaje que se desee transmitir. Si queremos que nuestro evento tenga lugar en una isla paradisiaca, en el Polo Norte, en un planeta por descubrir o, incluso, en otra dimensión, tenemos, de primeras, un par de posibilidades básicas. Por un lado, recrear ese mundo imaginario con los métodos habituales de decoración, es decir, materiales reales (madera, cartón, telas…) con los que crear decorados, iluminación, efectos de sonido… Incluso, por qué no, efectos metereológicos o especiales. De este modo tenemos un mundo real (en el sentido de palpable), pero no necesariamente realista. Es un mundo, quizás, más fácil de tocar que de sentir.

Por el lado contrario, disponemos de mundos mucho más realistas, a veces difíciles de distinguir de los reales, pero que al acercarse demasiado, simplemente, desaparecen. Mundos generados por computador o tecnologías similares. Mundos interactivos, dinámicos, adaptables… pero absolutamente inexistentes.

Pasear entre hojas secas que desaparecen a nuestro paso, deslizarse sobre el suelo con la sensación de estar caminando sobre el agua o jugar a fútbol con un balón que podemos ver y que responde a nuestras patadas, pero que no podemos tocar, porque no existe… Son los suelos interactivos, utilizados con éxito por empresas como Emotique en la última Expo de Zaragoza y que son uno de los recursos interactivos más apreciados por su versatilidad y capacidad de sorprender.

Pero cuando el suelo es poco, cuando se pretende llegar más lejos… ¿qué encontramos? El techo y las paredes, claro. El resto de un mundo que nos rodea y que, como no, también puede modificarse tecnológicamente. Nuestra realidad puede envolverse por dentro de otra realidad, creada artificialmente, que responda a nuestros intereses. Llegamos así a la realidad aumentada. Nuestra realidad, con algo más. Si el evento lo requiere, podemos añadir a nuestra realidad productos, paisajes e incluso personajes.

Otra realidad que, en realidad, tampoco existe

El paso siguiente a virtualizar la realidad (o realizar la virtualidad) consiste en dotarla de una tercera dimensión. Esto se puede llevar a cabo aumentando aún más la realidad aumentada, llegando así a los hologramas, imágenes generadas en 3D por medio de rayos láser, con apariencia de realidad total, pero totalmente virtuales.

Aunque hay otro camino, igual de tecnológico, sino más, para crear, en este caso, personas que en realidad no lo son. Nos referimos a la robótica. Otra rama de la tecnología a la que también, quien podía dudarlo, podemos recurrir a la hora de crear un evento de originalidad e interés asegurados.

Aunque el principal problema de todos estos recursos, y de cualquier otro basado en la tecnología, estriba en la pérdida de originalidad con el abuso del mismo. Porque si algo caracteriza a la tecnología es lo fácil que sorprende y lo rápido que aburre.

Sin embargo, y afortunadamente, la tecnología, pese a crear mundos que no existen, es casi como un ser vivo que se recrea una y otra vez a sí mismo. Pasan las modas, pero siguen los modos, y uno de los mejores modos de organizar eventos es, en cualquier mundo, recurrir a la tecnología.


LA TECNOLOGÍA ÚTIL E INVISIBLE

A la hora de desarrollar un evento, como ya hemos visto, la tecnología puede jugar un papel determinante. No hablamos de rayos láser, robots y entornos virtuales, sino de una tecnología mucho menos espectacular, pero mucho más útil: Internet, la telefonía móvil, las redes sociales, la TV interactiva… Conceptos ampliamente conocidos, pero aún por explotar, en muchos sentidos.

El pasado mes de julio se celebró en Madrid el Mindshare Digital Day. El encuentro fue organizado por la agencia de medios Mindshare Spain, y en él pudieron escucharse las voces de prestigiosos expertos definiendo no sólo las nuevas tendencias del sector publicitario, sino también las nuevas técnicas de medición en el ámbito digital, capaces de cuantificar el ROI (es decir, el retorno de la inversión), de forma efectiva. Y aquí es donde la tecnología juega un papel clave. En sitios como Youtube o Tweeter, apenas el 20% del contenido compartido es generado por los usuarios. Son los profesionales los que producen el 80% restante. La tecnología, además, ha dejado de ser de uso exclusivo para jóvenes y, hoy en día, facilita el acceso de cualquier sector de la población a la información que queramos presentar.

Ya se han organizado eventos online, en redes sociales, en el móvil e incluso en iPad. Y la tecnología no sólo los ha hecho posibles, sino que, además, ha permitido un análisis casi inmediato del evento en cuestión. Sigue siendo un arma, una aliada perfecta que, también cuando no se ve, sigue jugando de nuestro lado.

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