
Los alojamientos de dos estrellas en España son mejores que los tres de Francia, los cinco estrellas de la República Checa tienen las amenities de un dos en nuestro país. Este tipo de comentarios pierden sentido cuando la calidad cada vez tiene menos que ver con la cantidad de estrellas que aparecen en la puerta del hotel. De hecho, y cada vez más, muchos establecimientos ni siquiera las presentan. Y otros de alta gama, directamente declaran siete.
A pesar de las polémicas, la clasificación por estrellas, en el caso de los hoteles; por llaves, para los apartamentos; o por tenedores, para los restaurantes, sigue siendo una referencia para los viajeros a la hora de estimar las prestaciones de un establecimiento, principalmente en el extranjero. Sin embargo, las redes sociales van poco a poco reemplazando esta necesidad de catalogar en función de la categoría. Ahora son los comentarios de otros usuarios los que permiten hacerse una idea de la calidad del lugar.
A ello hay que añadir que, como consecuencia de la crisis, algunos hoteles de alta gama han dejado de presumir de estrellas, renunciando incluso a alguna. El motivo es la prohibición de muchas empresas, como las del sector farmacéutico, de reservar en alojamientos de cinco.
A partir de ahí el cliente puede reservar en un cuatro estrellas y disfrutar de la calidad de servicio e instalaciones de un cinco. Así lo confirma Clément Felus, director del Hilton Madrid Airport: «La clasificación administrativa de estrellas cada vez tiene menos sentido. Hasta tal punto, que nosotros tenemos prácticamente el mismo precio en una categoría que en otra, porque la calidad del servicio es la misma».
La diferenciación por estrellas solo se mantiene cuando los organizadores de reuniones o los viajeros frecuentes necesitan justificar una determinada categoría de cara a su política de viajes interna, pero nada más. Félus añade: «En general, por nuestra experiencia, lo que le aporta garantías al cliente es la marca, el estándar de la cadena, no las estrellas. El Hilton Berlin, por ejemplo, no tiene».
Europa
A nivel europeo no existe ninguna homogeneidad a la hora de clasificar la oferta, a pesar de que se han producido varios intentos. El último está encabezado por la asociación europea de la industria hotelera (Hotrec) a través del proyecto Hostelstars Union. Fue presentado este año ante el Parlamento Europeo. Engloba a diez países comunitarios que representan un mercado de 18.000 hoteles clasificados y 150 millones de habitantes. España figura entre ellos.
Quizá se trate de una iniciativa más que nunca llegará a los ojos del consumidor. Como afirma Ramón Arcarons en un estudio titulado La clasificación hotelera en la UE: un mercado poco común, «las normativas de clasificación hotelera están teóricamente destinadas a la protección del cliente, ofreciéndole una idea de los estándares de calidad que debe cumplir un establecimiento hotelero y dotando así de mayor transparencia al sector. Pese a ello, muchas de estas normativas son creadas sin tener en cuenta las necesidades reales del sector turístico, entorpeciendo en consecuencia el funcionamiento del mismo». La principal conclusión del informe es que el número de estrellas no es garantía de calidad.
España
A pesar de ello sigue habiendo cierto apego a esta clasificación. Según la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT), no existe un sistema nacional para los hoteles. Cada gobierno autonómico tiene su propia legislación. En la práctica, las diferencias entre las distintas comunidades autónomas son mínimas.
Para los hoteleros que quieran integrar este sistema es obligatorio solicitar la clasificación, que se mantendrá mientras se cumplan los requisitos. Aunque, dependiendo de las regiones, las inspecciones son más o menos frecuentes.
Con respecto a los criterios de la asociación, CEHAT reconoce con cuatro estrellas a aquellos hoteles «cuya habitación doble tiene como mínimo una superficie de 16 m2, individuales de 9 m2, cuarto de baño (baño y ducha) de 4,5 m2, teléfono, calefacción, aire acondicionado, bar y caja fuerte en la habitación y ascensor». La única diferencia con un cinco estrellas es que la doble mide al menos 15 m2 y el baño 5 m2.
Francia
El debate sobre la adaptación del sistema de clasificación francés, cuya categoría superior era hasta hace poco cuatro estrellas superior, a un ranking de cinco estrellas y palaces duró muchos años. El ministerio de Turismo quiso resolverlo en 2009 con la elaboración de una selección de criterios para las categorías de cero a cinco estrellas y palaces (como equivalente del 5* Gran Lujo), en un intento de homogeneizar la oferta y crear una referencia sólida para la clientela extranjera. De momento, solo el 5% de los hoteles nacionales se han mostrado interesados en adoptar la nueva clasificación.
