MADEIRA. Caprichos de la naturaleza

MADEIRA. Caprichos de la naturaleza

Miriam González

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Forte Sao Tiago con Funchal al fondo Madeira

Como los buenos perfumes, pequeña y destilando naturaleza en cada punto cardinal. Al estar un tanto alejada de Europa y África, Madeira ha podido conservar casi intacta esa esencia de los paraísos sin arrasar. Arropada por el Atlántico y modelada por los volcanes, las  tradiciones de antaño y el sabor de los pueblos pesqueros se entretejen con el encanto más cosmopolita de Funchal, la capital. Y todo a golpe de acantilado, de esos que hacen difícil la tarea de elegir qué es más bonito, si verlos desde arriba o desde abajo.

 

En portugués, espantoso es sinónimo de maravilloso, y esquisito, de raro, rayando en feo. Los avezados en portuñol podrían decir, sin complejos y sin miedo a equivocarse, que Madeira es ‘espantosamente exquisita’. O al menos, no deja indiferente a nadie. Para corroborarlo, en los World Travel Awards 2018 —los Oscar de la industria turística— consiguió el galardón de ‘Mejor isla europea’. Ahí es nada.

Si dan ganas de empezar a hacer las maletas, lo primero es situar este archipiélago, que recibe el nombre de la isla más grande, Madeira. Portosanto, las islas Salvajes y las islas Desiertas completan este peculiar conjunto más cerca de Tenerife que de Lisboa. Tan en medio del Atlántico, que su descubrimiento fue, como en tantas otras ocasiones, un poco por casualidad en el siglo XV. Los portugueses no tardaron en ver las posibilidades de la ‘isla de madera’ para sus expediciones al otro lado del charco. De hecho, Madeira fue durante siglos el último avistamiento de tierra antes de poner rumbo a América. Y vaya vistas. No es de extrañar que ya en el siglo XIX la beautiful people europea presumiera de haber podido disfrutar de las panorámicas de sus acantilados.

Ahora el avión lo pone un poco más fácil para llegar aunque, salvo en época estival, no hay vuelos directos desde España. Y aterrizar en Funchal es toda una experiencia que merece la pena vivir una vez en la vida. Nada más poner un pie en tierra, se intuye que el dios patrio de esta región autónoma portuguesa no es otro que CR7, quien da nombre al aeropuerto y que posa feliz en forma de busto en la entrada del mismo, como para dar la bienvenida al cachito de Trópico de Madeira. Cualquier momento es bueno para dejarse caer por la isla, ya que el clima suave y templado acompaña durante casi todo el año.

FUNCHAL, EL CENTRO DE TODO

Cuenta la leyenda que cuando Cristóbal Colón quiso explicar a los Reyes Católicos la orografía y formas de Madeira, arrugó una hoja de papel. Quizá sea la forma más gráfica para explicar cómo los caprichos de la naturaleza y el terreno volcánico modelaron enormes escarpados, barrancos y acantilados cayendo precipitadamente al mar. Estas formas, teñidas siempre de verde, tienen como consecuencia, por un lado, que los que quieran playa lo tengan complicado si no se van a la cercana Portosanto, y por el otro, que casi todo gire en torno a Funchal, la capital. Moverse por la isla es cada vez más fácil, gracias a la intervención del hombre que se ha empeñado en salvar las dificultades orográficas con cómodas autopistas que dan acceso a la capital.

Funchal siempre ha sido la primera tarjeta de visita de una isla que, dada las complicaciones de accesibilidad, deja sus tesoros un poco más ocultos. Por esa razón se esfuerza en mostrar su mejor cara a todo el que se deja caer por allí, desde Admunsen en su ruta al Polo Sur hasta cientos de cruceristas modernos, pasando por legendarios corsarios y bucaneros. De hecho, es inevitable sentirse un poco protagonista de una película de piratas desde el Forte São Tiago, una fortaleza construida en el siglo XVII para defender el puerto de Funchal.

