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COLOMBIA. Tesoros de mar y montaña

TEXTO Y FOTOS FERNANDO SAGASETA

Bogotá, Cartagena de Indias y Medellín forman el trío de ases del circuito clásico colombiano, una magnífica combinación de mar y montaña para un primer contacto con una potencia turística muy bien posicionada también en el segmento MICE. Además de disfrutar de paisajes, culturas y patrimonios históricos muy diferentes, los grupos de incentivo participan de actividades para sumergirse en las costumbres locales y en la cultura del café, el ron, las flores, el arte callejero o los ritmos urbanos.

 

La mejor opción para el viaje de incentivos al triángulo colombiano es Avianca, no solo por sus tres frecuencias diarias entre Madrid y Bogotá, que se convierten en cuatro en ciertos periodos, sino por la posibilidad de entrar por la capital y salir desde Medellín en vuelo directo, con cuatro operaciones semanales. Así se gana tiempo y comodidad para los participantes. Desde Barcelona ofrece uno o dos vuelos diarios, según temporada, y también conecta Madrid con Cali tres veces por semana.

Para las cotizaciones de grupo, la aerolínea cuenta con Avianca Trade, un soporte al organizador sobre pagos, cambios e incidencias. Realiza cotizaciones y bloqueos inmediatos a través de su propia herramienta y permite aguantar la emisión de los billetes hasta 3 días antes de la salida. Los cambios y cancelaciones están permitidos sin cargo antes del pago del depósito. La tarifa Classic incluye 23 Kg de equipaje en bodega y 10 Kg en cabina.

BOGOTÁ

Bogotá hace gala de un creciente cosmopolitismo. Con más de 11 millones de habitantes, no es para menos. Su enorme dinamismo se deja ver en la cantidad de obras por toda la ciudad, entre ellas las del Metro, el ansiado medio de transporte que, tras décadas de estudios y promesas incumplidas, está al fin en marcha. La primera línea ya está licitada y la segunda, en proceso. Un paso adelante para mitigar en parte los monumentales atascos, a pesar de la implantación del sistema de ‘pico y placa’, por el que se prohíbe la circulación de vehículos en horas de mayor afluencia en función del último número de la matrícula, una idea copiada por otros países.

Un detalle de modernidad y apertura se puede personalizar en la anterior alcaldesa, Claudia López que, además de ser mujer en una sociedad con muchos tics machistas, no ocultaba su lesbianismo y acabó casándose en 2019 con la senadora Angélica Lozano, que ejerció como primera dama hasta la finalización del mandato de su pareja, en diciembre de 2023. Un caso sin precedentes en toda Latinoamérica.

Para hacerse una idea del nivel de excelencia que está adquiriendo, no hay más que comprobar la cantidad de restaurantes con estrella Michelin, como Harry Sasson, Criterion, El Cielo o Leo, el establecimiento fundado por Leonor Espinosa, galardonada en el 2022 como la Mejor Chef Femenina del Mundo por The World’s Best 50. Los que no puedan asumir el coste siempre pueden degustar en cualquier sitio un buen ajiaco, el plato típico por excelencia de la capital, una sopa a base de papas criollas, blancas y rojas, pollo, cebolla, maíz y alcaparras.

Estando en Colombia es un pecado no hacer una cata de café. Para ello, nada como acercarse a San Alberto, toda una institución, uno de cuyos establecimientos se encuentra en pleno centro histórico. Aquí se pueden congregar hasta 80 participantes a los que se les somete a un auténtico bautismo que queda acreditado con un diploma. Hay mucho que aprender en torno a toda una cultura del producto que da trabajo a 500.000 familias del tercer país productor del mundo. San Alberto comercializa algunas de las variedades más premiadas desde su finca en el departamento de Quindío.

A dos cuadras se encuentra el Museo del Oro, otro de los imprescindibles, con más de 50.000 piezas auténticas de incalculable valor de culturas precolombianas como Nariño, Tumaco, Calima, San Agustín, Tolima, Quimbaya, Zenú, Tairona o Muisca. Una verdadera maravilla a la que hay que dedicar tiempo para disfrutarla en todo su esplendor. Por supuesto, no hay que pasar por alto su tesoro más preciado, la ‘balsa de la ofrenda’, una recreación en delicadísima orfebrería que hace alusión a la leyenda de El Dorado en la laguna de Guatavita, donde los indígenas muiscas arrojaban oro y esmeraldas como ofrenda a sus dioses.

