JUDERÍAS GALLEGAS. Morriña de Yahvé

JUDERÍAS GALLEGAS. Morriña de Yahvé

JAVIER CARRIÓN

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Monforte de Lemos, Ribadavia y Tui constituyen un formidable triángulo para descubrir la huella sefardí en Galicia. Pazos y monasterios centenarios, bodegas y viñedos enclavados en lugares inverosímiles que dan buena cuenta de los excelentes caldos de Ribeiro, villas medievales embaucadoras que conforman una ruta patrimonial, gastronómica y paisajística memorable en todos los sentidos y que abre las puertas a las peculiaridades de una cultura ancestral.

 

El Monte de San Vicente, origen fundacional de Monforte de Lemos, es un buen punto para iniciar la singular ruta de las juderías gallegas. En ese enclave elevado de la villa lucense se mantiene la majestuosa torre del Homenaje y el monasterio benedictino de San Vicente del Pino, con su magnífica fachada renacentista, hoy convertido en un elegante parador nacional, un punto ideal para divisar todo el valle de Lemos con el arroyo Zapardiel y el río Cabe, que discurren a sus pies.

Antes hay que visitar el interior del monasterio que sobresale por su hermoso e inclinado patio, diseñado con una red de canales instalados que servía para recoger el agua de la lluvia y almacenarla en un aljibe subterráneo, facilitando así el suministro de agua en todo el complejo. El monasterio fue abandonado durante la desamortización de 1836 y a principios del siglo XX volvió a ser habitado por monjes procedentes de Samos, que lo abandonaron en los años ochenta del pasado siglo.

Es este, sin duda, un privilegiado mirador desde el que resulta fácil acceder a las calles en las que residían judíos y cristianos en la Edad Media. Siempre protegidos por la muralla, visible hoy en un sencillo recorrido a pie, y dedicados al comercio de la seda, los paños y la platería o a profesiones como la abogacía o la medicina.

Falagueira, Pescaderías o Zapaterías son algunos nombres de estas vías en las que se puede apreciar algún tabuleiro, el mostrador que utilizaban los judíos en las ventanas para realizar sus ventas. En estas rúas se tiene constancia documental de que vivían familias de esta comunidad, que probablemente usaban la pequeña pero encantadora puerta medieval de Pescaderías, aunque es en el tramo final de la calle Falagueira donde se localizan las casas de los Gaibor, una de las más pudientes familias de los judíos y conversos de Monforte.

Cerca de estas viviendas se halla la sinagoga, una cueva poco accesible, al ser hoy un espacio privado donde antaño se curaba el vino. Tras la expulsión de 1492, a esta calle Falagueira se la denominó calle de Cruz, un nombre muy habitual en las viejas juderías que querían reforzar su recién adquirida fe cristiana.

Descendiendo a la villa por el recinto amurallado, resulta muy recomendable visitar el museo de Arte Sacro de las Clarisas, uno de los más espectaculares del país, con un Cristo yacente del taller de Gregorio Fernández que impresiona dentro de una urna procesional,  así como el museo del Vino de la Ribeira Sacra, ubicado en el antiguo hospital de Sancti Spiritus, con un bonito patio central.

Hasta 2001 fue el ayuntamiento de Monforte y hoy muestra cómo la cultura del vino está muy presente en la Ribeira Sacra, con casi un centenar de bodegas, algunas de ellas desplegadas en terrazas de manera inconcebible sobre las inclinadas laderas del cañón del río Sil. La visita guiada de este museo permite disfrutar de imágenes vídeos, esculturas, pinturas, sonidos y luces para descubrir la verdadera historia del vino y la de las gentes de este rincón gallego. En su tienda, con más de 220 referencias vinícolas, se pueden adquirir botellas desde 9 a 120 euros.

A partir de la plaza de España arranca la rúa Cardenal Rodrigo de Castro, que conduce directamente al colegio de Nuestra Señora de la Antigua, el considerado “Escorial gallego”, debido a su impresionante fachada herreriana de 110 metros de largo. En el interior llama la atención la escalera principal, realizada en una pieza única de granito y suspendida sin ningún apoyo.

También destacan la iglesia, con su gran retablo mayor y la estatua orante en bronce del Cardenal Rodrigo de Castro, amigo y confidente de Felipe II, y su pequeña pero valiosa pinacoteca, con dos cuadros originales de El Greco (“San Lorenzo” y “San Francisco”) y cinco de Andrea del Sarto. El recorrido impacta al visitante al comprobar la importancia patrimonial y espiritual que tuvo este edificio a partir del siglo XVI en una Galicia muy atrasada.

Ribadavia, cuna del Ribeiro

El viaje continúa por Ribadavia, la capital del Ribeiro, a unos 50 km de Monforte de Lemos, donde conocer la vida de los judíos que se asentaron en esta villa vinícola entre los siglos XI y XIII. Su Centro de Información Judía de Galicia, ubicado en el pazo de los Condes, anexo al castillo de la villa orensana, revela cómo judíos y cristianos lucharon de manera coordinada en 1386 contra las tropas del duque de Lancaster, que habían invadido Galicia. La judería resultó muy dañada en aquella contienda.