Desde el patio de la planta superior la vista panorámica de la ciudad, sobre todo de la Zona Velha, es una de esas postales que cuesta olvidar. El fuerte además ofrece la posibilidad de celebrar eventos en sus instalaciones, que pueden albergar hasta 260 personas. Y como el clima acompaña, la magia de un atardecer desde este punto de la ciudad es un plus para los actos al aire libre, que además se pueden tematizar llegando incluso a los tiempos de Cristóbal Colón. Un claro ejemplo de que en Funchal, en particular, y Madeira en general, la línea que separa trabajo y placer es muy delgada.

En una ciudad donde los ingresos vienen del turismo, la oferta hotelera es tan amplia como variada y  muchos establecimientos están pensados para tener todo lo necesario para no moverse mucho. De hecho, las opciones más interesantes para eventos y reuniones las ofrecen cadenas como la portuguesa Pestana y su referente MICE, el Casino Park. Nada más entrar se nota quién firma los planos del recinto, y no es otro que el arquitecto de las curvas, Oscar Niemeyer.

El brasileño supo integrar con mucho arte la luz natural con las necesidades de un hotel de esta envergadura, un casino —el único de Madeira— y un centro de convenciones. Para más inri, su peculiar genialidad jugó con símbolos como la luna y el sol para integrar todos los elementos. En cuestión de capacidades, con tanta superficie, el baile de cifras va desde las 40 personas de alguna de las 11 salas de reuniones del hotel hasta las 1.000 del Pestana Forum del edificio del Casino.

El centro de congresos dispone de un auditorio y una sala de conferencias que pueden albergar 628 y 450 personas, respectivamente, aparte los restaurantes, uno de ellos panorámico, con unas vistas al océano que dan ganas de meterse dentro, en el que se pueden organizar eventos para 800 personas. Además de este enorme complejo, Pestana cuenta con otros 9 hoteles en Madeira, uno de ellos muy para mitómanos, el del rey de la isla, CR7, que cuenta además con su propio museo de trofeos y objetos personales.

Uno de los protagonistas del primer boom turístico de Madeira, allá por el romántico siglo XIX, fue el Belmond Reid´s Palace, que abrió sus puertas en 1891. Desde el primer momento se convirtió en el lugar preferido de la crème de la crème europea. Por sus habitaciones han pasado celebrities de todas las épocas y, de hecho, la galería del hotel en la que se muestran los retratos de los ilustres huéspedes es toda una hemeroteca para los amantes del papel couché.

El ambiente selecto de entonces se sigue palpando en cada rincón, también en las seis salas de reuniones para convocatorias con mucha historia. Y si lo que se prefiere son celebraciones al aire libre, el hotel está rodeado de 40.000 m² de jardines subtropicales con 500 especies de árboles y plantas de todo el mundo. Como curiosidad, el hotel, situado encima de un acantilado, cuenta con acceso directo al mar, por lo que los huéspedes podían llegar directamente desde sus barcos.

De estilo completamente distinto es el Vidamar Resort Hotel Madeira, otro de esos recintos donde los organizadores de eventos pueden perderse en sus 2.200 m² de espacio disponible a tal fin. Dispone de 9 salas de reuniones y el centro de congresos cuenta con otras seis salas, además de un auditorio con capacidad para 400 personas. Y tan bien situado encima del mar que si entre reunión y reunión hay que tomar el aire se puede disfrutar de la brisa del mar.

CON SABOR A HISTORIA

Durante años la vida en Funchal empezaba —o terminaba, según se mire— por lo que traían las mareas del Atlántico. No es de extrañar que se preocuparan de vigilar bien el puerto, por si algún corsario se dejaba caer por allí. Con ese propósito, a mediados del siglo XVII se construyó  el  popularmente conocido como ‘Molhe’, la fortaleza de Nuestra Señora de la Concepción. De aquellos tiempos queda algo de la estructura exterior que no da ninguna pista de que hoy en día el espacio lo ocupa, según su propia definición “un lugar donde reunirse y compartir, un laboratorio de ideas”: Design Centre Nini Andrade Silva.

