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FIORDOS NORUEGOS. Leyendas, trolls y dioses guerreros

Pablo López Castellanos

Es un mundo irreal donde reina la luz reflejada en la calma de sus aguas, convertida en espejo para gigantes de roca y hielo, protectores de bosques boreales y praderas cubiertas de un espeso manto de hierba fresca. Quizá después de todo, Valhalla, el paraíso de los vikingos, aún exista en las cimas nevadas de los fiordos.

Tras las grandes glaciaciones, como todos vimos en Ice Age, la superficie helada del norte de Europa erosionó el terreno originando grandes elevaciones rocosas y depresiones que, con el deshielo, formaron lagos y se cubrieron de vegetación. Las zonas bajas costeras se inundaron con las frías aguas del mar del Norte.

Básicamente, así se formaron los fiordos y lo hicieron en proximidad al paralelo 62º latitud Norte. Sin embargo, en Noruega el clima es más benévolo de lo que podríamos imaginar dada su situación geográfica. Gracias a la corriente cálida del Golfo, los poco más de 5 millones de habitantes del país, disfrutan un clima mucho más favorable que sus vecinos del Círculo Polar Ártico.

A vista de pájaro, incluso en el mes de julio los fiordos resaltan como brillantes esquirlas de roca y hielo. Para aquellos que vienen de la cálida y superpoblada Europa meridional, desde la ventanilla la visión es de una desgarradora y heladora soledad, no exenta de una gran belleza.

ÅLESUND, PUNTO DE PARTIDA

Para encontrarse con todo esto, basta con no perder el norte y dirigirse hacia Ålesund, la principal localidad del distrito de Sunnmøre. KLM, SAS o Norwegian, enlazan a diario Madrid, Barcelona, Alicante o Málaga con Vigra, su aeropuerto, siempre con escala y a partir de unos 350€.

Ålesund es una pequeña, bonita y acogedora localidad, de gentes amables y respetuosas con el medio ambiente. El art nouveau se expone en sus calles, en sus puentes, en sus parques, y viste los portales y fachadas de sus edificios. Es una ciudad partida en dos, como una manzana verde y fresca, por un canal navegable que atraviesa su corazón. Toda la actividad y ajetreo de esta ciudad parecen asomarse a él, y por donde circulan embarcaciones de recreo, kayaks y tablas de paddle surf.

No es mala idea tener un primer contacto con sus habitantes disfrutando de un aperitivo en la terraza junto al canal del concurrido restaurante Bocca, eso sí, tras haber hecho la conversión de coronas y resignarse a los aproximadamente 9€ que cuesta una Slogen, una Fix o cualquier otra cerveza local.

Cualquier viajero frecuente habrá conocido muy diversos y curiosos alojamientos, pero pocos podrán presumir de haber dormido en un verdadero faro en funcionamiento. El histórico hotel Brosundet ofrece esta oportunidad aunque, como podía esperarse, ¡no hay sitio para todos!

En caso de viajar en grupo, este magnífico establecimiento ofrece para el resto un alto nivel de confort y diseño escandinavo en todas sus estancias, además de la oportunidad de degustar el (posiblemente) pescado más fresco y mejor preparado de la ciudad, en su restaurante Maki. Con un menú degustación de 8 platos, la variedad de sabores está garantizada. Incluso aquellos a los que sus escrúpulos no se lo impidan podrán probar como plato estrella la carne de ballena.

Es bien sabido que Noruega es uno de los principales exportadores de bacalao del mundo y precisamente uno de los más prestigiosos es el que captura la flota de Ålesund. Por ello, es recomendable no saltarse una visita al restaurante XL Diner, donde presumen de una carta con la mayor variedad de maneras de cocinar este pescado, tanto fresco como en salazón. Curiosamente, este último se denomina en noruego tal y como lo conocemos en castellano: bacalao. ¡Junto a la cuenta es casi lo único que se puede entender del idioma si la carta no tiene traducción al inglés!

La ciudad posee una atractiva vida cultural y no le faltan atractivos, como el acuario Atlanterhavet Parken, el Sunnmøre Museum, sobre la cultura vikinga, o el magnífico mirador en el monte Aksla, desde donde disfrutar de una panorámica de la ciudad que deja literalmente sin aliento tras subir sus 418 escalones.

Como oferta para actividades al aire libre, Ålesund cuenta con la principal empresa de este sector, 62º Nord. Con ellos se pueden concertar salidas de media jornada para navegar por los fiordos, la experiencia “Wildlife Sea Safari” para observar la fauna salvaje y alquilar canoas o kayaks, entre otras.

