ESTONIA. La moderna del Báltico

ESTONIA. La moderna del Báltico

TEXTO JAVIER CARRIÓN / NATALIA ROS
FOTOS J. C. / TURISMO DE ESTONIA / TURISMO DE TALLIN

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Tallinn Creative Hub

Estonia es uno de los países menos conocidos de Europa. Quizá por ello descubrir sus tesoros es un propósito doblemente apasionante. Toda una caja de sorpresas. De entrada, tiene una esencia más que verde, con casi tres cuartos del territorio formado por bosques salpicados de pantanos y turberas. Además, ofrece numerosos vestigios de su pasado medieval y a la vez muestra una arraigada vocación por la tecnología y la modernidad. El destino se está abriendo camino con fuerza en la escena MICE.

 

Estonia es un país pequeño, de apenas 1,3 millones de habitantes, muy verde y muy rico por su variedad. En Europa tiene fama, porque está considerado uno de los destinos MICE emergentes del continente. Su oferta rara vez decepciona a los delegados, y todo debido a una original combinación de encanto centenario y una propuesta de instalaciones modernas y de alta calidad.

Además, el hecho de que el territorio está cubierto en un 70% por bosques, turberas y vegetación le convierte en un destino muy limpio, donde el aire y el agua son puros. Los eventos profesionales se suceden aquí sin estrés y con los medios técnicos y digitales más avanzados. Estonia es uno de los países más avanzados en el desarrollo del acceso inalámbrico a internet. En casi todos los sitios púbicos, ya sean cafés, restaurantes u hoteles, el wifi el gratuito. Y otra ventaja más: el euro es la moneda oficial del país.

Aunque hay algunas ciudades que empiezan a atraer la actividad de reuniones y eventos, como Tartu, la futura capital cultural europea de 2024, o Pärnu, el centro neurálgico del wellness en Estonia, Tallin es el indiscutible destino principal para este segmento. Por otra parte, la ciudad destaca por su magnífico casco viejo, reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, con diversos lugares de interés para los meeting planners.

Además de los distritos históricos, con casas de madera, existen complejos de fábricas renovadas que se han transformado en centros de moda, arte y cultura. Todos ellos presumen de su vida nocturna con hipsters y jóvenes a la última. Los ejemplos más singulares son las áreas industriales de Rotermanni, Telliskivi y el puerto de Noblessner.

Para el que llega de fuera las comunicaciones en Tallin son sencillas. El aeropuerto internacional de la capital estonia está a cuatro kilómetros, que se recorren en 15 minutos a bordo de un tranvía, sin transbordos largos, ni atascos de ningún tipo. Los delegados que acuden a un congreso o un evento profesional no pagan este transporte. La oferta de comunicaciones se completa con la de alojamiento, ya que son muchos los hoteles que alquilan sus salas para reuniones. Los más representativos son el Sokos, el Swissotel, el Hilton Tallinn, el Radisson Blue Olümpia, el Park Inn by Radisson Blue, el Meriton y el Nordic Forum.

SEDES MICE

Dos son las sedes MICE más importantes en Tallin. Se trata del Alexela Concert Hall y del Tallinn Creative Hub, ambos emplazados en el centro de la ciudad, cerca de la mayoría de los hoteles. El primero de ellos, inaugurado en 2009, destaca por su gran salón, que puede recibir a 1.829 invitados. En total cuenta con 3.300 m2 de espacios distribuidos en cinco plantas que se adaptan a todo tipo de eventos.

Por su parte, Tallinn Creative Hub es un centro cultural que ocupa la antigua sede de la central eléctrica, en el corazón de la capital. En su interior se organizan talleres, seminarios, conferencias, festivales y exposiciones. Actualmente, su sala de calderas, de 700 m2, todavía conserva dos de sus gigantes contenedores, que jugaron un papel importante en la historia del lugar.