El recinto acoge parte de la obra de esta arquitecta de interiores —nacida en Funchal y muy valorada en Portugal— que se inspira para sus obras en el viento y la tierra y que investiga las raíces culturales de cada sitio. Este espacio tan singular, obviamente ideado por Nini, dispone de varias áreas para exposiciones y reuniones, incluida la terraza al aire libre, con capacidad para 100 personas, y un restaurante, cuyas espectaculares vistas panorámicas pueden disfrutar hasta 80 personas.

La bravura del océano hace complicadas las labores del mar y por ello, ya los primeros colonos empezaron a mirar hacia las escarpadas laderas de Madeira para plantar algo que llevarse a la boca. Y así comenzó el cultivo de caña de azúcar y viñedos. Hasta el punto que hoy en día, la denominación de origen Vino de Madeira aglutina hasta 30 variedades de uva. Un vino ideal para aperitivos o postres y con fama mundial, cuyos entresijos pueden paladearse en Blandy´s Wine Lodge, la bodega más antigua de Madeira en pleno centro de Funchal.

Sus instalaciones fueron inauguradas en el siglo XIX en lo que fuera el convento de San Francisco, por lo que entrar por la puerta es hacer un viaje al pasado envuelto en los aromas dulzones del vino de las barricas. La ‘catedral del vino’ de Madeira dispone de 6 zonas para celebrar eventos de hasta 350 personas, en espacios que recorren el proceso de elaboración del vino, desde el Armazém Leste, la antigua sala de envejecimiento, a la sala Vintage, con el despliegue de añadas de la bodega, toda una biblioteca de sabores.

Si el vino no hace estragos, merece la pena pasear por las calles empedradas de la Zona Velha de Funchal para descubrir, entre el encanto un tanto tropical de la ciudad, una galería de arte al air libre que toma forma en las puertas pintadas de la rúa Santa María. O rincones tan apetecibles como la plazoleta que ocupa la capilla de Corpo Santo. El paseo no puede terminar sin darse una vuelta por el Mercado dos Lavradores para disfrutar del estallido de colores de sus puestos, con flores, frutas y verduras venidas desde todos los rincones de la isla y más allá.

RECOMENDADOS

SUBIDA A MONTE Y BAJADA EN CESTINHOS
No hay mejor forma de hacerse una idea de lo que es Funchal, en particular, y Madeira, de forma más general, que tomar el teleférico a la parroquia de Monte. El recorrido salva casi 4 kms y 560 m de altura en 15 minutos y merece la pena, incluso para los que tengan algo de vértigo, ya que la panorámica durante el ascenso es impresionante. Además, se convierte en un ejercicio de admiración hacia el género humano, que ha sido capaz de salvar los tremendos desniveles de las montañas para construir y cultivar aquí y allá. Y esto es solo el aperitivo, porque el plato fuerte llega, después de visitar la iglesia do Monte y los jardines tropicales tan ideales de los alrededores, con los cestinhos do Monte. La cuestión es subirse a un canasto, encomendarse a lo que se tercie y dejarse llevar por los carreiros que empujan calle abajo. El desnivel es pronunciado, pero el subidón de adrenalina es inolvidable.


SAFARI EN JEEP Y CABO GIRÂO
Nadie se puede ir de Madeira sin la aventura de descubrir sus cumbres. Hacerlo en un jeep supone más emoción, por sentirse parte de una película de caza tesoros con masaje incluido para la zona lumbar. De hecho, conducir por ciertas pendientes que no han conocido el asfalto es solo para profesionales. Para llegar a los lugares más increíbles hay que meterse por caminos por los que parece imposible que pueda circular un vehículo. Con el traqueteo entre bosques de laurisilva se accede a las vistas de los barrancos centrales de la isla, así como del pico Areiro y el cercano pico Ruivo. La experiencia también incluye un poco de senderismo siguiendo el curso de una levada, las acequias construidas para hacer llegar el agua salvando los desniveles, y el encanto de pueblos pesqueros como Câmara do Lobos, una de las panorámicas preferidas de Churchill. Así hasta llegar a Cabo Girâo, que con sus 589 m, es el más alto de Europa. El mirador con suelo de cristal es, sencillamente, apabullante.
(Madeira Mountain Expedition / Tel. +351 969 677 679 / www.mex.pt)


