Dakar. GASPAR BAÑOS / Audit et Gestion d’Energie

Dakar. GASPAR BAÑOS / Audit et Gestion d’Energie

«En Senegal hay que estar a pie de obra para que tu proyecto funcione»

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Gaspar Baños (Alcoy, 1953) es un ingeniero que lleva ya 17 años en la capital senegalesa apoyando el sector de la eficiencia energética y la generación de energía fotovoltaica. Con su enorme experiencia, asegura que es un país difícil para la actividad económica, de una gran belleza y con una población, paradójicamente, muy parecida a la española en lo que a idiosincrasia se refiere.

 

Este alicantino y su esposa asturiana llegaron a Senegal en 2005 y, pese a que él ya ha superado la edad de jubilación, sigue en Dakar. Y lo hace apoyando al sector empresarial español, buscando sinergias con empresas locales y con sus dos empresas, Audit et Gestion D’Energie, así como AESGFM, cuyos socios tienen la sede en Villacañas (Toledo) y en la que participa. Además, es el presidente de la Cámara de Comercio Española en Senegal, algo relevante porque Gaspar deja claro que para hacer negocios en el país hay que contar con la ayuda de una institución o una agrupación empresarial. Si no —asegura de forma taxativa—, el fracaso está asegurado.

Gaspar desarrolla su actividad empresarial, pero también porque cree que hay que invertir en Senegal, trabajar para que crezca, para que mejoren sus niveles sociales. «Es un país en el que más del 60 % de la población es menor de 25 años. Por eso son fundamentales aspectos como la educación, fomentándola para que puedan formarse y no tengan que marcharse», explica.

Hacer negocios en Senegal es complejo por múltiples razones, pero la principal es que no hay una cultura empresarial como la conocemos en Europa. «Más del 90 % de la economía es informal; los trabajadores no llevan el control, una contabilidad… A final de mes muchos no saben si con su trabajo ganan o pierden, si tienen rentabilidad. De hecho, los únicos que pagamos impuestos somos las empresas serias, asentadas, localizables.

Además, las instituciones ejercen una gran presión fiscal a las pocas empresas que pagan, lo que hace muy difícil el desarrollo empresarial», explica. Tampoco ayuda la actitud de los trabajadores, ya que, además de carecer de formación, «tienes que estar encima de ellos de forma permanente; es complicado», asegura Gaspar, que reconoce que muchos al final mantienen su puesto porque los empresarios no quieren despedirlos y dejarlos en la pobreza, algo impensable bajo la lupa corporativa europea.

UN DESTINO BELLO Y AMABLE

Donde este alicantino se muestra más animado es a la hora de definir a la población, a la que considera muy pacífica, amable y acogedora en comparación, por ejemplo, con la de la vecina Costa de Marfil, donde la comunicación es más difícil; de hecho tiene un gran potencial de negocios, pero la presencia española es menor.

No obstante, en Dakar, además del caos circulatorio y los desechos, se extiende la deshumanización un tanto. Ahora bien, con los españoles, sin problema. «Hacia los franceses, que abundan en el país, la población se muestra con cierto resentimiento, por el pasado colonial, y en general hacia los blancos. Pero los españoles les caemos muy bien. Son fanáticos del fútbol y muchos, seguidores del Real Madrid y el FC Barcelona».

Además, el español como idioma les interesa bastante. Hace poco abrió una delegación el Instituto Cervantes y hay muchos estudiantes, sobre todo en Saint Louis, en la Gaston Berger University, reconocida por el gran nivel en la enseñanza de nuestro idioma. Por extraño que parezca, españoles y senegaleses non parecemos mucho en nuestra forma de ser, asegura Gaspar. En lo que respecta a las bellezas que esconde este país, tuvo la suerte de operar una agencia de viajes hasta 2011. Esto le permitió conocer a fondo el destino, «sobre todo la zona del delta del Saloum y Cap Skiring, en la región de Casamance», que Gaspar considera «el Caribe africano» y que para él es espectacular.

No obstante, no es muy conocido, porque una de las cosas de las que adolece Senegal es la falta de inversión, exceptuando la cadena RIU. «En este sentido, el de las inversiones, las compañías españolas no han entrado con fuerza en el país. Por ejemplo, las empresas de infraestructuras y energía, que hacen falta, no han apostado por Senegal. Es lógico, porque el país no da garantías soberanas a las inversiones y eso frena mucho el negocio». Abundan las empresas francesas, luego las españolas, así como las italianas y las portuguesas, aunque en menor grado. Y las chinas, claro. Hay sectores que se están desarrollando mucho, como la pesca o la construcción, y a nivel energético hay yacimientos de gas y petróleo.

UNA PICA EN DAKAR

No obstante, algunos compatriotas sí apuestan por trabajar en el país: «El censo de empresas españolas ronda las 110, aunque hay muchas más personas trabajando. Alcanzan las 300-400 en el país», detalla. La presencia hispana en Senegal es la mayor de toda la zona, sobre todo porque es el único destino al que Iberia realiza vuelos directos, antes diariamente y ahora con una frecuencia un poco menor. Para acceder a los países limítrofes hay que hacer escala, generalmente en Francia. Este «puente aéreo» beneficia la presencia de personas e intereses en ambas naciones, a lo que contribuye la relativa facilidad con que los senegaleses aprenden español. «Hay mucha gente que lo habla», asegura.

Desde un punto de vista más personal, Gaspar se acuerda de España —claro—, de sus hijos y de las costumbres. También echa de menos la tranquilidad, la ausencia de bullicio callejero, el tráfico normal. En definitiva, la vida más sosegada de nuestro país. No obstante, pese a que la edad le permitiría disfrutar de estos pequeños placeres patrios, allí sigue. « Mientras continúe viendo luz al final del túnel, que la hay, aquí seguiremos trabajando y apoyando al sector empresarial español con inquietudes y ganas de explorar nuevos mercados “emergentes”».

¿Un último consejo para los viajeros de negocios? «Que pidan ayuda a alguna entidad solvente para entrar en el mercado. Si no, les pasará como a todos, que acabarán pagando el peaje. Ah, y mucho cuidado con la elección de los socios locales, ya que no es oro todo lo que reluce, todo lo contrario. Es casi seguro que saldrán escaldados y con una mano delante y otra detrás ». Imposible ser más claro.•