Artemida (Grecia). FRANCISCO PELAYO / Alfa Beta Vassilopoulos

Artemida (Grecia). FRANCISCO PELAYO / Alfa Beta Vassilopoulos

«En Grecia tiene mucho peso la vida familiar, conciliar es importantísimo»

Compartir

No es un tópico, sino una realidad, que griegos y españoles nos parecemos mucho, aunque con matices. Francisco Pelayo, un granadino dedicado a la consultoría, cambió ciudades españolas y alemanas por un pequeño pueblecito costero a unos 40 km de Atenas. Por supuesto, su calidad de vida ha aumentado: clima, costas infinitas, usos laborales más conciliadores que los españoles. Y eso que el país se halla inmerso en una grave crisis desde hace años. De hecho, compagina su trabajo de consultor con labores de voluntariado en campos de refugiados.

 

Resulta paradójico, pero a pesar de la grave crisis que afecta a Grecia desde hace años —actualmente renegociando otro tramo de una deuda inabarcable—, en el sector en el que trabaja Francisco Pelayo (Granada, 1982), el de la consultoría, hay oportunidades laborales. Trabaja para una cadena de supermercados, Alfa Beta Vassilopoulos, una compañía griega de toda la vida que fue comprada por la multinacional holandesa-belga Ahold Delhaize, que tiene marcas en varios países y cientos de miles de empleados en todo el mundo. “Por tanto, mis condiciones y formas de trabajo son más de los Países Bajos que griegas”, comenta Francisco.

Llegó en febrero de 2014 y un año más tarde su novia. Ambos viven en un pequeño pueblo a unos 40 km de Atenas, con una vida tranquila: tiene un pequeño huerto y casa con porche junto al mar. Su adaptación fue mucho más rápida que en países como Alemania y Reino Unido, ya que «Grecia es un país mediterráneo, y no solo la comida y el clima son muy parecidos a los nuestros, sino también la forma de ser de los griegos: su sentido del humor, su amabilidad y su forma de ver la vida es bastante similar no solo a la española, sino incluso a la andaluza».

Lógicamente, Francisco constata que el idioma es una barrera al principio. «Los carteles están llenos de símbolos que solo conoces por las matemáticas o la física, y te sientes muy perdido», explica divertido. «Luego, una vez que lo aprendes, te das cuenta que muchas palabras son muy parecidas al español, lo cual ayuda, así como el hecho de que aquí todo el mundo hable inglés. En eso nos llevan ventaja», reconoce.

CULTURA LABORAL

Asegura que en Grecia, en su campo, se trabaja mejor que en España. «En todas las empresas españolas en las que he trabajado existe la cultura de no salir antes que el jefe, el presentismo. Aquí me he encontrado todo lo contrario. Mi jornada laboral es de 9 a 17, con lo que puedo aprovechar para ir al gimnasio, a la playa y, en general, sigo teniendo día por delante. Aquí se le da mucha importancia a la vida familiar, así que la conciliación es importantísima», asegura convencido. ¿Y cómo trabajan los griegos? «Por mi experiencia, igual que los españoles, aunque tal vez gritan algo más en la oficina».

Las comparaciones son odiosas, pero es que las condiciones laborales de nuestro país no están entre sus favoritas. «De España no echo de menos las jornadas interminables, las tarifas y los salarios cada vez más bajos, o la aceptación de que las cosas están como están y hay que tomar lo que se ofrece. Por mi experiencia en el extranjero, he visto que en otros países —incluso en Grecia, con lo que están pasando— la gente sabe lo que merece y no le avergüenza o asusta decirlo», explica.

Por su trabajo realiza viajes a países cercanos (Rumanía, Serbia…), para lo cual utiliza apps como Skyscanner o los mapas offline de Google Maps. Su aerolínea de referencia es Aegean y utiliza las millas, especialmente para realizar viajes internos (el último fue a Santorini). Los vuelos a España son otro cantar por lo caros que resultan. Pero las raíces obligan, así que cada cierto tiempo regresa para encontrarse con lo que más echa de menos: la familia y los amigos, que no por ser un tópico resulta menos importante.

CRISIS ETERNA

La situación general del país no es nada fácil. Francisco es testigo de la pobreza y la desesperanza que se ha abatido sobre una población que no acaba de ver la luz al final del túnel. Aún sí, rebosan valores. «Los griegos son muy patriotas, muy nacionalistas, y están muy orgullosos de su país, en el sentido más sano de la expresión». Pero sobre todo, explica, son «enormemente solidarios». La crisis los ha empobrecido de una manera brutal, han cerrado muchas empresas, las pensiones se han visto recortadas y aun así se vuelcan con los refugiados que llegan por miles a sus costas. «Un auténtico ejemplo del que deberíamos aprender todos», opina. Sin ir más lejos, él y su novia son voluntarios en dos campos de refugiados cerca de Atenas (Elliniko y Malakasa).

Y para finalizar, la pregunta del millón: ¿recomiendas trabajar en Grecia? «En principio respondería que sí, pero depende de lo que busques. Si quieres un salario muy alto y un nivel de vida similar, tal vez Grecia no sea tu lugar. Si eres como yo y prefieres ganar en calidad de vida, vivir y trabajar en un sitio en el que el contacto con la gente está muy presente, donde sientes que se preocupan los unos por los otros, y además tienes la posibilidad de descubrir islas que te dejan boquiabierto, resquicios de una civilización tan antigua e importante como la griega, seguro que será una buena decisión». Más claro imposible.