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Espoo (Finlandia) / TONI SARRIÓ

«En Finlandia no son tan presencialistas y eso favorece la conciliación familiar»

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Toni Sarrió y Andrea, su mujer, en Espoo, la ciudad finlandesa donde residen.

Antonio (Toni) Sarrió es un alicantino que llegó el pasado año con su familia a Espoo (Finlandia). Formado en informática y tecnología, trabaja como Manager ICT Solutions en el departamento de informática y analítica de datos de Suominen, una compañía del sector textil. Conciliación, servicios adecuados, derechos laborales, apuesta por el capital humano, naturaleza… Su opinión del país no puede ser más positiva.

TEXTO Á. MARTÍN


La filosofía finlandesa ha calado hondo en Toni y en su familia: su mujer, Andrea, y sus dos hijos. A ello ha contribuido en gran parte la buena acogida. «Contamos con un gran apoyo por parte de la empresa, que nos ayudó en todos los ámbitos, la burocracia, la economía, la seguridad… Nuestra mayor preocupación era la adaptación de los niños al colegio, que aquí empieza en agosto, y al nuevo contexto en general, pero todo fue muy bien». Él ya conocía el país por múltiples viajes de trabajo y ocio, pero mudarse allí no ha hecho sino reforzar sus buenas sensaciones. Espoo es una peculiar zona cercana a Helsinki, la capital.

Además de la adaptación de la familia, las condiciones laborales son fundamentales en cualquier expatriación. «Considerando que Finlandia tiene una alta carga fiscal, algo que se compensa por la calidad de los servicios, la cultura empresarial es más justa e igualitaria que la nuestra, más respetuosa con los derechos de los trabajadores. Se fomenta la flexibilidad en los horarios, lo que repercute tanto en la conciliación familiar como en compensaciones, y la jornada laboral es más corta que en España», explica. También incide en que «no son tan presencialistas», con todo tipo de opciones para trabajar en remoto parte de la jornada laboral.

Además, como la economía finlandesa destaca por su pujanza tiende a la digitalización, apunta Toni, que precisamente es experto en esa área: «Aquí se facilita el emprendimiento empresarial mediante empresas de servicios que alivian la carga burocrática e impositiva. Por otra parte, el país es puntero en tecnología e innovación».

SELF-ENFORCEMENT

Al final, la economía y las relaciones laborales son un reflejo de la sociedad en su conjunto, algo que en Finlandia tiene mucho que envidiar, en palabras de este alicantino. Para él existen dos claves. La primera, la cultura del self-enforcement. «Aquí no tienen el enfoque de que el Estado controla todo como si fuéramos niños, sino que la persona es responsable de sí misma. Por ejemplo, en la entrada del metro no hay barreras, si entras sin tique y te multan la responsabilidad es tuya», señala.

Por otra parte, destaca la inversión en capital humano. «Finlandia no dispone de grandes recursos naturales y, sin embargo, es un país puntero económicamente y en el ámbito educativo». De hecho, siempre se encuentra en los puestos más altos en educación y en aplicación de nuevas tecnologías en este ámbito. Toni pone un ejemplo muy revelador: «el Estado se esfuerza en que los niños cursen al menos una asignatura de su lengua materna por derecho». Y los tópicos están para romperlos, pues, aunque parece que es una sociedad muy militarizada, debido a su historia reciente y su situación geoestratégica, «los finlandeses son muy pacíficos».

Sobre la ciudad donde vive destaca que «Espoo es un experimento urbano enfocado como zona residencial con pequeños distritos separados por zonas de bosque», explica Toni. Él y su familia están encantados. Viven en contacto con la naturaleza y cuentan con una red de caminos propia para peatones y ciclistas. De hecho, hay cientos de kilómetros para recorrer la ciudad a pie o en bici sin compartir ruta con vehículos. Además,  disfrutan de «un ambiente tranquilo, infraestructuras públicas para practicar deporte por toda la ciudad, pistas de fútbol, pabellones de hielo para patinar, hacer esquí…». Por el contrario, el punto menos positivo es que hay poca oferta cultural, aunque están cerca de Helsinki, y no cuenta con centro histórico donde se perciba el ‘alma de la ciudad’.

FILOSOFÍA VITAL

En cuanto a las costumbres, «la sauna ejemplifica los valores de la sociedad finlandesa, de su ritmo vital, ya que es una especie de meditación o recogimiento, con aceptación de nuestro cuerpo y el de los demás en un plano de igualdad. Jefes y empleados se sientan juntos desnudos», subraya. Una de las cosas que no echa de menos de España es el juicio continuo a la imagen o el cuerpo de cada uno. «Aquí uno tiene la sensación de no sentirse juzgado», añade.

Por supuesto, no todo es de color de rosa, España siempre tira. Hay cosas que se han dejado atrás y se echan de menos: «La familia y los amigos, tomar un café en una terraza, caminar por la montaña, la comida, el Mediterráneo y, aunque suene a tópico, el ambiente festivo y el sol calentado la piel. También la luz, pues aquí no brilla igual, incluso en verano en que hay días con casi veinte horas de luz». El sur es el sur.