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GAMBIA. Secretos de África

Zoe Lara

Gambia es un destino curioso. Encerrado literalmente entre Senegal y el Atlántico, abraza al río del mismo nombre que fue testigo de una época infame en la que los esclavos salían por la fuerza con destino a América. Hoy, el país más pequeño de África occidental es una zona casi virgen desde el punto de vista turístico, y ese es precisamente uno de sus grandes atractivos.

Gambia es el destino ideal para un viaje de incentivo que busque un lugar exótico y escasamente conocido. Pocos habrán estado en este enclave que fue puerto de salida de las riquezas portuguesas allá por el siglo XVI y cantera de esclavos hasta 1906. Actualmente es un país musulmán que parece adormecido desde el punto de vista turístico, sobre todo si se le compara con el vecino Senegal.

Banjul es la capital de Gambia y segunda ciudad en importancia del país. Allí aterriza Vueling dos veces por semana procedente de Barcelona. Hasta el islamismo parece aletargado: aunque el 80% de la población profesa esta religión, pocas mujeres van cubiertas o de oscuro. La mayoría inunda las calles de color gracias a sus vistosos trajes, con la espalda a menudo cubierta por el niño en bandolera.

Banjul

Dicen los gambianos que su país es seguro: los ladrones, previa paliza de la policía, pasan como mínimo un año en la cárcel, independientemente de lo que hayan robado. Motivo de sobra para pensárselo diez veces… Es cierto que el destino inspira confianza, incluso en los mercados. Las caras reacias a las fotos o los vídeos pronto se llenan de sonrisas si el viajero pide permiso. Albert Market, en Banjul, es uno de los mejores lugares para comprobarlo.

La capital rinde homenaje al presidente actual a través del Arco del 22 de Junio de 1994, cuando el que era guardaespaldas del anterior mandatario asumió el poder. Su imagen preside cualquier lugar público y su presencia es constante a lo largo de las carreteras, de asfalto y bien cuidadas.
Playas

Las de Banjul son inmensas e ideales para un paseo al atardecer. Los grupos pueden disfrutar de la arena cálida mientras aprenden danza africana o reciben una clase de yembé.

La avenida Senegambia aglutina la mayoría de hoteles del país, aunque los más bonitos se encuentran precisamente en otras zonas. Nos quedamos con el Ngala Lodge, entre las dos urbes principales, con 18 habitaciones amplísimas y un argumento de peso para garantizar la calma en este lugar que inspira zen attitude: no admite niños. Las puestas de sol de los jueves se acompañan con música de saxo (www.ngalalodge.com).

Serrekunda
La ciudad más grande de Gambia es un enjambre de vendedores. Puede ser divertido adivinar qué no se puede encontrar aquí. El cercano Bijilo National Park, o parque de los monos, es el mejor ejemplo de naturaleza para quienes no dispongan de dos días dedicados a remontar el río, en general con destino a Georgetown. La incipiente infraestructura turística solo ofrece un campamento como posibilidad de alojamiento en la selva.

Más cómodo es recorrer uno de los cuatro senderos de Bijilo, apreciando la calma de los monos y tucanes que posan para los turistas. Como prueba del escaso desarrollo turístico del país, la cercana granja de cocodrilos es un lugar sin ningún interés con el que los gambianos intentan impresionar al viajero: ¡un cocodrilo más muerto que vivo se puede tocar! En el fondo tiene su gracia.

Gambia cuenta 1,6 millones de habitantes, con una esperanza de vida de 54 años y una tasa de alfabetización del 40%. Este índice queda claramente reflejado en la cantidad de tiendas ilustradas con dibujos de lo que se vende. La mejor época para visitar el país es de noviembre a mayo, cuando todo está más verde. Durante el resto del año Gambia es menos vistoso, pero los precios de los hoteles también bajan considerablemente.

Tanji

En cualquier momento se puede disfrutar de Tanji, un concentrado de África en estado puro que dejará al espectador boquiabierto. Los barcos de pesca se acercan a la costa y los lugareños compiten en velocidad y espalda a la hora de sacar a tierra las canastas repletas de pescado. Hasta 30 kilos llegan a transportar en la cabeza.

Los niños demuestran una agilidad impresionante en el momento de atrapar los peces que caen y las mujeres, un sentido de la organización repleto de estética a la hora de montar los pequeños puestos de verduras que completan el colorido ambiente con los tonos de los tomates, cebollas y mangos.

Nada mejor que descubrir el lugar de la mano de Ida, emprendedora local orgullosa de enseñar el país a través de su gastronomía. Sus cursos de cocina incluyen la salida al mercado, la negociación con los vendedores y los momentos de relajación en su casa, en torno a juegos africanos, una agradable charla sobre las costumbres locales o simplemente un sueñecito los pájaros a la sombra. El remate a una excelente mañana será una comida típica a base de domoda, o sopa de cacahuete; benachi, la paella gambiana, y pescado en salsa yassa.

Street Art

Gambia sorprende. No es tan espectacular como otros países de África, ya no le quedan big five y las playas no son tan paradisíacas como en Seychelles. Pero tiene una autenticidad que pocos destinos en el mundo ofrecen.

El mejor ejemplo se encuentra en lo que podrían llamarse calles de los poblados Bafuloto y Makumbaya. Los niños se pelean por atraer la atención de un viajero que no sabe si mirarles a ellos o a los sorprendentes murales que decoran algunas casas, obra de artistas agrupados en torno al movimiento Wide Open Walls.

Porque Gambia es un país muy amplio, y en muchos aspectos: en playas, en posibilidades de desarrollo… pero sobre todo en sonrisas que no esconden ningún interés en forma de propina. Y eso en África es muy de agradecer.

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