Montreal. GUILLEM ANTÓN VARELA / Voyages Objectif Terre

Montreal. GUILLEM ANTÓN VARELA / Voyages Objectif Terre

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Cuando pensamos en Canadá se nos vienen a la mente, además de su icónica hoja de arce, grandes lagos, frondosos bosques y estampas de tramperos… Canadá es eso y mucho más, una de las principales economías del planeta que se muestra muy receptiva a los trabajadores cualificados, vengan de donde vengan. Además, su dualidad inglesa y francesa conforma una sociedad rica y diversa. Sin embargo, no todo es un camino de rosas. La adaptación es difícil, empezando por la climatología, pero merece la pena.


Guillem Antón Varela ha cruzado, literalmente, medio mundo. Este catalán, natural de Manresa, pero asentado en Barcelona, vive desde hace años en Montreal, la principal ciudad (aunque no la capital, esa es la «europea» Quebec) de la parte francófona de Canadá. Este inmenso país, rebosante de recursos naturales y paradigma del bilingüismo, resulta un faro para la emigración por su alto nivel de vida y sus posibilidades laborales, aunque la integración no siempre resulta fácil. Guillem da testimonio de esta doble realidad: «Antes de llegar pensaba que era un país parecido al paraíso. Me imaginaba modernidad, lujo, cultura y belleza por cada rincón del lugar. Me imaginaba gente muy bien vestida, con clase, elegancia… En mi mente Canadá era algo único, algo así como la Escandinavia de América del Norte…».

Y, claro, no es oro todo lo que reluce. La experiencia personal de cada uno es muy diferente: «Lo que imaginaba no coincidió mucho con la realidad. Rápidamente vi que las calles están en un estado pésimo por culta del frío y el hielo del invierno. Además, las ciudades no son muy bonitas a nivel arquitectónico. La verdad es que me decepcionaron, a excepción de Quebec, precisamente porque es la más parecida a la vieja Europa», explica Guillem.

Para compensar, el país presenta otras caras mucho más positivas. «El punto fuerte es la naturaleza. Además, en Canadá casi no hay paro. Puedes encontrar trabajo muy fácilmente. Por otra parte, no hay racismo o discriminación negativa hacia los no canadienses. Están muy predispuestos a acoger gente de fuera y te dan oportunidades si las mereces. Aquí es frecuente ver a gente de origen latinoamericano, africano, europeo o asiático en buenos puestos de trabajo, en partidos políticos, en grandes empresas… También hay que decir que es un país superseguro. Se vive muy tranquilo», afirma, a la vez que reconoce que en esto último es mejor que España. Por supuesto, el dominio del idioma es fundamental, pues al inglés hay que unir, en esta parte de Canadá, el francés. Guillem domina ambos.

La empresa en la que actualmente trabaja es Voyages Objectif Terre, una agencia especializada en viajes para grupos de estudiantes que quieren ir a Europa, Asia y Centroamérica. Anteriormente estuvo en Transat, en la filial llamada Jonview Canada. También pasó un tiempo en Turismo de Canadá. Desde luego, experiencia laboral no le falta. Y todo gracias a la buena acogida que las empresas dispensan a los trabajadores foráneos. «Si hay algo que deberíamos aprender de los canadienses es su facilidad para dar oportunidades a los que están capacitados. No tienen en cuenta de qué país vienen si tienen la preparación necesaria para realizar bien la tarea que se le ofrece», explica.

Pero esto no quiere decir que el choque de culturas no exista y que la integración sea fácil: «Una cosa está clara: para adaptarme tuve que hacer un esfuerzo, tuve que ir a encontrar gente, interesarme por el país, aprender a conocer a los humoristas, los periodistas, los deportistas, los escritores, los músicos, los políticos… Esto me facilitó la integración, porque la gente te acoge mejor cuando ven que aprecias las cosas que ellos aprecian. Todo lleva su tiempo…», reconoce.

ENTORNO LABORAL

 

Canadá es un país inmenso, una de las economías más potentes del mundo, y eso se nota. No obstante, como explica Guillem, hay determinadas industrias que destacan en su ámbito laboral, como la informática, el diseño gráfico, el cine, la imagen, el sonido o los videojuegos. A eso se añaden la industria pesada y sus enormes recursos naturales. No es de extrañar que el territorio canadiense fuese y siga siendo una de las mecas de la emigración.

Además, las condiciones laborales son bastante favorables, con un horario muy diferente al nuestro: «Aquí normalmente se trabaja de 8 a 16 h o de 9 a 17 h. Y las tiendas, salvo los supermercados, cierran a las 18:00». Por este motivo, Guillem reconoce que resulta muy fácil la conciliación de la vida laboral y personal. Las empresas suelen estar sensibilizadas en este campo. La aerolínea que más utiliza es Air Transat y visita con cierta frecuencia Quebec, Ottawa y Toronto, además del vecino del sur: «es fácil llegar a Estados Unidos. Vivo a siete horas de Nueva York y a seis de Boston. He estado un par de veces en ambas». Su aplicación de viajes favorita es TripAdvisor, según confiesa.

El buen tiempo, la comida y el vino. Estas son tres de las cosas que Guillem, pese a llevar ya tiempo en Canadá, sigue echando de menos de España. «El invierno de Canadá es muy duro, con una media de 10 °C bajo cero durante cuatro meses, y muy oscuro. Casi no vemos el sol durante la semana y para estar en forma los médicos recomiendan tomar suplementos de vitamina D». En los asuntos del estómago, «se añora una buena tortilla de patatas o unas croquetas». También se queja de que la mayoría de la fruta y verdura que comen en el país procede de Estados Unidos, Chile y México. En cuanto al vino, el problema es que en Canadá es muy caro, al ser un producto de lujo importado. «Una botella normalita te cuesta unos 20 dólares», lamenta. Y es que los paraísos naturales se disfrutan mejor con una copa en la mano.