AVISTAMIENTO DE DELFINES
Una isla se puede descubrir también desde el mar, y si es a bordo de una zodiac, con la posibilidad de ver delfines y ballenas tras adentrarse en el océano Atlántico, la cosa mejora todavía más. Con la pericia de los avistadores desde Cabo Girâo y un poco de buena suerte, los delfines estarán brincando alrededor de la embarcación. Eso sí, no son como los del zoo, que dan volteretas a la voz de ¡ya! con la recompensa de un pescado, por lo que hay que tener algo de paciencia y estar prestos con las cámaras para captar las piruetas.
(Rota dos cetáceos. Tel. +351 291 280 600 / www.rota-dos-cetaceos.pt)

MELIÁ MADEIRA MARE *****
A 10 min del centro de Funchal y situado en el Lido, el paseo marítimo, entre palmeras y jardines botánicos para el turismo de calidad, el hotel lo tiene todo para soñar junto al mar. Literalmente. Incluso cuenta con un acceso a la playa de Gorgulho. Las 220 habitaciones decoradas en un estilo minimalista y contemporáneo tienen balcón y en su mayoría, ofrecen vistas al océano. Si no es suficiente para relajarse, también se puede optar por un tratamiento en el spa. Cuenta con 750 m² de superficie para reuniones y eventos, distribuidos en 6 espacios que incluyen un salón de baile con capacidad para 400 personas.
Rua de Leichlingen, 2. Funchal
Tel. +351 291 724 140
www.meliamadeira.com

BELMOND REID´S PALACE *****
Tras cumplir el sueño del escocés William Reid, que quiso hacerse un refugio con mucha pompa lejos del frío de su tierra, lleva más de un siglo poniendo el listón muy alto en cuanto al lujo y la exclusividad. Las habitaciones, con todos los detalles del estilo clásico, tienen vistas al Atlántico o a los impresionantes jardines subtropicales. Andar por los mismos pasillos que antaño pisaron desde Rilke a Estefanía de Mónaco, tiene su punto, y desayunar en la terraza de la piscina panorámica es la excusa perfecta para un poco de postureo en Instagram.
Estrada Monumental, 139. Funchal
Tel. +351 291 717 171
www.belmond.com/es

WILLIAM RESTAURANT
Hay quien dice que es el mejor restaurante de Madeira y no podía estar en otro lugar que en el hotel Belmond Reid´s Palace. Abrió sus puertas en 2015 y ya presume de contar con una estrella Michelin. El chef Luis Pestana ofrece un menú de degustación en el que revisa la cocina tradicional portuguesa con un punto de innovación, sin pasarse. La mejor recomendación es llegar allí, sentarse con la espectacular panorámica de Funchal de frente y dejarse sorprender. Siempre lo consiguen.
Estrada Monumental, 139. Funchal
Tel. +351 291 717 171
www.belmond.com/es

SABOR A FADO
No se complicaron mucho para elegir el nombre de este establecimiento que ya da pistas de lo que se va a encontrar en el interior. Ubicado en la Zona Velha, este restaurante de tradición familiar lleva años ofreciendo cocina 100% made in Madeira, como la espetada regional, o el pez espada con banana. Como especialidades, la caldereta y la parrillada, ambas de marisco. El plato fuerte, sin embargo, entra por los oídos, ya que la familia que gestiona el restaurante regala las melodías del fado a los asistentes.
Travesia das Torres, 10. Funchal
Tel. +351 925 612 259