Los errores en las reservas aéreas pueden costar hasta 150 euros

Los errores en las reservas aéreas pueden costar hasta 150 euros

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Un informe de Liligo.com revela que realizar cambios en la fecha del trayecto puede suponer un coste igual al del precio de un nuevo billete. Ryanair es la aerolínea que mas penalizaciones aplica.

Según Liligo.com, un error a la hora de reservar un vuelo puede costar hasta 150 euros en el caso de que sea necesario realizar un cambio de nombre. Un cambio de fechas puede incluir hasta el cobro del valor de otro billete. Si se comete el simple fallo de poner una letra de más en el apellido o el nombre, el viajero podría tener que pagar casi el mismo importe ya pagado por hacer el cambio.

Un error ortográfico puede ser suficiente para que el pasajero sea rechazado a la hora de embarcar. El coste por hacer el cambio de nombre varía según la compañía con la que se haya reservado. Las que mas cobran por realizar esta modificación son Ryanair y Monarch, con más de 100 euros de recargo.

Pero esto no es todo: además de cobrar una tarifa fija por hacer el cambio, en la mayoría de casos, principalmente entre las compañías low cost, el pasajero deberá pagar por la diferencia de precio entre el valor del billete del día de la reserva y el del día de la enmienda.

Algunas aerolíneas como Flybe, Bmibaby o Thomson permiten cambiar cualquier dato del billete, incluso la fecha, hasta 24 horas después de haber realizado la reserva. Air Berlin no cobra ningún recargo por cambio de datos, solo la diferencia de tarifa. Ryanair aplica 100 euros por trayecto si se realiza el cambio a través de la web y 150 euros si se tramita a través del call center, añadiendo en ambos casos la diferencia de tarifa.

Vueling cobra 39 euros por trayecto y pasajero más la diferencia de precio. El cambio de titular de la reserva cuesta 50 euros. Con Iberia los cambios de nombre no están permitidos. En el caso de British Airways el viajero debe abonar 34 euros por billete; con easyJet, 35 euros más la diferencia de tarifa.

Las aerolíneas justifican estos recargos para evitar que haya clientes que compren un gran número de billetes de avión baratos para revenderlos a continuación a otros viajeros y lucrarse con esta acción.