La capital de Estonia cuenta también con varias universidades e instalaciones de investigación muy respetadas con dependencias para celebrar congresos y conferencias internacionales. Sobresalen dos: la Universidad Tecnológica de Tallin, el buque insignia de la educación en ingeniería y tecnología del país; y la Universidad de Tallin, el principal centro de estudio en humanidades y ciencias sociales.

A esta oferta MICE se añade la de otros edificios históricos y culturales, como la sede de la Ópera Nacional, renovada en 2005, con una capacidad para 800 personas; la Biblioteca Nacional de Estonia, con un aforo de 270 invitados; el Auditorio del Festival de la Canción de Tallin, al aire libre, que puede albergar a miles de espectadores; la torre de Televisión; Fotografiska, la galería satélite del famoso museo de fotografía de Estocolmo; o La Casa de los Maestros, localizada en la plaza del Ayuntamiento, cuyo origen se remonta a 1333. Este último edificio dispone de nueve salas, convertibles en once.

Por último, ya en la cercanía del mar, el puerto de Tallin organiza recepciones en sus instalaciones, que pueden acoger a 1.500 invitados de pie o 700 si se trata de almuerzos o cenas de gala, utilizando la Nobel Foundry, una antigua fábrica de submarinos, o los hangares del puerto de hidroaviones. La oferta se extiende a los barcos más lujosos de la histórica compañía Viking Line, que navegan diariamente desde Finlandia a Suecia y Estonia, pues se organizan conferencias para grupos grandes y pequeños.

PASEO POR TALLIN

Los orígenes de Tallin se sitúan en el siglo XIII, cuando los caballeros cruzados de la Orden Teutónica construyeron un castillo en la colina más alta de la ciudad que hoy alberga el Parlamento de Estonia. Desde ese primer momento, la ciudad se fue desarrollando hasta convertirse en uno de los centros estratégicos de la Liga Hanseática, con iglesias, mansiones y edificios públicos opulentos que todavía hoy se pueden admirar cuando uno pasea por su atractivo casco viejo, una zona que en realidad oculta dos ciudades -en su tiempo estados-  separadas físicamente: la alta y la baja.

Parece mentira que ochocientos años después de ese rico pasado, que fue liderado por los mercaderes de la ciudad, Tallin mantenga esa atmósfera medieval con sus pequeñas y serpenteantes calles adoquinadas de granito. Un recinto protegido por una monumental muralla adornada con 26 torres, desde la más popular, llamada “Margarita la Gorda”, con un diámetro de 25 metros, hasta la Tall Hermann, donde la bandera de la nación se alza con sus tres colores —azul, negro y blanco— haciendo un guiño a otros tantos símbolos: el mar, la tierra y la esperanza en el futuro. Un futuro que se da hoy la mano con ese pasado impregnado de guerras e incendios que asolaron la ciudad. Hoy por hoy, Estonia se encuentra en la vanguardia tecnológica, palpable en cualquier rincón del país. Sus ciudadanos se vanaglorian de su pasión por el teléfono móvil y por haber inventado uno de los servicios de telefonía gratuitos más populares en todo el mundo: Skype.

En la ciudad baja, cuatro veces mayor que su vecina más elevada, la fortaleza de los daneses, que fueron en realidad los primeros dueños de Estonia, se percibe porque fue el núcleo vital de los mercaderes y de los marineros. En lo alto de la colina Toompea, que merece la pena visitar para deleitarse con sus plataformas y miradores, se instalaron nobles y gobernadores, un lugar al que sólo se podía acceder físicamente por dos calles, conocidas popularmente como “la pata corta” y “la pata larga”. La primera con un acceso de escaleras y la segunda, a través de una larga cuesta que desemboca en la hermosa catedral ortodoxa de San Alejandro Nevsky, levantada en 1900 como símbolo del poder zarista entre unos estonios que comenzaban a pensar en su independencia.

