TRIÁNGULO DE INDOCHINA. La jugada perfecta

TRIÁNGULO DE INDOCHINA. La jugada perfecta

Javier Carrión

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Wat Xieng Thong

Laos, Camboya y Vietnam proponen al viajero una oferta de paisajes impresionantes y un rico crisol de tradiciones y grupos étnicos, así como un legado histórico, arquitectónico y cultural único en el mundo. Desde la espiritual Luang Prabang a los magníficos templos de Angkor, pasando por la célebre bahía de Halong, la península de Indochina atesora auténticas maravillas que forman parte del Patrimonio Mundial de la Unesco. Un trío de ases con el que salir siempre ganando.

Laos es probablemente el país menos conocido de la península de Indochina, esa región del sudeste asiático situada entre la India y China que esconde monumentos milenarios y paisajes naturales entre siete países : Myanmar, Camboya, Vietnam, Tailandia, Malasia, Singapur y el propio Laos. Seis millones y medio de habitantes pueblan este país con un 60 % de cumbres repletas de vegetación.

Luang Prabang es su atractivo turístico principal. La capital del antiguo reino de Lan Xang fue famosa en su época de mayor esplendor (siglo xiv) por concentrar más de un millón de elefantes y por constituir uno de los puntos de referencia budista en la Ruta de la Seda. Por desgracia, ya solo quedan unos 800 ejemplares de este magnífico paquidermo, pero su huella sigue intacta en el Laos del siglo XXI en forma de souvenirs, obras de arte y algunas atracciones para los turistas. Lo que sí crece, en cambio, es el número de centrales hidroeléctricas en el país. Actualmente se contabilizan 24 y el objetivo es alcanzar el centenar en 2021 para convertirse en la auténtica locomotora energética de esta zona geográfica.

Desde luego, Luang Prabang, declarada Patrimonio Mundial de la Unesco en 1995, es la gran joya de Laos. Se trata de una ciudad de unos 50.000 habitantes, antigua capital del país —la actual es Vientián—, donde sorprende la ausencia de semáforos, coches y edificios altos. Es, sin duda, un magnífico ejemplo que fusiona la arquitectura tradicional laosiana con los vestigios de la colonización europea de los siglos XIX y XX.

El entorno también es magnífico, al norte del país, dentro de una península formada por los ríos Mekong y Nam Khan y las montañas de Phou Thao y Phou Nang, que rodean la ciudad con una exuberante vegetación. También se pueden encontrar aquí amplias zonas cultivadas con arroz, verduras, maíz y frutas que han cambiado en parte la fisonomía de un territorio que todavía mantiene las heridas de un drama histórico como la Segunda Guerra Mundial, cuando recibió más de dos millones de bombas. Aunque algunos de esos explosivos siguen todavía ocultos, el país es muy seguro para el turista.

Unos 30 templos budistas abarrotan un destino que inevitablemente pide un buen paseo por sus calles céntricas. Tras recorrer el Palacio Real y el Museo Nacional se visita Wat Visoun, el templo más sagrado de la ciudad, reconstruido por completo en 1887 después de ser destruido por las banderas negras invasoras del sur de China. Hoy es muy fácil comprobar cómo trabajan los monjes, algunos muy jóvenes, creando piezas de artesanía o limpiando los lugares de oración y los exteriores.

A continuación el recorrido puede seguir por Wat Xieng Thong, el templo más venerado en Luang Prabang, situado al final de la península, cerca del Mekong, que fue levantado en 1560 por el rey Setthathirat. Resulta asombrosa su decoración externa con tallas ornamentales, paneles dorados y mosaicos de vidrio. Para terminar conviene reservar algunas fuerzas para subir los 328 escalones que conducen a la cima del monte Phousi. Desde este punto se disfruta de una excelente vista panorámica de la ciudad. Tras el descenso, los esfuerzos quedan recompensados en el popular mercado nocturno, muy pintoresco, con decenas de productos artesanales a buen precio.

A la mañana siguiente, conviene madrugar para comprobar el fervor espiritual de la ciudad, donde están censados más de 600 monjes. Todas las mañanas, al amanecer, estos religiosos procesionan descalzos en fila con sus túnicas de color naranja por las antiguas calles del centro para recoger comida y otras ofrendas. Cualquier viajero puede acercarse a ellos y participar entregando un plato de arroz.

Esta es sin duda una de las grandes sorpresas que depara Luang Prabang, pero hay muchas otras que se pueden disfrutar realizando algunas excursiones por los alrededores. La más popular es el crucero por el río Mekong que permite descubrir, por ejemplo, las cuevas de Pak Ou, que contienen miles de estatuas de Buda de oro embutidas en dos grutas de acantilado de piedra caliza. También vale la pena acercarse al pequeño poblado Ban Xang Hai, famoso por su producción de licor de arroz. Un poco más alejadas del mítico río, a 30 km de Luang Prabang, están las cataratas de Kuang Si, con sus impactantes saltos de agua y sus piscinas naturales, donde es posible darse un baño refrescante y visitar un centro de recuperación de osos.

