
Hace un año el cielo europeo quedó cerrado a la aviación civil debido a las emisiones procedentes de Islandia, obligando a clausurar numerosos aeropuertos y la consecuente anulación de miles de vuelos.
Estos días se cumple un año de la erupción del volcán islandés que provocó, en dos episodios con un mes de intervalo, el cierre de muchos aeropuertos europeos. Miles de viajeros quedaron bloqueados lejos de sus oficinas y ciudades de origen. La experiencia fue un ejercicio improvisado de cómo gestionar los desplazamientos profesionales en momentos de crisis.
A raíz de lo ocurrido numerosas iniciativas han visto la luz. Desde la de Ryanair, que consiste en aplicar un coste al viajero para que éste compense las pérdidas originadas por situaciones como la del año pasado, a la del Instituto Noruego de Investigación Aérea en colaboración con easyJet.
Los científicos han desarrollado una tecnología que permite descubrir durante el trayecto, mediante sistemas de radar, las partículas volcánicas que puedan encontrarse en un radio de hasta 100 km. El sistema funciona en vuelos con altitud entre 5.000 y 50.000 pies.
El AVOID (Airborne Volcanic Object Identifier and Detector) ya ha sido experimentado a bordo de algunos aviones de easyJet. Fue presentado oficialmente coincidiendo con los ejercicios impuestos recientemente por Eurocontrol para evitar episodios como el de 2010.
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