La plaza del Ayuntamiento es el corazón neurálgico de la ciudad baja. Todos los días los habitantes de Tallin pasan por este bello escenario urbano ya sea para ir a trabajar o para tomar una cerveza en sus numerosas tabernas y restaurantes. Fue aquí donde se colocó el primer árbol de Navidad del mundo, en 1441. Entonces la gente bailaba enérgicamente a su alrededor antes de que se le prendiera fuego. Hoy se sitúa en el centro de la plaza escoltado por las velas de los tenderetes navideños, por la Casa Consistorial, con su chapitel octogonal de 64 metros de altura, y por la farmacia  en activo más antigua de Europa, en la que se venden remedios tradicionales y el clásico mazapán de la ciudad. En Navidades el recinto todavía resulta más encantador, ya que casi siempre está nevado. De hecho, en Tallin hay solo una media de 65 días de sol al año.

El paseo por la ciudad puede desarrollarse también alrededor de sus iglesias carismáticas, fundamentalmente  tres: San Olaf, el que fuera edificio más alto del mundo entre los años 1549 y 1625; con las mejores vista de Tallin; la Iglesia del Espíritu Santo, la más antigua de todas, con un bello reloj en su exterior, y San Nicolás, convertida hoy en sala de conciertos.

EXTRAMUROS

Una vez rebasada la muralla medieval, que contaba originalmente con una longitud de 2,35 kilómetros, la ciudad continúa con esa filosofía urbana de mezclar lo moderno y lo más viejo. El barrio de Rotermanni se distingue por su arquitectura contemporánea, visible en los antiguos edificios industriales remodelados y reconvertidos en tiendas, boutiques, restaurantes  y apartamentos. Contrastan con el cercano palacio barroco de Kadriorg, construido por el zar ruso Pedro el Grande en el siglo XVIII, o el Museo de Arte KUMU, el máximo exponente artístico de Tallin, con su muestra permanente del arte estonio de los últimos tres siglos y otras colecciones temporales de arte moderno.

También es muy interesante la Telliskivi Creative City, emplazada en el antiguo complejo industrial de la capital, que alberga galerías, pequeñas tiendas, empresas creativas, restaurantes y otros espacios donde se celebran más de 800 eventos culturales a lo largo del año. Uno de sus grandes iconos es Fotografiska Tallin, un museo que se ha convertido en un lugar de encuentro para el arte, la buena comida, la música y el diseño. El centro cuenta con un área de exhibición y eventos, un restaurante y una tienda.

Pero si hay un espacio emblemático para los casi quinientos mil habitantes de la ciudad ese es el Auditorio del Festival de la Canción de Tallin, escenario clave de la llamada “revolución de las canciones”, que permitió a Estonia independizarse de la Unión Soviética sin derramar una gota de sangre en 1991. Todos los días, trescientas mil personas entonaban himnos y canciones del país hasta que que en 1994 salió el último soldado ruso de Estonia.

Los estonios siguen recordando cada cinco años estos sucesos históricos en el Festival de la Canción, aunque el recinto ha servido también para recibir a estrellas del pop tan rutilantes como Madonna, Michael Jackson o los Rolling Stones. Tallin presume de su propuesta musical en la ciudad. No hay más que darse la vuelta por sus clubs con música en vivo de jazz y rock and roll, siempre con una pista de baile muy próxima… A solo unos pasos está el restaurante clásico medieval de Tallin, Olde Hansa, enclavado junto al viejo Ayuntamiento, donde se cena casi a oscuras, con la tenue luz de unas velas que no permiten distinguir la comida, unos deliciosos platos elaborados con recetas de hace setecientos años y compartidos con una original cerveza con canela, miel o hierbas.

