Un sector incurablemente optimista

Un sector incurablemente optimista

CARLOS ABELLA
Secretario general de la Mesa del Turismo de España

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Con casi dos años de pandemia y su peor crisis a las espaldas, el sector turístico “sorprende” al afrontar 2022 con ese optimismo natural que siempre le ha caracterizado —matizado de incertidumbres en el horizonte, cierto, pero optimismo al fin y al cabo—, que se sustenta en un pronóstico de reactivación de los viajes que nos llevaría a recuperar entre 60 y 65 millones de turistas a final de este año.

El optimismo ha sido siempre el enfoque característico del turismo, con una evolución prodigiosa, hasta llegar a sostener el 12,4% del PIB en 2019. Antes de la irrupción del virus, podía sentirse muy orgulloso de arrojar un saldo positivo en la balanza de pagos superior a los 46.000 millones de euros. Bajo el paraguas del liderazgo internacional y el empuje de sus empresas, este sector —emprendedor donde los haya— ha soportado y remontado crisis de diversa índole a lo largo de los años. Eso mismo nos lleva a afirmar que su optimismo se ha forjado haciendo acopio de valor frente a las dificultades.

Y la mayor de todas ha sido la pandemia, que ha golpeado directamente su línea de flotación: la movilidad. La debacle se ha llevado por delante miles de negocios y puestos de trabajo, pero el sector ha sido capaz una vez más de poner en práctica esa preciada cualidad tan nombrada en estos tiempos: resiliencia.

La prueba más palpable nos la ha dejado la última edición de Fitur. Cuando las grandes ferias internacionales de turismo de Londres y Berlín optaron por cancelar, la española se ha mantenido firme. Y ha sido un gran acierto que ha contribuido a la proyección internacional de nuestro país como un destino seguro, capaz de seguir adelante, pese a todos los pesares.

A esto hay que unir las excelentes previsiones y reservas hacia España que anticipan los turoperadores europeos, las grandes plataformas de venta de viajes y las aerolíneas. Estas perspectivas permiten apostar por una recuperación que arrancará en Semana Santa para consolidarse en el segundo semestre del año y regresar a las cifras prepandemia en 2023 y 2024.

En la esfera de los viajes de negocios la reactivación tardará más en cuajar porque el impacto ha sido muy severo. Según recoge el estudio ‘El futuro que viene en un presente incierto. La nueva realidad del turismo’, elaborado por la Mesa del Turismo de España y Observatur, el impacto de la covid ha sido devastador para este segmento, ya que si el PIB mundial ha caído un 3,3% y el de viajes lo ha hecho un 25%, en el caso de los de desplazamientos de trabajo la bajada alcanza el 52%. En 2023 sólo se habrá restablecido el 83%.

Todo dependerá de que se articulen las medidas adecuadas para potenciar la recuperación. Por ejemplo, la extensión de los ERTE hasta finales de junio, porque han sido una herramienta muy efectiva. Algo más de 100.000 de empleados del turismo todavía la necesita. También que las condiciones de devolución de los créditos ICO vayan en línea con la facturación. Desde la Mesa del Turismo reclamamos igualmente una bajada del IVA al 4%. Así lograríamos aumentar la competitividad del sector turístico y capear la inflación rampante, de modo que la economía española en su conjunto vería multiplicado el impacto positivo.

Por supuesto, en esta batería de medidas se incluye la buena gestión de los Fondos Next Generation (FNG). Por eso reivindicamos que, a la hora de repartir y gestionarlos, el turismo debe ser tenido en cuenta con arreglo a su peso económico y social. Por el momento, apenas somos el destinatario de 600 millones de euros de los 70.000 millones en ayudas directas concedidos a España. Esto es inaceptable. La Mesa del Turismo de España continuará trabajando para elevar la voz del sector y reclamar que los fondos lleguen donde tienen que llegar, a las empresas, cosa que de momento no está sucediendo. Nos jugamos mucho.