Ho Chi Minh City. PACO ANTÓN / Pentland

Ho Chi Minh City. PACO ANTÓN / Pentland

«La ciudad más europeizada de Asia ha implantado la idea del sueño vietnamita»

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Lo que tiene la globalización es que uno puede estar tranquilamente sentado en su oficina de Albacete mientras pisa el suelo con los zapatos en cuya fabricación ha participado, desde Ho Chi Minh City, Paco Antón, responsable de Desarrollo de Producto de la compañía británica Pentland en Asia. Lleva haciéndolo desde 2014, cuando no pudo rechazar la oferta para trasladarse a este país acostumbrado a ser conquistado. Buen conocedor del resto de los destinos de la región, este ilicitano está tan a gusto allí que lo tiene claro: Vietnam es algo bonito de vivir.

MIRIAM GONZÁLEZ

 

Es de Elche y como (casi) no podía ser de otra forma, siempre ha estado vinculado al mundo del calzado. A Paco Antón le ofrecieron hace más de ocho años trasladarse a Indonesia y no lo dudó mucho. El salto a Vietnam le costó aún menos después de haber superado con nota el impacto que se lleva todo expatriado al llegar a cualquier destino.

De hecho, según Paco, para este tipo de experiencias «en el sector del calzado las empresas prefieren reclutar a personal que ya haya estado expatriado, porque la adaptación se lleva mucho mejor».

En su caso también pesó el bebé que venía en camino y que hoy ya tiene muchos más centímetros crecidos en Vietnam que en España: «Preferíamos que se criara aquí, con una estructura más sólida y en el ambiente más europeo que, sobre todo, hay en el sur del país». Porque la influencia francesa se nota y mucho. Las cafeterías son una parte muy importante en el día a día vietnamita. «Lo tienen muy arraigado. Por cultura, toman pan tipo baguette y café, como en París, sentados mirando a la calle, disfrutando del momento».

Paco, que tiene unos cuantos kilómetros a sus espaldas, considera que Ho Chi Minh es la ciudad más europeizada de Asia, lo que hace más fácil la integración, así como su carácter acogedor. «Al fin y al cabo ellos, desgraciadamente, han sido siempre colonia de alguien; entienden que haya gente que venga y lo saben tratar, te ayudan». Algo que se valora mucho cuando se desembarca de nuevas con toda la familia.

También ayuda vivir en la capital financiera del país, en la que no se echa prácticamente nada de menos. De hecho, Ho Chi Minh ha vivido un crecimiento exponencial en los últimos años. «En solo tres meses levantan un edificio de 20 plantas; desde que hemos llegado hemos visto construir barrios enteros y una de las torres más altas del mundo». Y es que tienen que dar cabida a todos los vietnamitas que llegan a la gran ciudad buscando algo muy americano: el sueño vietnamita. Como señala Paco, «la gente viene a Ho Chi Minh a perseguir “ el sueño”: de acabar los estudios, de encontrar trabajo…».


TRABAJAR CON VIETNAMITAS

¿Y cómo es trabajar con los vietnamitas? Un par de suspiros y una pausa después, Paco lo deja claro: con paciencia. Dirige a un equipo de 14 personas, con una edad media de 27 a 32 años y un perfil un tanto complicado de encontrar: técnico y que además sepa manejarse bien en inglés. Para explicar algunas de las dificultades con las que se encuentra, pone un ejemplo: «Es como si todos los días te trajeran un vaso de leche y, de repente, un día te plantaran uno de agua. Les preguntas la razón y no saben contestar». Después de unos cuantos años, Paco deduce que es herencia de un sistema educativo más empeñado en la disciplina y poco en la capacidad de discernir: «Siempre les han dicho lo que tenían que hacer; suelen tener miedo a equivocarse si tienen que elegir entre una opción u otra».

En cualquier caso, señala que en Vietnam, sobre todo en el sur, se trabaja bastante mejor que en otros países. «Los vietnamitas tienen como objetivo mejorar su posición, sin envidias; ellos saben que cuanto mejor trabajen, más van a ganar, pero sin preocuparse de lo que ganen los demás». Tanto es así, que incluso en alguna ocasión les ha tenido que llamar la atención por trabajar fuera del horario. «Yo quiero que sean profesionales; a ellos les encanta aprender y afrontar desafíos ; dedican su tiempo personal a la investigación de producto». Por todo ello, destaca el buen clima laboral que hay en su oficina.

ERA COVID-19

Como en el resto del mundo, Vietnam también ha sufrido los efectos de la covid-19, aunque con matices respecto a España y otros muchos países. De hecho, la estrategia llevada a cabo por el Gobierno se ha llegado a considerar como una de las más exitosas: en un país de 92 millones de habitantes ha habido —oficialmente— poco más de dos centenares de contagios y cero víctimas mortales.

A finales de enero, coincidiendo con el Año Nuevo vietnamita, se lo tomaron muy en serio. Paco explica que también ayudó que hubiera protocolos ya establecidos por la crisis de la gripe aviar. «Ya tenían experiencia y desde el principio las medidas fueron muy drásticas, con cierre de colegios, de fronteras con China y otros países donde la situación ya estaba fea, así como medidas de prevención. La mascarilla aquí es algo normal: se lleva cuando se está resfriado».

Después llegaría el cierre de los negocios no esenciales, el de restaurantes y hoteles, cuarentena de todo lo que entraba y salía del país, y confinamientos controlados de algunas áreas. Paco destaca también el desarrollo de «un sistema de información brutal, en el que todos los días se sabía los afectados que había, qué habían hecho y dónde habían estado». Tampoco ha habido desabastecimiento, ni siquiera de papel higiénico: «Los vietnamitas utilizan una manguerita, así que solucionado ese tema».

En cualquier caso, la actividad no se paralizó del todo en ningún momento: «Juegan con la ambigüedad; el Gobierno tiene muy claro de dónde viene el dinero. Las exportaciones y el turismo se cortaron. En cuanto al tejido productivo, se dio la orden de distanciamiento social y el cierre de negocios, pero si tenías que trabajar, podías hacerlo». Ni las oficinas ni las fábricas de Pentland cerraron, pero limitaron la presencia de trabajadores con el teletrabajo, algo a lo que está habituado. «Aquí ya se hace mucho más que en España, es normal quedarse un día o dos en casa». No obstante, ha tenido que acostumbrarse a ciertas singularidades: «No tuve acceso a una fábrica durante dos semanas por la alarma social, igual que en otros sitios en los que no permiten la entrada de extranjeros. Los europeos primero y luego los españoles hemos sido los grandes apestados; lo entiendes por la incultura que pueda haber».