COMARCA DE AVILÉS. Un chorro de vida

COMARCA DE AVILÉS. Un chorro de vida

Fernando Sagaseta

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Tierra Astur

Ciudad emprendedora por antonomasia, Avilés y toda su comarca es conocida por la industria siderúrgica, pero también por un patrimonio histórico y cultural con más de un milenio de recorrido, por la pesca, el comercio, el deporte, el ocio y, por qué no decirlo, por una gastronomía en línea con la excelente calidad de los productos asturianos. Su lema de promoción, “no lo dudes,”, está en su caso más que justificado.

 

No hay nada mejor para conocer a fondo la personalidad de la villa como darse una vuelta por el Museo de la Historia Urbana de Avilés, abierto hace apenas cuatro años en pleno centro, y más si es de la mano de un apasionado como su director, Manuel Ángel Hidalgo. Desde la confirmación del Fuero por Alfonso VI en 1155, la ciudad ha asentado su desarrollo hasta la actualidad en torno a la ría. Todos los prejuicios sobre los efectos de las humeantes chimeneas que tiñeron su paisaje a partir de los años 50 del pasado siglo quedan diluidos de un plumazo cuando se recorren sus salas para descubrir una riqueza que va mucho más allá de la faceta industrial.

Hablando del fuero, llama la atención comprobar que hace ya más de mil años, la mujeres tenían el mismo derecho a heredar que los hombres. Es cierto que les faltaban muchas más cosas para la equiparación, pero en aquella época este detalle no era nada común en todo el mundo llamemos “civilizado”. Tampoco es muy conocido que durante toda la Edad Media tuviese la consideración de alfolí, es decir, almacén de sal, concedido por el rey, o la increíble actividad comercial del puerto en el intercambio con América, sobre todo durante los siglos XIX y XX.

Este tráfico, que tuvo a Cuba como principal protagonista, pobló la ciudad de casas de indianos, los retornados enriquecidos, que conforman el llamado “ensanche burgués”, más allá del recinto fortificado que, con el tiempo, ha desaparecido completamente. A partir de entonces, alguien llegó a describirla como “una villa acubanada que vivía al son del Cantábrico” y fue de las primeras ciudades del norte en abrazar progresos como el alumbrado público; el ferrocarril, para llevar al puerto el carbón arrancado en las cuencas mineras; o el tranvía eléctrico, de los primeros en España, inaugurado en 1921.

Luego llegó Ensidesa, y eso fue otra historia. La entonces empresa siderúrgica estatal que hoy está en manos del gigante de origen indio Arcelor Mittal, llegó a emplear a 27.000 trabajadores entre las plantas de Gijón y Avilés. Como consecuencia, la ciudad quintuplicó su población hasta convertirse en uno de los puntos de concentración obrera más importante del desarrollismo de los años 50, con toda su carga paternalista añadida: viviendas sociales, economatos para los trabajadores, hospital y hasta salón de cine para la reunión y el esparcimiento fuera de la vida en la fábrica. El museo aún conserva el entrañable proyector.

CON LA CARA LAVADA

Para bien o para mal, la reconversión industrial iniciada en los 80 ha dado lugar a una nueva Avilés. Parte de los terrenos de Ensidesa se han transformado en un activo polígono empresarial que no escupe humo y que, en cambio, reúne empresas de tecnología punteras y al menos cinco grandes multinacionales. La ría dejó de estar ‘perfumadita de brea’ —que diría Serrat— y desde hace tiempo es perfectamente apta para la pesca. Hasta los cruceros de Fred Olsen, que desembarcan a sus pasajeros en el puerto de cuando en cuando, están planteándose crear aquí una escala fija.

Además, en su orilla se erige todo un icono futurista como el Centro Niemeyer, cuyas delicadas curvas acaban de cumplir 7 añitos, la obra más importante del arquitecto brasileño en Europa, según sus propias palabras. Por suerte, la vía férrea que pasa por delante de sus narices va a ser soterrada, algo que mejorará su integración en la ciudad. Desde luego, visita obligada.

