Esencias de Costa Rica. SAN JOSÉ

Esencias de Costa Rica. SAN JOSÉ

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Escultura de Jorge Jimenez Deredia
Escultura de Jorge Jimenez Deredia, en la plaza de la Cultura
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San José es una de las grandes capitales del bleisure en América, una ciudad que ofrece todas las oportunidades para las reuniones, los eventos y los negocios, y que al mismo tiempo reúne atractivos variados y sobrados para disfrutar del tiempo de ocio a base de cultura, arte, naturaleza, gastronomía, shopping y, algo que no tiene precio, el calor de los ‘ticos’, que derrochan amabilidad por los cuatro costados.

 

Un poco de business…

San José está lleno de sorpresas, de restaurantes magníficos, de cultura y de gente amable. También de infraestructuras de primer nivel para la industria mice, con uno de los centros de convenciones más modernos de Centroamérica, de 15.600 m 2 y capacidad para más de 5.000 personas. Inaugurado hace apenas un par de años, es una obra arquitectónica responsable con el medioambiente e inspirada en la biodiversidad, la cultura y la autenticidad de Costa Rica.

Además, San José y sus alrededores concentran una gran oferta de hoteles de 4 y 5 estrellas, la mayoría con Certificado de Sostenibilidad (CST), un reconocimiento a la excelente gestión de las empresas y organizaciones que trabajan activamente para mitigar los impactos de su actividad. La certificación potencia el fortalecimiento de la labor social, cultural, ambiental y económica, así como el desarrollo en los destinos turísticos. Algunos de los establecimientos han obtenido la máxima certificación en prácticas sostenibles, como es el caso de Costa Rica Marriott, el reciente Real Intercontinental San José Costa Rica, el Wyndham San José Herradura o el bellísimo hotel-boutique Grano de Oro.

Y mucho de bleisure…

Tras las reuniones propias de trabajo, es hora de descubrir Chepe, el cariñoso apelativo con el que los costarricenses denominan a San José. El día puede empezar por la Plaza de la Cultura, cuyos principales espacios están ocupados por el Museo de Oro Precolombino, una joya de imprescindible visita, y el de Numismática del Banco Central, con biblioteca, auditorio y áreas abiertas para exposiciones temporales. También es un magnífico lugar en el que sentarse a contemplar la animada vida local. Otra posibilidad es el Museo del Jade, que exhibe la mayor colección de tallas precolombinas de este mineral en América.

En el lado sur de la plaza se levanta el edificio más preciado de la ciudad, el Teatro Nacional. Símbolo de las aspiraciones europeas de la sociedad cafetalera liberal, fue construido a fines del siglo xix mediante un fuerte impuesto a la producción del café. La monumental arquitectura, las obras de consagrados artistas italianos y el esmero visible en el acabado de esta joya nacional fueron todo un referente en aquellos tiempos. Muy cerca se encuentra la librería Lehmann, fundada por un emigrante alemán, una de las más importantes del país desde principios del siglo xx. La construcción, de influencia neoclásica, junto con el valioso Edificio Knöhr y el antiguo Ministerio de Economía, forman un conjunto arquitectónico muy singular y característico de la época.

Mercado Central

Después de la transformación de la Plaza Principal en Parque Central, el mercado fue a parar al lugar conocido como la Plaza Nueva. Aunque el inmueble ha sufrido muchas transformaciones, no ha perdido su función como crisol de culturas de la sociedad costarricense que día tras día se reinventa combinando tradiciones y modernidad. Los puestos de alimentos básicos, ropa o accesorios para la casa se combinan con flores, plantas, especias y hasta estampas de santos, pasando por remedios milagrosos para casi todo, desde bajar el colesterol hasta atraer la prosperidad mediante saquitos mágicos. Es la vida de los josefinos en estado puro.

Pero lo mejor del Mercado Central es quedarse a comer y tapear en sus sodas, como la cantina El Gran Vicio, la más antigua de Latinoamérica, o Tapia, que desde hace más de 120 años es de obligada visita para saborear un típico casado, rematado por su legendaria ensalada de frutas. Para terminar, nada como Don Lolo Mora, donde saborear el extraordinario sabor y textura de sus centenarios helados.

Barrio de Amón

Desde aquí se puede caminar hasta el fascinante barrio de Amón, declarado por la municipalidad de San José como zona de control especial por su valor histórico y arquitectónico, junto con los barrios de Otoya y Aranjuez. Sus orígenes se remontan a finales del siglo xix, con el proyecto del francés Amón Fasileau-Duplantier para construir la primera zona residencial de la élite urbana josefina. Además de sus imponentes casonas, algunas reconvertidas en hoteles y restaurantes con encanto, destaca el Castillo del Moro, el ejemplo más representativo de la arquitectura de influencia mudéjar en el país.

Y cuando cae la noche…

Una buena opción es realizar un recorrido guiado por los mejores rincones de la capital, como los que propone Carpe Chepe, una entusiasta empresa que combina historia, arquitectura y bares a partes iguales para maridar la cultura callejera con el arte y la gastronomía.

Otra posibilidad es acercarse al Café Mundo, cuya terraza en una mansión del barrio de Otoya lo convierten en uno de los imprescindibles de San José; o al restaurante Kalú, cuya chef, Camille Anton, prepara deliciosos platos de fusión, sin olvidar El Café de los Deseos, bohemio y muy colorido, o el refinadísimo Park Café, que tiene al chef Richard Neat, con una estrella Michelin, al frente de sus fogones. La gastronomía cuenta con más representantes destacados, como Silvestre, a cuyo timón navega el chef Santiago Fernández, con la pesca artesanal, la agricultura orgánica y los ingredientes locales por bandera ; o Sikwa, al mando del chef Pablo Bonilla, el maestro que está rescatando la comida indígena. Un lugar donde, además de comer de maravilla, aprender curiosidades de la cultura local.

MÁS INFO
www.visitcostarica.com/es