Por lo que respecta al alojamiento, entre las opciones más idóneas para grupos de incentivo está la oferta de GM Hoteles, de las pocas compañías hoteleras 100% colombianas que se mantienen en el país, en este caso del empresario Germán Morales y sus hijos. Con más de 50 años de historia, entre sus marcas destaca EK, la más top, con el EK Bogotá, un magnífico establecimiento en el distrito financiero y de la zona de ocio en torno al Parque de la 93. Es un hotel minimalista y de gusto rabiosamente contemporáneo. El grupo cuenta con más opciones en la capital bajo la enseña BH y BS, así como en Santa Marta, Barranquilla y Medellín.

El W Bogotá es el único de esta marca del grupo Marriott en el país. Abierto en 2012, se inspira en la leyenda de El Dorado puesta al día con un interiorismo de lo más atrevido, entre futurista y vintage. Es de los más solicitados por músicos y artistas. Cuenta además con un centro de convenciones, cuya sala más grande puede acoger hasta 200 personas. Y no se puede renunciar a una buena cena en el restaurante Jairo para probar delicias de la cocina campesina con toques muy innovadores. También ofrece talleres de coctelería, otra actividad a tener en cuenta.

Otro hotelazo es el Grand Hyatt Bogotá, a solo 15 minutos del aeropuerto y 20 del centro histórico, cerca del recinto ferial, aunque no tanto de la rumba, como llaman los colombianos a la marcha nocturna. Desde luego, es uno de los top para el MICE en la ciudad, con sus 374 habitaciones, bien grandes, muy por encima de la media, en torno a un gigantesco atrio en forma de barco con jardines naturales de interior y estanques con efecto espejo. Cuenta con excelentes espacios para eventos, entre ellos un gran ballroom, para 1.200 personas. Por tener, tiene hasta helipuerto y una huerta. El restaurante panorámico de la planta 14 es espectacular y tampoco hay que perderse el Zaitania Spa, con 3.000 m2, posiblemente el mejor de la capital.

Excursiones

Una de las excursiones más populares remite a la Catedral de Sal, a una hora por carretera, según el tráfico, aunque también se puede acceder mediante un tren turístico los fines de semana, algunas de cuyas locomotoras son de vapor. Es una buena manera de disfrutar de hermosos paisajes a través de la llamada sabana bogotana, con abundante ganado, hasta llegar a Zipaquirá, la ciudad natal del famoso ciclista Egan Bernal, y donde se graduaron personajes como García Márquez o el actual presidente del país, Gustavo Petro.

Excavada en una mina de sal, la catedral es una formidable atracción turística cuyos orígenes se remontan a 1955, emulando a la de Wieliczka, en Polonia. Tras ser cerrada en 1991, más de 40 arquitectos se presentaron para su remodelación, inaugurada en 1995 con presencia de muchos mineros. Aunque hoy en día hay partes aún en explotación con el sistema de fracking, recibe numerosos eventos en los espacios acondicionados para ello, realmente singulares, además de los visitantes habituales. Dentro caben hasta 6.000 personas en total sin problema de oxígeno, y a una agradable temperatura constante de 16º sin humedad. Por haber, hay hasta wifi.

Después de recorrer un vía crucis a través de amplios corredores se llega a la imponente catedral, a 180 metros bajo tierra, donde se encuentra a una enorme cruz de 16 metros tallada en hueco con una iluminación que crea diferentes ilusiones ópticas. Entre capillas y una cascada, llaman la atención los confesionarios. La nave central proyecta un espectáculo de video mapping. Por lo demás, está abierta todo el año para cualquier evento en el auditorio o en el convention center, con el complemento de las tiendas de souvenirs, las joyerías y el llamativo Café del Domo.

No muy lejos de aquí, una buena idea para aprovechar la jornada es programar con una actividad tan atractiva como la navegación en vela. En el embalse de Tominé se encuentra el Club Náutico El Portillo, donde se puede comer en el restaurante, que también dispone de terraza, antes de repartirse en grupos y hacer una pequeña competición de regatas. El centro dispone de avezados marineros que pueden dar una rápida clase antes de manejar la vela mayor o el foque.

CARTAGENA DE INDIAS

Abandonar los aires serranos para pegar el salto a la costa, rumbo a Cartagena de Indias, supone un gran contraste debido a la diferencia climática. Los habitantes de la mayor joya colonial que se puede encontrar en todo el Caribe bromean diciendo que solo hay dos estaciones: calor y más calor.

El gran reclamo turístico es, por supuesto, el centro histórico, muy bien conservado, sin residentes apenas y plagado de hoteles, exquisitas boutiques, restaurantes con encanto y galerías de arte, así como puestos callejeros de frutas, jugos, típicos sombreros vueltiaos y otros souvenirs, sin olvidar los pintores callejeros, los raperos que improvisan rimas a los turistas por una propina y las pintorescas palenqueras, con sus faldones multicolor y sus cestos de fruta en la cabeza, que también se ponen a tiro de las cámaras por unas monedas.