La lista ha sido cuestionada desde su nacimiento por los propios hoteleros franceses, que la rechazan a pesar de la obligación de declarar la pertenencia a una gama antes de julio de 2012. Muchos propietarios de establecimientos de lujo no comparten los criterios elegidos y prefieren abstenerse de entrar en la clasificación. Numerosos representantes de las categorías medias consideran que exponer un número de estrellas en la puerta no les servirá para aumentar su volumen de negocio.
De momento, solo ocho hoteles en toda Francia han adoptado el distintivo palace. Cuatro de ellos están en París (Le Meurice, Bristol, Park Hyatt Paris Vendôme y Plaza Athénée); dos en los Alpes (Les Airelles y Le Cheval Blanc); uno en Biarritz (Hôtel du Palais) y el último en la Costa Azul (Grand-Hôtel du Cap Ferrat). Hoteles emblemáticos como George V y Ritz de París, o Negresco de Niza, no figuran en la lista, a pesar de cumplir sobradamente con los requisitos. Cabe destacar que no existe ningún criterio fijo en relación a la superficie de las habitaciones u otros equipamientos. Es un jurado dependiente de Atout France quien califica como «alojamientos de cinco estrellas a aquellos con características excepcionales que representan la excelencia francesa y sirven de escaparate del país ante el resto del mundo».
Para las categorías inferiores el jurado se basa en la superficie y en las prestaciones. Por ejemplo, a partir de tres estrellas el hotel debe contar con un mínimo de 10 habitaciones. La habitación doble en un cuatro estrellas debe tener una superficie mínima de 16 m2. En el caso de los cinco se eleva a 24 m2 (con el baño) y el precio debe incluir, entre otras cosas, el acompañamiento hasta la habitación.
Alemania
Una habitación individual en un hotel de cinco estrellas debe tener una superficie mínima de 18 m2, contar con un mínimo de dos suites, disponer de un servicio de restauración en la habitación al menos hasta las 22 horas e incluir en los productos de acogida elementos tales como cepillo de dientes, secador de pelo y albornoz.
Un cuatro estrellas debe disponer de caja fuerte en la habitación. Las dobles deben tener una superficie mínima de 16 m2. En Alemania, la clasificación no es obligatoria. Los descritos son criterios seleccionados por la asociación de hotelería germana para aquellos hoteles que quieran adherir al sistema de manera voluntaria. Sin olvidar que esto tiene un coste.
Reino Unido
En 2006 el país pasó de tener un sistema de clasificación regional a otro unificado entre las oficinas de turismo. Es decir, los establecimientos se someten a la clasificación de una a cinco estrellas reconocida por las oficinas de turismo de Escocia, Gales e Inglaterra.
No hay criterios relacionados con la superficie de las habitaciones. En los cuatro estrellas, los hoteles deben disponer de cocina propia para el servicio de desayuno y room service las 24 horas. Pocas diferencias hay con un cinco estrellas, aunque en este tipo de hoteles es obligatorio ofrecer un servicio completo de té en la habitación.
SIETE ESTRELLAS, ¿QUIÉN DA MÁS?
Algunos hoteles presentan su oferta bajo una calificación que, a juicio de sus gestores, supera tanto en calidad a la de los 5* Gran Lujo que merecen incluso saltarse la estrella siguiente. Son los siete estrellas, cuya oferta tiene mucho de lujo, pero también de desmesura.
El pionero en clasificarse a sí mismo en esta categoría fue el Burj Al Arab, de Dubai. Cuenta con recepción privada en cada planta y varios tipos de habitaciones con precios que van desde los 1.500 € por noche en la más barata hasta los 24.500 € de la Royal Suite, con 780 m2 en el piso 25. Dispone de cama giratoria en la estancia principal, sala de cine, dos jacuzzis, ascensor privado, servicio de chófer con Rolls Royce o helicóptero y atención de cinco mayordomos.
Muchos otros hoteles se han subido al carro en un intento de impresionar al cliente, aunque merezcan más una clasificación 5*Gran Lujo, sin llegar al «extra Gran Lujo» o las siete estrellas de Dubai. Por ejemplo, el Seven Stars Town House Galeria de Milán, ofrece un servicio único: un mayordomo personal será para el cliente «un ángel de alas blancas», según la dirección. Se encarga de ambientar la habitación según los gustos del viajero, desde sus preferencias musicales a sus tendencias decorativas en cuanto flores. Los precios oscilan entre 550 y 3.150 € por noche.
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