Luxury bleisure, el solomillo del MICE / ALEJANDRO PÉREZ-FERRANT y MARÍA REDONDO....

Luxury bleisure, el solomillo del MICE / ALEJANDRO PÉREZ-FERRANT y MARÍA REDONDO. Socios directores de The Blueroom Project

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Alex y María_Blueroom

Si hay un segmento turístico tradicionalmente ajeno a las crisis, ese es el turismo de lujo. Y si hay un segmento en alza en el turismo MICE, ese es el del bleisure, es decir business and  leisure, ocio y negocio. Unir ambas tendencias abre un mundo de oportunidades, aunque la conjunción y las sinergias no siempre son fáciles. Lo primero de todo es conocer bien el mercado para ofrecer productos adaptados y mejorar las estrategias de comunicación y marketing.

 

Combinar el viaje de trabajo con el disfrute del ocio es una tendencia que puede incrementar de manera importante los ingresos y reducir la estacionalidad de los destinos turísticos. De acuerdo con un estudio de la firma Enlloi, la apuesta por el bleisure tendría un impacto económico de cerca de 1.500 millones de euros suplementarios para España, claro está, si las administraciones públicas y el sector privado dedicaran más esfuerzos al desarrollo de esta alternativa.

Esto podría ocurrir simplemente si el 10% de los viajeros corporativos disfrutara de alguna experiencia de ocio, que hoy no realiza muchas veces por desconocimiento, y el 5% extendiera su viaje tan sólo un día más. Hay que tener en cuenta que el gasto medio del turista de negocios supera en un 32% al de vacacional.

Siguiendo con los estudios de mercado, hay otro de Expedia que señala que en 2016, el porcentaje de viajes profesionales que se transformaban en bleisure era del 43% en Estados Unidos. En apenas dos años, esa cifra ha crecido hasta el 60%. En Reino Unido, la tasa de conversión llega al 56% y en Alemania, al 65%.

¿Qué consideramos turismo de lujo hoy en día? The Blueroom Project ha participado en la realización de la quinta edición de un estudio temático sobre las tendencias en viajes premium en colaboración con Pangaea Network, la red internacional de consultoría y servicios de comunicación. Para ello, ha recogido la opinión de más de 630 profesionales de Latinoamérica, Estados Unidos y siete países europeos: Francia, Alemania, Italia, Escandinavia, España, Países Bajos y Reino Unido.

De acuerdo con este informe, el perfil del turista de lujo es una persona de entre 40 y 50 años, de alto poder adquisitivo -con ingresos superiores a los 150.000 € anuales- y que realiza un mínimo de cuatro desplazamientos al año. El 54 % de este tipo de viajeros gasta entre 5.000 y 10.000 euros en cada salida, aunque su presupuesto puede ascender hasta los 50.000 en ocasiones especiales.

El viaje de lujo “viene determinado por la singularidad y exclusividad de la experiencia y por la personalización de los servicios”. La encuesta indica además que los viajeros de alto nivel eligen primero el destino y luego el servicio in situ. Estos clientes “buscan relajación y comodidad, y también les encanta la degustación de comida gourmet, así como la cultura y las excursiones en la naturaleza”. Pero atención, igualmente son viajeros “sensibles a la relación calidad-precio y al valor añadido”. También son extremadamente exigentes, informados y proclives a propuestas respetuosas con el medio ambiente. Los profesionales encuestados creen que los viajes de lujo aumentarán entre un 6% y un 10% en los próximos dos o tres años.

Ante estas perspectivas, serán las marcas inteligentes las que se orienten hacia formas más individualizadas y transformadoras del consumo de lujo y las que satisfagan la creciente variedad de la demanda. El punto de partida sería ofrecer productos y servicios realmente innovadores que combinen la búsqueda de la mejora personal con auténticas experiencias.

El estudio de Enlloi concluye que los gestores públicos y privados de los destinos no desarrollan acciones específicas para responder a las necesidades de los turistas que pernoctan por razones de trabajo y que suelen permanecer en el hotel en su tiempo libre o limitan sus salidas por la falta de conocimiento de las posibilidades del lugar. El reto y la clave para las compañías y destinos es adaptar su estrategia de comunicación y marketing a un luxury bleisure que está en auge y en donde queda mucho por hacer.