Lo mejor en Cartagena es perderse por sus callejuelas, aunque hay algunos monumentos irrenunciables, como el Palacio de la Inquisición, con su ‘ventanilla de la vergüenza’, la Torre del Reloj, la catedral de Santa Catalina o la plaza de Bolívar. Todo un museo al aire libre rodeado por imponentes murallas. Fuera de ellas, el castillo de San Felipe de Barajas, tan inexpugnable que nunca llegó a ser atacado, ofrece una perspectiva muy diferente de la ciudad arropada por las cálidas aguas del Caribe.

Uno de los barrios más humildes que se ha popularizado enormemente en los últimos años es Getsemaní, a extramuros, junto al centro de convenciones Julio César Turbay. Es todo un festín para los ojos, con la cantidad de grafitis que adornan las fachadas, en parte alentados por el Ayuntamiento. Muchas de sus casas se han convertido en restaurantes, galerías y tabernas, ideal para dar una vuelta por la tarde-noche, cuando está más animado con multitud de terracitas. Un claro ejemplo de gentrificación. Parece que van a construir un Four Seasons y todo para captar al segmento más premium. Cada cierto tiempo pasa una ‘chiva parlandera’, esos bullangueros buses turísticos multicolores con música y bebida que terminan en una discoteca.

Bocagrande es la otra zona donde se concentran los turistas, en la que se alzan excelentes hoteles orientados al cliente de sol y playa, aunque también con mucho ambiente local, frente a largas playas de arena dorada. Aquí se encuentra, por ejemplo, el histórico Caribe, de 5*, regentado por el Grupo Faranda, de dueños españoles, que cuenta con 13 establecimientos en Colombia. Está formado por tres edificios de fuerte sello colonial y es todo un emblema en la ciudad, con su gran piscina, sus jardines y hasta una capilla. Cuenta asimismo con buenos espacios para la actividad MICE, con 9 salones en total.

El hotel Las Américas es otro de los valores seguros, con un centro de convenciones propio e independiente al que se accede por debajo de la carretera, que es el segundo más grande de la ciudad y a tiro de piedra del aeropuerto. Antes era puramente vacacional, pero se ha posicionado muy bien en el segmento corporativo, gracias a sus dos edificios para crear ambientes diferentes. Un gran complejo con 530 habitaciones y muchos espacios exteriores para privatizar. La guinda es el restaurante Erre, de Ramón Freixa, el chef español que cuenta con dos estrellas Michelin, en medio de un espectacular rooftop con vistas al manglar y a la playa.

Aunque la oferta alojativa es apabullante, hay que destacar también el Hilton, con sus extraordinarios jardines tropicales, donde los eventos al aire libre lucen como en ningún otro sitio, aunque también dispone de grandes salones, el mayor de ellos con capacidad para 900 personas. La piscina es fantástica y tiene acceso directo al mar. El InterContinental es otra de las mejores opciones para grupos de incentivo, con varias salas, la mayor para 700 invitados y con altura suficiente para grandes formatos.

Muy cerca de este se encuentra el Estelar, de una cadena muy orientada al MICE, con una cartera de 30 hoteles y 10 centros de convenciones. El establecimiento de Cartagena de Indias lo tiene todo. La impresionante torre de 51 pisos y 340 habitaciones, todas con vistas al mar, acoge también numerosos espacios para reuniones y eventos, el mayor de ellos para 900 invitados, con mención especial para la gran terraza frente a la bahía. El restaurante en el piso 10 tiene capacidad para 400 comensales.

Actividades

Muchas son las actividades complementarias que se pueden programar en Cartagena. Los que vayan buscando ganarse al grupo por el paladar tienen propuestas de lo más atractivas, que además conectan mucho con la idiosincrasia local. Una de ellas es una cata de ron con chocolate. Se puede organizar para 15 personas máximo en El Arsenal: The Rum Box, una tienda de espirituosos con fábrica propia. Aquí tienen desde el muy querido aguardiente Antioqueño, hasta rones envejecidos como 1000 Demonios o La Hechicera, unos de los más premiados a nivel internacional.

Muy diferente es la experiencia que se vive en Oh La La, donde reciben al grupo con una larga mesa sobre la que reposa una montaña de frutas, algunas muy desconocidas para los europeos: zapote, maracuyá, guayaba, curuba, níspero, tomate de árbol, lulo, pitaya, corozo, uva isabela, tamarindo, granadilla, gulupa, carambolo, mango de azúcar y, por supuesto, coco. Cada bocado es un refrescante descubrimiento.