El casco histórico de Avilés también luce una pinta estupenda. En torno a los característicos soportales de la Plaza de España, que acoge el Ayuntamiento y los palacios barrocos de Llano-Ponte y de Ferrera —que ahora es un Collection de NH—, da gusto pasear por las calles de Ferrería, Galiana o Rivero, otros tres magníficos ejemplos soportalados; pararse a tomar algo en recoletas plazas, como la que acoge la iglesia vieja de Sabugo, el antiguo barrio marinero, o la de Carbayedo, presidida por un hórreo perfectamente restaurado ; y respirar hondo en el parque de Ferrera, un pulmón verde de 80.000 m2 con su coqueto jardín francés incluido. Aunque no todo el mundo lo aprecia de la misma manera, el Cementerio Municipal de La Carriona es el mayor museo al aire libre de la ciudad, con espectaculares panteones de indianos y hasta un centro de interpretación.

Una visita más detenida merece el teatro construido en 1920 por las familias pudientes de la ciudad en honor de Armando Palacio Valdés, el escritor que evocó su lugar de nacimiento con el sugerente nombre de “Nieva” en su novela Marta y María. Con una restauración primorosa que conserva las butacas originales de la platea en forma de herradura y de sus tres pisos con palcos de alma modernista, así como los bellos mosaicos del suelo, es toda una institución cultural por su variada programación.

Otro de sus usos recurrentes son los eventos privados, especialmente en el foyer, que puede dar cabida a 150 invitados en un cóctel. Para las grandes ocasiones o cenas de gala realmente especiales está el patio de butacas, que cuenta un sistema único que lo eleva a la altura del escenario mediante pilares móviles de madera, calzos y contrapesos accionados manualmente por una enorme manivela desde el sótano. Hay que pensárselo con tiempo, porque los operarios tardan dos días en prepararlo todo, incluido el desmontaje de las 750 butacas una a una. Casi mejor si se trata de un congreso o una convención. Así se ahorran el trabajo, aunque el proceso es tan curioso que lo hacen de buen grado.

AL NATURAL

La comarca de Avilés forma un entorno natural que da un juego enorme para los viajes de incentivo, empezando por las playas. La más cercana al núcleo urbano, Salinas, tan denostada en sus tiempos por los efectos de la contaminación, hoy en día exhibe con orgullo la bandera azul. Desde aquí se puede acceder mediante un puente colgante al mirador de la península de Peñona, o darse una vuelta por el Museo de Anclas al aire libre Philippe Cousteau. El playón de Bayas es el de mayor longitud de toda Asturias, con más de 3 km, y en la parte de Requexinos se puede practicar nudismo. Algo más corto, el arenal de Xagó está sembrado de dunas y es de los preferidos por los aficionados al surf y el parapente. Para los que aprecian las aguas más tranquilas está Santa María del Mar.

Pero si hay una playa singular, esa es la de Arnao, en Castrillón. Aunque parezca mentira, desde ella parten las galerías subterráneas de una mina de carbón cerrada en 1915 que se internan debajo del mar. Y más sorprendente aún, parte de ellas se pueden recorrer accediendo por la jaula (ascensor) del castillete de madera rehabilitado en 2007 junto con el resto de las instalaciones, que actualmente conforman un pequeño museo muy didáctico sobre esta infraestructura y su época.

Descubierta a finales del s. XVI, fue la primera explotación de su tipo en España. En sus mejores momentos, a mediados del s. XIX, el complejo albergó casas para los directivos, los químicos y los mineros, un casino, un economato y dos escuelas. Eran los tiempos en que estaba gestionada por una compañía belga y había cierto cosmopolitismo en el ambiente. Su importancia propició la visita de la mismísima Isabel II, que recorrió los túneles sin renunciar a su miriñaque. Su gesto salió en todos los periódicos y revistas pintorescas (del corazón) europeos.

Y sí, en esta joya del patrimonio industrial de nuestro país, convenientemente reforzada por inusuales bóvedas de ladrillo, también se celebran eventos. En las galerías han tenido lugar conciertos, presentaciones y cócteles. También se pueden contratar “visitas a oscuras” —o casi, solo bajo la leve llama de un candil—, quizá la circunstancia más propicia para que aparezcan cuélebres o duendes, unos seres bien asentados en el imaginario supersticioso de los mineros. Los que padezcan de claustrofobia preferirán celebrar su reunión, llegado en el caso, en la sala que está encima de las taquillas, de unos 250 m2, bien bañada por luz natural.

