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JAMAICA. Feel all right

Pablo López Castellanos

Destino soñado por cualquier viajero, volar hacia el Caribe es poner rumbo hacia la belleza de sus playas, la cultura de sus gentes, un poco de aventura y mucho de relax… Pero hay algo que marca la diferencia. Aunque el legado de Bob Marley permanece vivo en millones de corazones, en ningún lugar del mundo se puede sentir tan fuerte su latido. El reggae, que se pega al cuerpo como el sudor, es un compañero imprescindible para entender Jamaica.

“One love, one heart, let´s get together and feel all right…” El reggae es la banda sonora de la tercera isla más grande del Caribe, con más de 2,7 millones de jamaicanos. No es difícil dejarse llevar por este ritmo pegadizo y positivista que hace que hasta el más torpe se anime y mueva la pierna, mueva el pié, mueva la tibia y el peroné… De hecho, Montego Bay celebra cada año el Reggae Sumfest, el festival más importante del mundo en su estilo.

Montego Bay

Situada en el noroeste de la isla, la ciudad es la capital turística de Jamaica y, como tal, cuenta un centro de convenciones y el mayor aeropuerto: Sir Donald Sangster International. Desde sus orígenes como colonia española, portuguesa y finalmente británica, fue el principal puerto de salida de mercancías hacia Europa. En la actualidad funciona como punto de atraque de las principales líneas de cruceros y se vende como uno de los más románticos destinos para bodas de todo el mundo.

No es de extrañar, por tanto, que las principales cadenas hoteleras apostaran por esta localización para levantar sus más espectaculares resorts frente a sus arenas blancas. El Iberostar Rose Hall es un excelente ejemplo de ello. Un todo incluido de cinco estrellas situado en primera línea de playa y diseñado para disfrutar de las soñadas vacaciones en el Caribe en alguna de sus 317 junior suites o sus dos suites presidenciales.

La oferta de ocio incluye la práctica de gran número de deportes, entre ellos la vela o el windsurf, sin olvidar el “tumbing” frente a la orilla o el merecido relax en el spa. Otros magníficos resorts de Montego Bay, como el Sandals o el Half Moon, presumen de disponer de la mayor playa privada y del mejor campo de golf de Jamaica, respectivamente.

Varias de empresas se especializan en actividades de aventura en el impresionante entorno natural del país. Entre ellas destacan Chukka Caribbean Adventures e Island Routes, que ofrecen navegación en catamarán, pesca en alta mar, salidas por la jungla en 4×4 o el original ride’n’swim, que consiste en cabalgar recorriendo la selva para acabar con un refrescante baño en la playa a lomos de un caballo. Otra excelente opción de incentivo es el descenso del río Martha Brae, serpenteando por la imponente jungla. Eso sí, ¡mejor llevar una cámara fotográfica que sea sumergible!

Imponente resulta también la visita a la misteriosa Rose Hall Great House, actualmente disponible para todo tipo de eventos. Se dice que el fantasma de la antigua propietaria, Annie Palmer, “la bruja blanca”, continúa vagando a sus anchas con su extenso curriculum de vudú y unas cuantas muertes a sus espaldas, entre ellas las de sus tres esposos y varios amantes esclavos. Quizás no parezca el mejor sitio para prometerse en matrimonio…

Para el viajero más experimentado que busque un acercamiento a la vida cotidiana, Montego Bay puede ser una buena toma de contacto. Con sus casi 80.000 habitantes, es la cuarta ciudad más poblada del país y la segunda por extensión. Alrededor de Sam Sharpe Square las interesantes construcciones coloniales recuerdan el paso de los pobladores europeos. Aquí la vida fluye calurosa y ajetreada, entre niños uniformados que van al colegio, rastafaris y algunos pocos viajeros que buscan un recuerdo en el Craft Market.

Caminar por el downtown de Mobay (como dicen los locales) impone cierto respeto. Las aceras no siempre existen y los vendedores ambulantes ofrecen sus productos junto a basuras o alcantarillas abiertas en las inmediaciones del Vegetables Market. Aunque por lo general, no son muy amigos de ser fotografiados, tampoco hay que dejarse intimidar demasiado. Tras interiorizar el saludo recurrente (“wagoan?”, abreviación de “what´s going on?”; la respuesta para casi todo es “jah mon” o “respect mon”), merece la pena acercarse a la vida real que transcurre a tan sólo un par de kilómetros del lujo de las tiendas y de los restaurantes para turistas de “the hip strip”, como se conoce a Gloucester Avenue.

Ocho ríos
A unos 100 km de Montego Bay, la ciudad de Ocho Ríos es otro de los puntos de desarrollo turístico de Jamaica. Alojamientos como el confortable Riu son frecuentados tanto por el turismo internacional como por los propios jamaicanos en sus periodos vacacionales. A la belleza indudable de sus playas hay que sumar las actividades con mayor subidón de adrenalina.