Las numerosas islas cerca de la costa cartagenera se prestan a una gran variedad de planes para jornadas completas de ocio puro o incluso para eventos. Es el caso de Fenix Beach, un club privado en Isla Tierra Bomba, a unos 20 minutos en barca. Cuenta con 400 m2 de playa, suficiente para un centenar de personas con comodidad. Aquí se celebran muchas cenas temáticas decoradas con antorchas, pero también sesiones de yoga, team buildings o celebraciones de cualquier clase.

Los que se quieran quedar a dormir disponen de bungalows y cabañas, muy bien decorados con pinturas y objetos artísticos. Los dueños se enorgullecen de su política de RSC. Los empleados son locales, el reciclaje es estricto y hacen una interesante labor social con los niños y las mujeres de Punta Arenas, como su proyecto de ecoguías nativas. También vienen a participar con los grupos en actividades de cocina tradicional o mostrar los productos medicinales naturales de la isla.

Para completar la agenda en Cartagena, otra idea que funciona muy bien son las excursiones marítimas, tanto por la bahía como en mar abierto. La empresa María del Puerto cuenta con embarcaciones de diversas clases, hasta para 200 participantes, que se pueden utilizar para presentaciones, team buildings, talleres de cocina y coctelería, competiciones o fiestas. Ofrece hasta una actividad de construcción de balsas en la playa. Los cruceros nocturnos son de los más demandados.

MEDELLÍN
La capital de Antioquía forma parte del tour imprescindible colombiano por derecho propio, una ciudad que ha experimentado un sorprendente cambio en las dos últimas décadas hasta resultar en algunos puntos irreconocible. Y todo para bien. Al acceder desde el aeropuerto, cruzando el túnel del Oriente, se llega a una profunda olla rodeada de montañas y profusa vegetación, subrayada por un clima primaveral casi todo el año, con una media de 25-26 grados.

Entre las cosas que han mejorado tremendamente, aparte de la seguridad, lejos ya de aquel estigma de los cárteles de la droga y los Escobares de turno, es la movilidad, gracias a su sistema de Metro combinado con Teleférico que da un excelente servicio a los barrios altos, algunos muy pobres, producto de las llamadas invasiones, o asentamientos de emigrantes desde las zonas rurales, cuyas infraviviendas se han ido legalizando con el paso del tiempo. Precisamente, una de las visitas que realizan los turistas con cada vez mayor frecuencia es tomar alguna línea del Metrocable para divisar la inmensa ciudad desde las alturas.

Un ejemplo muy paradigmático de esta realidad es Comuna 13, donde viven unas 200.000 personas, muchos de ellos llegados hasta aquí huyendo de la guerrilla en los años 60, 70 y 80 del siglo pasado. Las casas están tan apretadas que casi no hay ni calles.

Algunos guías señalan que Medellín ha pasado de ser la ciudad más peligrosa del mundo a la más segura. Ni tanto ni tan calvo. Extrapolan una realidad que solo valdría aplicar a una parte muy concreta de este barrio que ha hecho de la necesidad virtud. Aquí fue donde la guerrilla plantó su ley por primera vez en un entorno urbano. La reacción del gobierno fue abrir una guerra sin cuartel, en ocasiones con apoyo logístico norteamericano. Después vinieron los grupos armados paramilitares. El sufrimiento de la población, atrapada entre dos bandos, fue terrible.

¿Qué pasa hoy en día? Pues algo tan llamativo como que Comuna 13 se ha convertido en una especie de parque temático dedicado a la cultura urbana, decorado de arriba abajo con grafitis y colonizado por tiendas de artesanía, terrazas con música a considerable volumen, bares y pequeños restaurantes. Hasta que cae la noche se ve surcado por turistas de lo más variopintos que asisten a espectáculos callejeros, desde raperos compitiendo con sus improvisadores, hasta break dancers capaces de acrobacias increíbles. Lo bueno es que los protagonistas son del barrio y los beneficios se quedan en el barrio. Algunos residentes realizan tours guiados para explicar bien toda esta transformación.

El lugar da tanto juego que se organizan talleres tan curiosos como el de pintar gorras con aerosoles. En el proyecto social participan agencias como Panamericana de Viajes. Parte del dinero de las consumiciones de los turistas se entregan en forma de canasta a familias necesitadas, en colaboración con establecimientos como el café Aroma del Barrio, regentado por los hermanos Topo y Chota 13, artistas muy conocidos. De hecho, este último es el autor de uno de los murales emblemáticos del barrio. Su labor ha trascendido fronteras hasta el punto de haber recibido la visita de Bill Clinton, como atestigua una de las muchas fotos que decoran el local. Su especialidad: la limonada de café o, como le llaman aquí, el ‘red bull paisa‘.