Angkor, el alma de los jemeres
Treinta y dólares y una fotografía, más el pasaporte en regla, como es lógico, son necesarios para ingresar con un visado en Camboya tras tomar un vuelo de Vietnam Airlines, la compañía que opera en los principales países de la península de Indochina y conecta con España vía Londres, Frankfurt y París.

El aeropuerto de Siam Reap es el principal acceso para visitar los templos de Angkor, una auténtica ciudad celestial que fue primero hinduista y más tarde budista, y que maravilla por sus simbolismos, interpretados como una alegoría del cielo en la tierra. Del millar de templos, santuarios y tumbas sobresale Angkor Wat, el mayor del mundo consagrado al dios Visnú, presente hoy en la bandera nacional camboyana.

Todo el recinto es admirable, pero resulta espectacular contemplar sus bajorrelieves y pinturas, así como sus dos mil bellas apsaras, desplegadas en los tres niveles que le otorgan una forma piramidal. El rojizo amanecer junto a sus torres centrales cuando el resto de los templos todavía no han abierto al público es realmente asombroso.

Las ruinas de Bayón también son muy populares, con sus más de 200 caras del Avalokiteshvara, el icono budista de la compasión. Los visitantes disfrutan de lo lindo perdiéndose en este laberinto de pasadizos y escaleras. Pero la oferta de Angkor es mucho más amplia. Ahí está Preah Khan, que sorprende por sus « columnas griegas » en un recinto repleto de pequeños santuarios y un hospital, o Ta Prohm, con sus ruinas cubiertas de vegetación, inmortalizado en el cine por Angelina Jolie en Tomb Raider. Raíces, musgos y lianas se apoderan sin misericordia de este templo, como si se tratara de los tentáculos de un pulpo amenazante ante el habitual ejército de turistas chinos.

Pese a su creciente masificación, todo el complejo de Angkor, incluido Angkor Thom —en la práctica la capital del Imperio—, atrae siempre por sus estanques artificiales sagrados, puertas, puentes y, sobre todo, sus viejos templos milenarios, repartidos a lo largo de 400 km 2, entre los que también cabe citar la terraza de los Elefantes, la del Rey Leproso, Baphuon o la Puerta Sur, la más concurrida, debido a sus atardeceres o a la posibilidad de contratar un romántico paseo en barca junto a una fila de 54 dioses y demonios que sujetan a Naga, la serpiente sagrada.

Los propios habitantes de Siam Reap, herederos del alma de los jemeres, suelen frecuentar este recinto los fines de semana para pasar un día de pícnic en familia, pero conviene saber que los turistas necesitan al menos tres días —los más entusiastas le dedican una semana completa— para recorrer este conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad en 1992 y construido con miles de bloques de piedra y muros reventados, casi de manera mágica, por las raíces de los árboles.

Halong, la bahía más famosa
El triángulo Unesco de este rincón de Indochina se completa con Vietnam, donde los turistas españoles pueden acceder sin visado, ya sea por Hanói o por Ho Chi Minh City. En el norte del país se halla Halong, una de las bahías más famosas del mundo, también Patrimonio Mundial desde 1994, con su paisaje verdaderamente místico. Se trata de más de 3.000 islas e islotes de piedra caliza, con cientos de cuevas en sus entrañas, que atraviesan unos 800 barcos que operan en este bello rincón de aguas color esmeralda del golfo de Tonkín.

La mejor manera de conocer el lugar es pasando al menos una noche a bordo de alguna de estas embarcaciones, a modo de coloridas aldeas flotantes, aunque se organizan también travesías de lujo más largas, que llegan incluso a las dos semanas, con estancias en alguna isla, como Cat Ba, la más grande en este entorno, con una población de de 8.000 habitantes, y envuelta en todo tipo de leyendas y misterios.

Está considerada la reserva nacional más grande de Vietnam, con una importante presencia de macacos, peces, moluscos y crustáceos, además de 25 tipos diferentes de murciélagos y alguna que otra especie única, como el langur blanco. Muchos visitantes se acercan a esta isla para bañarse en la mejor playa de todo Halong y para recorrer parte del Parque Nacional de Cat Ba. Abierto todos los días del año, destaca por sus formaciones kársticas que surgen abruptamente de aguas azules turquesa. Para admirarlas no hay nada como ascender al punto más elevado, Cao Vong, con sus 320 m.

A unas dos horas y media en coche de Halong, Hanói cuenta con otro monumento catalogado por la Unesco, la Ciudadela Imperial de Thag Long. Este recinto recibió la distinción en 2010 y muestra estructuras, búnkeres, palacios y vestigios de las dinastías Lý, Trần y Lê, lo que fue de alguna manera el centro del poder vietnamita.

La ciudadela es un tranquilo lugar que contrasta con el caótico centro de la ciudad con cinco millones de motos y siete millones de habitantes que se mueven en los alrededores del barrio viejo, con sus 36 calles gremiales donde comprar de todo : flores, animales, comida, juguetes y una exquisita comida callejera. Un buen lugar para cerrar el triángulo. •

MÁS INFO
www.visit-angkor.org
www.vietnam.travel
www.tourismlaos.org