Las Dunns River Falls son unas increíbles cascadas a las que se asciende desde la playa, ¡a contracorriente! El contacto directo con la fuerza de la naturaleza es brutal. Curiosamente, a unos centenares de metros los locales disfrutan de sus propias cascadas sobre la playa con la tranquilidad de saberse fuera del circuito turístico.

En Prospect Plantation aún se continúan cultivando caña de azúcar y cocoteros. Además, existen tours organizados para conducir buggies a velocidad vertiginosa por la selva. Y para vértigo, Mistyc Mountain Rainforest, donde ascender en telesilla como si de una estación de esquí se tratara (pero entre la selva) para, una vez en la cima, admirar la belleza del entorno y descender en bobsled o en tirolinas.

El camino hacia el sur es largo. A la dificultad de las carreteras se une el riesgo de ser detenido por las Highway Patrol que, según cuentan los conductores jamaicanos, dan a elegir entre “left or right”: la mano izquierda tendida es para recibir la mordida; la mano derecha con el boli es para extender la multa…

Kingston

Con cerca de un millón de habitantes Kingston, la capital, es el centro administrativo, financiero e industrial de un país cuya riqueza, aparte del turismo, proviene de la extracción de minerales como la bauxita y de las plantaciones de caña de azúcar y de coco. Por cierto, ninguno de estos dos últimos productos son especies nativas de la isla.

La zona central de la ciudad se divide en dos partes: el céntrico y conflictivo downtown y New Kingston, la principal zona de interés para el visitante. Aquí se encuentran los grandes hoteles, como el Pegasus, que aseguran el bienestar necesario (aunque muy lejos del confort de los alojamientos de Montego Bay), junto a zonas verdes y de ocio, como Emancipation Park.

En cualquier caso, una ciudad complicada para el viajero. Es difícil pasear por sus calles sin escuchar repetidamente la oferta: “smoke… smoke; good weed man…”. Afortunadamente, ante un simple “no, gracias” la cosa suele quedarse ahí sin más. De todas formas, darse un paseo puede resultar incómodo y la sensación de ser el “blanco” de todas las miradas es continua. Hay que resaltar que el consumo de marihuana (ganja para los rastafaris) es ilegal en todo el país, aunque llama la atención su reconocible olor por todas partes.

New Kingston fue el lugar que eligió Bob Marley como residencia. Aquí compró su casa, hoy convertida en museo, donde el músico vivió hasta su muerte, en 1981, con su mujer, Rita, y parte de su prole, formada por 12 hijos biológicos y 2 adoptados. La presencia de Marley se siente en cada estancia y en cada pared decorada con sus discos o empapelada de recuerdos. Una pena que no dejen hacer fotos.

Spanish Town

A tan sólo 20 km de Kingston se encuentra la que fuera capital de la antigua colonia española, entonces llamada Santiago de la Vela. Tras la invasión británica, a mediados del s. XVII, la ciudad fue destruida. Una vez puesta de nuevo en pie con el nombre de Spanish Town, permaneció como centro administrativo de la isla hasta 1872.

Desde luego merece una parada, y no solo para los fans de la llamativa cantante y actriz Grace Jones, nacida aquí. Hoy en día es una ciudad de unos 160.000 habitantes con ciertos intereses culturales, como el People´s Museum, donde conocer algo más del pasado esclavista y de la arquitectura colonial. Antiguos edificios, como la residencia del gobernador, la British House Assembly y una de las primeras catedrales construidas en el Nuevo Mundo por los españoles se ordenan partiendo de su plaza central.

Port Royal

El viaje va llegando a su fin, pero aún queda otra interesante visita cultural: Port Royal. Esta pequeña población fortificada, situada estratégicamente en la bocana de la bahía de Kingston y protegida por Fort Charles, fue el refugio de los más famosos piratas del Caribe. Si bien no consta que la Perla Negra recalara en este puerto, Henry Morgan sí que lo utilizó como base para sus naves, desde donde hacía la vida imposible a la flota y a las colonias españolas. La ciudad sufrió el castigo de dos terremotos, en 1692 y en 1907, con sus posteriores tsunamis, que la dejaron prácticamente enterrada o bajo las aguas del mar.

Afortunadamente, los descendientes de aquellos corsarios cambiaron sus buques de guerra por barcos de pesca, lo que hace tan apetitosa la visita a restaurantes como Gloria´s, que presume de servir los mariscos y pescados más frescos de la zona, un buen lugar donde despedirse de Jamaica brindando por Jack Sparrow con una Red Stripe bien fría; la penúltima, como siempre.

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