A principios del siglo XVI, algunas fuentes aseguran que la población hebrea alcanzaba los 1.500 habitantes, aunque en la realidad no debieron ser más de 200. Hoy existen pocos testimonios de ese pasado judío, pero sí se sabe que los conversos vivieron con cierta tranquilidad hasta el siglo XVII simulando ser cristianos y practicando su religión clandestinamente.

De uno de esos conversos permanece una tumba en la iglesia de Santo Domingo, bello ejemplo del gótico mendicante gallego, aunque la mayoría de los visitantes que buscan raíces judías prefieren pasarse por la tahona de Herminia Rodríguez, una gallega de 83 años que ha dedicado los tres últimos decenios de su vida a elaborar ricas pastas sefardíes levantándose diariamente a las tres de la mañana.

En el austero local y horno, adornado tanto con objetos religiosos hebreos como con figuritas de un belén, vende con éxito kijelej de mon con semillas de amapolas, kupferlin de almendra y mamules de frutos secos y agua de azahar, entre otras delicias artesanas.

Pero si de algo puede presumir Ribadavia es de su vino, reconocido en Europa y América entre los siglos XVI y XVIII por sus cepas emblemáticas como la treixadura, el godello o el torrontés, cuando la nobleza y el clero extendieron sus brazos por toda la comarca de Ribeiro. Todavía quedan más de 50 granjas vitivinícolas que en su tiempo fueron monasterios y otros monumentos de singular importancia.

En uno de ellos se ubica el Museo do Viño de Galicia, una construcción del XVIII que funcionó como casa de priorato para la explotación vinícola del monasterio de San Martín Pinario de Santiago de Compostela. En su interior se producía la elaboración, el almacenamiento y la distribución de los caldos hasta la morada del santo patrón de Galicia y España, pero fue abandonado en el siglo XX.

La exposición se prolonga por tres plantas y ocho salas con espacios temáticos relacionados con el proceso productivo del vino hasta alcanzar los lagares y la bodega en el subsuelo del edificio. Al lado del museo abre el restaurante Sábrego, ideal para degustar una buena comida regada con los caldos de Ribeiro. Desde su jardín se divisa una bella panorámica del hermoso campo gallego próximo a Ribadavia.

Tui, capital gallega hasta 1833

El recorrido por estas juderías del noroeste de España acaba a orillas del río Miño, en Tui, una de las siete capitales del Reino de Galicia hasta 1833. La segunda ciudad más rica en patrimonio histórico artístico en tierras gallegas tras Santiago de Compostela tuvo gracias a su comuna judía medieval una importancia tal que algunos la consideran el principal núcleo judeoconverso de la región.

Alrededor de 600 judíos vivieron en este punto neurálgico y fronterizo con Portugal, dominado por la bella catedral defensiva de Santa María (1120-1225), en la que se comprueba como la convivencia hebrea y cristiana era un hecho normal. Lo atestigua una menorá, o candelabro de siete brazos, grabada en el claustro gótico de la catedral con el nombre de un personaje de la comunidad judía.

Ya en el interior del templo, el museo Catedralicio expone el trabajo de los plateros hebreos, como un cáliz gótico y un relicario de coco, realizados por Abraham, Jacob o Aarón Amín. Tras la visita de este museo se pueden admirar los órganos barrocos, la sillería del coro, el retablo de la Expectación, la capilla de las Reliquias y el claustro de este templo de aspecto fortificado que es sede hoy de la diócesis de Tui-Vigo.

Al salir de la catedral se puede comprobar cómo se dispersan algunas de las calles que constituyeron la Judería, un espacio de oración que conducía a la cárcel capitular, la carnicería y el cementerio, pasando por la sinagoga, junto a la muralla y muy próxima a la puerta de Pía. Desde el templo, situado hoy junto a Alimentación Alonso, una de las tiendas de ultramarinos más antiguas de Galicia, donde se siguen vendiendo especias al peso, se extendía otra área donde se conservan algunas viviendas hebreas del siglo XV, como las casas de Salomón, Moisés y Aarón, situadas cerca de la Torre de Xudeu, hoy convertido en un hotel incrustado en el corazón de Tui.

A partir de este solar, un viejo pasadizo subterráneo conecta de nuevo con el área fortificada de la catedral con sus almenas y torres. A solo unos metros de la torre de las Campanas, se halla el Museo Diocesiano (1756), enclavado en el antiguo Hospital para Pobres y Peregrinos, donde las gentes que caminaban hacia Santiago de Compostela podían descansar tres noches.

El museo guarda una de las atracciones turísticas más curiosas de Tui. Se trata de una colección de sambenitos únicos de 14 tudenses procesados por la Inquisición entre los años 1616 y 1621, con los nombres de los acusados, los delitos y las penas a las que fueron condenados.

Estos sambenitos se colgaban, como si fuera otro castigo más para sus familias, a la vista de todo el mundo. Los letreros reproducían la cruz de San Andrés, que simbolizaba la confesión que estaban obligados a hacer, reconociendo que Jesús era hijo de Dios. Para contemplar estas piezas de tela únicas en España, el testimonio de las penitencias impuestas por el Santo Oficio a los considerados herejes reconciliados con la Iglesia, hay que subir a la planta superior del edificio. Su estado de conservación es magnífico.

MÁS INFO
www.redjuderias.org