ISLAS OCCIDENTALES

Con 45.227 km2, Estonia es un poco más grande que Dinamarca, Suiza o los Países Bajos y algo más pequeña que Aragón, por lo que se puede cruzar el país en solo unas pocas horas, siguiendo una ruta de pueblos con acogedoras granjas y posadas. Una de las excursiones más populares desde Tallin es a las islas occidentales por su encanto y su historia. Hay más de 1.500 y algunas de ellas forman parte de la Reserva la Biosfera de la Unesco, como es el caso del archipiélago que forman Saaremaa, Hiiumaa, Vormsi y Muhu, además de numerosos islotes. Su estilo de vida es muy tranquilo y son un gran espejo de la gastronomía, el arte y la artesanía de unos habitantes que se inspiran siempre en la naturaleza.

Se accede a la mayoría de las islas de Estonia en un corto trayecto en ferry desde la costa occidental del país. En seguida se perciben las masas de pinares y enebros que pueblan, por ejemplo, Saaremaa o Hiiumaa, y los viejos faros del siglo XIX y algunos molinos de vientos que pertenecen al pasado. En realidad, la zona ha sido muy preservada porque durante el periodo en que perteneció a la URSS se instaló un sistema de radares y una base militar de cohetes que preservó toda la naturaleza de estas islas.

Muhu es la primera isla que aparece en el viaje al archipiélago occidental. Este puente entre la Estonia continental y las islas está a unos 150 kilómetros de la capital y es ideal, como en las demás, para practicar el senderismo o montar en bicicleta buscando viejas iglesias y fortalezas en ruinas dejadas por guerreros estonios paganos, caballeros alemanes y militares soviéticos.

Muy cerca de Muhu surge la isla principal, Saaremaa, con un claro destino en el sur llamado Kuressaare. Su castillo del siglo XII que es uno de los edificios medievales mejor conservados de Europa. En su patio interior se celebra todos los años un festival de ópera tan famoso como otro festival de jazz alternativo de esta isla que también atrae a muchos visitantes por su oferta de bienestar. Kuressaare recibió el título honorifico de “ciudad de la salud “ en 1998, aunque sus balnearios curativos ya eran conocidos desde principios del siglo XIX y hoy son centros de spa muy populares. Saaremaa ofrece en la actualidad ocho hoteles balnearios, donde se pueden disfrutar de diferentes tratamientos relajantes, baños de barro y saunas. El más romántico de ellos es el Grand Rose Spa.

MÁS INFO
www.visitestonia.com

RECOMENDADOS

A TRAVÉS DE LOS PANTANOS

Excursión para caminar por pantanos y zonas húmedas utilizando unos zapatos especiales que funcionan de una manera muy parecida al calzado de nieve. Los excursionistas pueden andar  libremente sin hundirse y causar daños al medio ambiente atravesando algunas zonas por plataformas de madera. Entre las áreas húmedas con ciénagas y turberas más accesibles destaca Viru Bog, a solo 30 minutos en automóvil de Tallin, en el límite del Parque Nacional Lahemaa.

 

CRUCERO POR LA BAHÍA DE TALLIN

Un recorrido en el antiguo crucero Katharina es la mejor manera de admirar el maravilloso panorama del casco antiguo de Tallin y sus torres. Los huéspedes aprenden sobre la historia marítima de la capital estonia y se pueden fotografiar en el puente de mando de la embarcación con el capitán. El barco dispone de tres salones con capacidad para 200 invitados, dos terrazas, una sala de seminarios, un bar y un restaurante.

 

PLANTANDO ÁRBOLES

Experiencia para plantar un árbol en uno de los bosques nacionales, una actividad con la que contribuir a la preservación del planeta. Según los expertos, “permanecer en el bosque alivia el estrés, reduce la presión arterial y hace sonreír”, así que puede ser un magnífico broche para acabar un viaje en Estonia. Este país ocupa la quinta posición en Europa por su cobertura forestal. Solo le superan Finlandia, Suecia, Eslovenia y Letonia. La excursión suele realizarse entre los meses de abril y octubre, cuando el clima es agradable y el suelo, lo suficientemente blando para cavar. Después de plantar, se disfruta de un picnic al aire libre.