Los alrededores de Avilés reservan más atractivos. La zona rural de la comarca es una oportunidad para explorar la arquitectura tradicional ligada a la actividad agrícola y ganadera asturiana. Basta acercarse a los concejos de Illas o Corvera, al sur de la ciudad, para disfrutar de los pequeños detalles en forma de casas de labranza, paneras, hórreos, chigres y ermitas rurales surcados por ríos, colinas y caminos donde siempre reina el color verde. Por supuesto, las opciones de senderismo y de cicloturismo son inagotables.

Si lo que se quiere es contemplar la costa en todo su esplendor, hay lugares únicos como el Faro de San Juan de Nieva, no muy lejos del Cabo Peñas, el punto más septentrional de la península ibérica, un escenario de película, nunca mejor dicho. Javier Bardem, Penélope Cruz y Scarlett Johansson rodaron aquí una de las escenas de Vicky Cristina Barcelona a las órdenes de Woody Allen.

De regreso, siempre quedan ganas de conocer algo más de la vida en el mar. Para eso está el Museo Marítimo de Asturias, en la villa de Luanco que, además de enseñar mucho, acoge eventos. Una confidencia: algunos de los barcos están expuestos sobre bastidores con ruedas que se pueden desplazar para despejar el espacio en caso necesario. Otra cita de lo más instructiva está en la Rula de Avilés, es decir, la lonja, donde se subasta una caja de pescado cada 4 segundos. El sistema que tiene implantado, con mandos a distancia y un software muy avanzado, es puntero en España y casi se puede decir que en todo el mundo. Algunos mayoristas compran por el móvil desde la cafetería. Todo un espectáculo, tan intenso y vertiginoso como la Bolsa.

ESTÓMAGOS AGRADECIDOS

La gastronomía merece un capítulo aparte. El Mercado de Abastos, situado en una céntrica plaza de mediados del s. XIX, es el mejor lugar donde tomar contacto con los excelentes productos frescos de la región, desde los pescados y mariscos con el auténtico sabor del Cantábrico, hasta las carnes de razas asturianas, los productos de la huerta o la tentadora variedad de quesos, sin olvidar las frutas, los embutidos y los panes.

Todo este excelente material se puede degustar convenientemente elaborado en los restaurantes y sidrerías que se encuentran por doquier, como la popular Tierra Astur, con su embriagador aroma de lagar, o un clásico como Yumay, donde parten un jamón que quita el sentido, sin desmerecer, claro está, de la empanada, el chorizo, el lacón, la tortilla de patata o esos deliciosos trozos de bacalao rebozado que llaman concejales. El marisco también es de escándalo. El espíritu de la espicha, la tradicional fiesta asturiana en torno a la sidra, sigue vivo más que nunca.

Y al fin, el merecido reposo del/a guerrero/a. Alojamientos de categoría no faltan en la ciudad. El de mayor rango es el NH Collection Palacio de Avilés, un cinco estrellas que ocupa el histórico palacio de Ferrera, en la misma Plaza de España y que ya quisiera para sí la red de Paradores. La antigua capilla de los marqueses es ahora el restaurante y en sala de archivos se pueden celebrar pequeños consejos de dirección. Para eventos más grandes, el cenador acristalado junto al parterre no puede ser más acogedor. El establecimiento va a añadir pronto 20 habitaciones más a las 78 que ofrece ahora.

En el segmento de las cuatro estrellas hay dos destacados. Por un lado, el Silken Villa de Avilés, muy cerquita del casco antiguo, con un aire más funcional, y por otro, el URH Zen Balagares, en el concejo de Corvera, al que merece la pena desplazarse para gozar de un entorno verdaderamente relajante por la tranquilidad que transmite, las suaves ondulaciones de su campo de golf de 18 hoyos, cuya gestión es municipal, y el fantástico spa. Entre sus elementos diferenciales, los salones propios más espaciosos de todo el Principado. En el mayor de ellos se pueden acoplar hasta 1.000 personas en montaje de teatro. Felices y verdes sueños.