
En los últimos 40 años se ha comprobado que el sector es, con diferencia, el más vulnerable ante crisis externas: económicas, geopolíticas, catástrofes naturales, atentados e incluso una pandemia. El mundo del viaje y de las reuniones ha sido golpeado sin piedad por el miedo, la incertidumbre y la falta de control de las situaciones. Aun así, ha sabido reinventarse y encontrar alternativas y nuevos caminos para que la máquina no se detenga. Y todo, en buena parte, gracias al factor humano.
La realidad es que, en lugar de detenerse por completo, como ocurrió tras el 11-S o durante la Guerra del Golfo, en los últimos años el sector ha logrado encapsular los conflictos y las crisis para poder continuar. ¿Se ha deshumanizado o simplemente ha aprendido a sobrevivir y evolucionar? La pregunta queda abierta.
Describir la evolución tecnológica desde 1985, cuando comenzó en el mundo del télex, las máquinas de escribir y la reserva de vuelos por teléfono, supone un ejercicio revelador. Quienes han vivido esa transición han visto nacer internet, el email, los programas de gestión o la inteligencia artificial (IA). Una generación que comprende de dónde venía el sector, cuáles eran sus necesidades y cómo ha sido capaz de adaptarse.
El ser humano aprende rápido cuando es necesario, lo que ha permitido impulsar una transformación tecnológica que no tiene fin y que, bien gestionada, se convierte en el complemento imprescindible de la actividad. El presente y el futuro están marcados por la IA, llamada a asumir el trabajo administrativo y automatizable, no a sustituir el talento. El objetivo es utilizarla para ganar tiempo, aportar valor y potenciar aquello que mejor se sabe hacer. Con la llegada de la IA, el verdadero lujo es lo humano.
Porque el sector está formado, ante todo, por personas. Se ha pasado de ser expertos en recopilar información a través de guías, folletos, tarifarios y ferias, a disponer de todo a golpe de clic, inmersos en la inmediatez. La experiencia fue durante años la gran escuela, en muchos casos acompañada de formaciones excesivamente teóricas.
Hoy emergen perfiles más capacitados, más especializados y con mejor formación académica, preparados para entender el mundo actual, sus ritmos y sus demandas. El reto es arropar y promocionar a las nuevas generaciones, proporcionarles una formación específica y vencer el miedo transgeneracional. Son ellas quienes hablan el lenguaje de los nuevos partners, clientes y proveedores, más jóvenes y con otras expectativas en la organización de eventos.
El concepto de trabajo también ha cambiado en los 30 años de trayectoria de MTGlobal, impulsado en gran medida por la tecnología. Se ha pasado de la presencialidad total al modelo híbrido. El debate sobre qué aporta y qué resta el teletrabajo en el sector de los eventos sigue abierto, diferenciándolo siempre de la necesaria conciliación familiar.
El contacto con los equipos continúa siendo esencial. No solo para compartir información, sino para generar conocimiento mutuo, entender cómo trabaja cada uno y qué puede aportar. El sector vive del trabajo en equipo, del enriquecimiento compartido y de la construcción de lazos sólidos alineados con objetivos comunes y una misma filosofía empresarial.
El futuro se construye entre quienes iniciaron el camino y quienes toman ahora el relevo. El desafío consiste en mezclar experiencia y renovación, tradición y tecnología, para lograr un equilibrio que permita seguir avanzando. Porque, al final, el auténtico lujo del sector sigue siendo el capital humano.