RADISSON BLU HOTEL OLÜMPIA ****

A solo tres kilómetros del aeropuerto, ofrece 13 salas de reuniones para cualquier tipo de evento, hasta 500 participantes, con un espacioso vestíbulo, centro de conferencias, que fue fue renovado en 2017, salones de banquetes y cabinas de traducción. En la planta 26 se encuentra el centro de salud con piscina, gimnasio y sauna entre excelentes vistas de Tallin.
Liivalaia, 33
Tel. +372 631 5333
www.radissonhotels.com

HILTON TALLINN PARK ****

A 2 kilómetros del parque Kadriorg, propone 202 habitaciones junto al encantador casco viejo de la capital de Estonia. Ofrece siete salas de reuniones, ideales para conferencias internacionales y cenas de gala, un salón ejecutivo, un restaurante a la carta, un área de spa y un gimnasio. En sus servicios destaca también el restaurante Able Butcher y su bodega, con una gran variedad de vinos internacionales.
F. R. Kreutzwaldi, 23
Tel. +372 630 5333
www.hilton.com

PILGUSE RESIDENCY

Ubicado en Pilguse Manor House, una hacienda rural que data de 1558, en un bello entorno natural de 90 hectáreas, con abundante vegetación y lagos frente a largas costas, en la parte occidental de la isla de Saaremaa. Aquí se crió Fabian Gottlieb Benjamin von Bellingshausen, al que muchos consideran como el descubridor de la Antártida. Un lugar con historia que ofrece alojamiento y gastronomía de altura, excelente también para organizar eventos y actividades. Jõgela küla, Saaremaa vald, Saare maakond
Tel. +37 2 454 5445
pilguse.com

PÄDASTE MANOR

El centenario Pädaste Manor, en la isla de Muhu, es el único hotel de cinco estrellas fuera de Tallin. Completamente renovado, se ha convertido en un excelente complejo y spa de lujo. Ofrece 24 habitaciones decoradas de forma diferente, desde las acondicionadas en la antigua cochera hasta las majestuosas de la casa solariega. Un templo del relax que se puede combinar con paseos en bicicleta o en barco al atardecer o un picnic en Armastuse saar, la ‘isla del amor’.
Muhu Island
Tel. +37 2 454 8800
www.padaste.ee

OLDE HANSA
Ambientado en la Edad Media y situado en el casco antiguo de Tallin. Este local con renombre internacional propone platos tradicionales cocinados de acuerdo con algunas recetas de 700 años de antigüedad. El personal que los sirve está perfectamente ataviado con trajes de la época y toca instrumentos del Medievo. Gran ambientación y muy poca luz cuando para degustar menús que no se caracterizan por ser ligeros.
Vana Turg, 1
Tel. +372 627 9020
www.oldehansa.ee

FOTOGRAFISKA

Cocina creativa con predominio de platos vegetarianos, aunque se puede añadir carne de pollo o pescado del día a cada propuesta. El pan de masa fermentada sustituye en este local, muy de moda, al tradicional pan negro estonio, y la pasta de col reemplaza a la mantequilla en el fondo cortado de una botella de vino. Siempre se aprovechan al máximo los productos frescos y los restos de comida que se generan en el restaurante se depositan en un contenedor de compost que se entrega a los agricultores que suministran al restaurante.
Telliskivi, 60a-8
Tel. +372 574 5092
www.fotografiska.com

LORE BISTRO

Janno Lepik y Kristjan Peäske ofrecen un tentador menú ecléctico que consiste en buenos platos clásicos de antaño con un toque moderno. El restaurante abre en un edificio histórico del astillero de Noblessner, donde se encuentra el Kai Art Centre, un centro de exposiciones de arte moderno con cine, panadería y bar de cócteles.
Peetri, 12
Tel. +372 511 8613
www.lorebistroo.ee/en