ØYE, LA MISTERIOSA

Ålesund es un excelente punto de partida para acompañar por carretera al apacible fiordo de Hjørund hasta la ciudad de Øye. No hay que dejarse amedrentar por el inevitable embarque en algún que otro ferry, pues es un transporte realmente bien organizado y rápido. Ya al otro lado, al llegar a la pequeña localidad, la figura del histórico hotel Union Øye, construido íntegramente en madera, destaca como una atracción en sí mismo.

Un barniz de misterio cubre este establecimiento que ha dado cobijo a reinas y emperadores. Los relatos de presencias fantasmagóricas se hacen casi reales cuando, tras el estruendo de los primeros truenos de la tormenta que se avecina, el hotel se queda literalmente a dos velas desde última hora de la tarde hasta el día siguiente. ¡Qué magnífico recibimiento!

Ya con la luz del día y renovadas las fuerzas tras el desayuno, la cosa cambia. En recepción ofrecen bicicletas para acercarse a golpe de pedal hasta el lago Lyngstoylvatnet. Hay que ponerse en marcha. Otro misterio se esconde en el fondo de sus aguas, frías y cristalinas, que permiten ver restos de calles y granjas. Y es que este lago se formó accidentalmente en 1908 tras la caída de una gran roca que taponó el flujo del río y provocó la inundación de parte del valle.

De nuevo al volante, dejando atrás Øye, aparece el recóndito valle de Norangsdalen, el más estrecho del país. Se trata de un estremecedor corte en los llamados Alpes noruegos de unos 30 km cuyas paredes de roca, auténticas catedrales de hasta 1.600 m, muestran las cicatrices de la batalla con la naturaleza.

La resonancia de los primeros truenos advierten de la llegada de una nueva tormenta de verano y brindan una despedida espectacular. El mismísimo Thor parece golpear el yunque con su martillo, allá arriba, en Asgard, la morada de los dioses.

LOEN, HIELO Y VAPOR

Tras esta sobrecogedora sensación de grandeza y soledad, la siguiente parada es Loen. Nada como pedalear para acercarse lo máximo posible al impresionante glaciar Kjenndalsbreen, tanto como para tocarlo literalmente. Es un recorrido de unas 4 horas entre la ida y la vuelta, y sencillo, pues no hay más que seguir en dirección opuesta las aguas de color turquesa del deshielo.

La imponente visión y el contacto final con la bestia helada, tras recorrer a pie y en soledad los últimos metros, suponen una experiencia vital plena. Pasar del hielo glaciar al vapor del magnífico spa del hotel Alexandra es un contraste delicioso.

La ruta turística antes de emprender la vuelta hacia el aeropuerto de Vigra discurre una vez más por paisajes asombrosos. Ascendiendo desde el lago Langevatn, la opción de tomar el desvío hacia el mirador de Dalsnibba no se debe desaprovechar. Las cerradas y empinadas curvas que ascienden hasta los 1.500 m son el aviso de lo que se puede encontrar en la cima del fiordo más alto accesible por carretera, un auténtico paraíso para motoristas y ciclistas de montaña.

Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, el fiordo de Geiranger está considerado como uno de los lugares más bellos del mundo. Desde la perspectiva que da la altura del mirador, el veredicto se confirma: la vista no puede ser más impresionante. El mar y la pequeña localidad que le da nombre al fiordo se vislumbran al fondo de un valle de gigantes. Desde esta fortaleza natural tan solo la niebla se atreve a interponerse ante la mirada. Un espectáculo asombroso que aún continua durante el lento descenso hacia Geiranger, con inevitables paradas en puntos de gran interés como la garganta Flydalsjuvet.

Geiranger es un puerto natural y fondeadero de varias líneas de cruceros, embarcaciones privadas y turísticas. Montañeros, navegantes y moteros se mezclan con los turistas de sandalias y calcetines que, tras desembarcar, llenan las tiendas de ropa y souvenirs o las terrazas de bares y restaurantes, como el Café Olé, la Brasserie Posten o el bistró del hotel Geiranger. En este último se puede probar carne de reno, uno de sus platos fuertes.

Aquí la ruta llega a su fin. Pronto habrá que enfilar por la carretera hacia Vigra. El alto de Ornesvingene o la Curva del Águila ofrecen las últimas oportunidades de admirar, nunca por última vez, la joya de la corona de los fiordos noruegos, no sin antes prometerse un pronto retorno para seguir disfrutando de tanta hermosura.

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