‘Duty of care’, ¿ quién pone el cascabel al gato ? / JAVIER RUZ. Corporate...

‘Duty of care’, ¿ quién pone el cascabel al gato ? / JAVIER RUZ. Corporate Commercial Manager en Healix Health & Security

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Javier Ruz_Healix

«Duty of Care» o «Travel Risk Management» son expresiones que han irrumpido con fuerza en años recientes y sobre las que existen todo tipo de dudas sin aclarar, empezando por establecer la diferencia entre ambos conceptos, ya que uno y otro no siempre son usados, con el anglicismo o sin él, de la manera más acertada.

El primer concepto alude al aspecto legal. La normativa vigente obliga a la empresa a proporcionar cuidado y protección a las personas que viajan por motivos laborales en representación de quien les emplea. El segundo término se refiere a la herramienta con la cual dar respuesta a dicho deber, que también es moral y esencial para la reputación de la compañía y de su negocio.

Aclarado este importante matiz, pongámonos en el caso de que alguien en la empresa haya llegado a la conclusión de que es necesario hacer algo respecto al cuidado y protección de sus viajeros. Esperemos que este propósito no se haya alcanzado tras vivir una experiencia amarga en la que se hayan destapado las deficiencias internas para hacer frente a incidencias durante los viajes.

Después de que la inquietud, o la sensación de necesidad, comienzan a abrirse paso en la empresa, alguien tiene que convencer a la dirección para aprobar un proyecto. Pero ¿ quién se va a tomar la molestia de informarse sobre qué y cómo se debe proceder para implantar una adecuada gestión interna del riesgo en viaje y dar cumplimiento a la exigencia legal ? La pregunta que surge también es si hacerlo con recursos internos, con el apoyo de un servicio externo o con una combinación de ambos; y la gran cuestión :  ¿cuánto va a costar ? Eso sin olvidar qué tiempo va a llevar y si va a suponer un gran esfuerzo organizativo.

Cada empresa es diferente en tamaño, actividad, recursos, estructura, ubicaciones internacionales, volumen de viajes, destinos frecuentados, perfiles de viajeros, duración de los desplazamientos, proporción de expatriados o empleados locales… Demasiados factores que sopesar para encontrar la mejor solución. La ley marca unos principios generales. Desde luego, hay que conocerlos, al menos para situar el punto de partida. Pero las necesidades pueden ir mucho más allá.

Hay que cuestionarse, por ejemplo, si la empresa está preparada para una rápida decisión cuando el tiempo de reacción es crucial, si tiene capacidad para ofrecer una respuesta en cualquier momento del día y cualquier día del año y si dispone de un método eficaz de evaluación del riesgo y de los recursos para activar una acción efectiva.

Al tratarse del bienestar del empleado, es lógico pensar que el liderazgo de un programa de gestión del riesgo durante los desplazamientos debería estar en manos del Departamento de Recursos Humanos, y así es, pero la responsabilidad también compete, de una u otra manera, al de Compras, al Financiero o al de Travel Management.

Especialmente a este último, dado que tiene que ser una pata más de la política de viajes.
La clave de un buen programa es que todos conozcan su papel en cada momento, tanto en la fase de prevención como cuando se produce una incidencia. Solo así el viajero puede partir confiado, consciente de los esfuerzos que hace su empresa para minimizar el riesgo y sabiendo también lo que tiene que hacer él en cada momento. Este modelo es además un gran instrumento de fidelización, valorado no solo por el trabajador, sino por su familia y los seres queridos que le rodean. Todo cuenta.