En el centro histórico, el punto de mayor atracción de visitantes de fuera es la Plaza Botero, que aglutina la mayor colección de esculturas del artista medellinense, un total de 23 soberbias piezas de bronce. Antes estaba llena de edificios y el autor pidió demoler unos cuantos. Mucho mejor ahora. El arte respira entre edificios de gran valor, como el barroco Palacio de la Cultura, antigua sede del gobernador, o el Museo de Antioquía.

Entre los 16 distritos de la ciudad, uno de los más exclusivos es El Poblado, en la Comuna 14, con varios hoteles de lujo, restaurantes del altura y centros comerciales, como Oviedo, Santa Fe o La Estrada, este último con una gran oferta gastronómica. En esa zona se encuentra el Novotel Medellín, una excelente opción para los grupos de incentivo, adosado al mall El Tesoro, con multitud de tiendas y oferta de ocio. El hotel respira modernidad, con su atrevida decoración a base madera rústica y obras de arte urbano. También hay exposiciones temporales. Cuenta con 238 habitaciones y 5 salas de reuniones, además de piscina en la azotea con estupendas vistas y un spa.

La gran novedad en el barrio ha sido el Faranda Collection Medellin, abierto el pasado mes de noviembre, un hotel de nueva construcción, de llamativa arquitectura brutalista y un restaurante gastronómico con terraza en la planta 15. El establecimiento es moderno y coqueto, con gusto por lo rústico y pequeños salones para eventos con luz natural. Cuenta además con spa y un gimnasio con estupendas vistas.

La opción gastronómica tiene un punto diferencial en el restaurante Herbario, ubicado en una bodega, cerca del Parque del Poblado, que se puede privatizar para todo tipo de eventos de hasta 200 invitados gracias a sus dos pisos en los que se pueden combinar ambientes sin pisarse entre sí. También programa actuaciones en directo. La columna vertebral de su cocina son las hierbas y especias, con especialidades de diferentes regiones colombianas, siempre con un toque innovador aportado por el chef Rodrigo Isasa. El local organiza talleres y catas, desde vinos hasta cafés o aguardientes, y cuenta con una división de catering.

Excursiones

Entre las excursiones que se pueden llevar a cabo, una de las más demandadas por los grupos tiene que ver con la cultura de las flores, como no podía ser menos en la llamada “ciudad de la eterna primavera”. En Santa Elena, camino de los exuberantes valles, se encuentra la finca El Pensamiento, uno de los referentes de la industria ‘silletera’, la que adorna estructuras madera semejantes a una silla para competir en la multitudinaria Feria de las Flores, que se celebra en agosto en Medellín.

José Ángel Zapata es el alma mater, ganador del certamen en tres ocasiones, un excelente anfitrión y conductor del taller que se puede plantear como una competencia entre equipos de hasta 150 personas, antes de pasar al almuerzo, con comida tradicional campesina. Él enseña cómo combinar bromelias, pompones, margaritas, lirios asiáticos, crisantemos, claveles, astromelis, hortensias o pinochos. Hasta 80 variedades de flores se crían por estas tierras.

También explica el sentido de la indumentaria: las alpargatas, el pantalón negro, el machete, el tapapinche (mandil), el poncho, la camisa blanca, el sombrero y el guarniel (morral) de piel de vaca con sus cinco bolsillos, donde los que llevaban las flores para venderlas en la ciudad tras durísimas jornadas a pie por los caminos de herradura llevaban su escapulario, una imagen de la virgen del Carmen, una navaja de afeitar, peine, espejo, aguja de coser, yesquero (mechero), tabaco, baraja española, herradura de la buena suerte, dados, aguardiente y una mechón del cabello de su mujer atado con una cinta.

Otra visita para ejercer las dotes creativas del grupo es a la fábrica Cerámicas El Dorado, donde seguir paso a paso todo el proceso, ubicada en la localidad de El Carmen de Viboral, una zona rica en arcilla blanca. Pedro Bello y sus hijos regentan este negocio familiar con más de un siglo de trayectoria sin renunciar al trabajo artesanal, frente a una industria estandarizada que importa piezas de fuera, desde China principalmente. La visita finaliza con un taller de decoración de platos.

 

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Con una plantilla de 130 personas, esta agencia familiar acumula ya más de 40 años de experiencia en el sector turístico. Cuenta con más de 500 clientes B2B en Iberoamérica y oficinas propias en varias ciudades de Colombia.