Nueva York. ALMUDENA ARIZA / Radio Televisión Española

Nueva York. ALMUDENA ARIZA / Radio Televisión Española

«En Nueva York no paro de encontrar buenas historias que contar»

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Es una de las caras más conocidas de los informativos y las corresponsalías en el extranjero, con una enorme experiencia que le ha llevado a cubrir desde el atentado de las Torres Gemelas hasta la guerra de Afganistán. Los últimos años, Almudena Ariza nos pone al día de todo lo que sucede en la ciudad de los rascacielos. Y no solo las grandes noticias. También esas pequeñas historias que tienen como escenario una metrópolis intensa, desequilibrada y vibrante donde está en permanente contacto con los expatriados españoles.

 

La vida tiene sus cosas. «Cuando me destinaron a Nueva York pensé en una redacción que escribí en el colegio. En ella tenías que imaginar dónde te veías viviendo y trabajando cuando fueses mayor. Por aquel entonces yo veía fascinada a los corresponsales de TVE y el tema de mi redacción fue “quiero ser corresponsal en Nueva York”». Toda una premonición.

Almudena Ariza es desde hace años una de las caras más visibles de la siempre valorada red de corresponsalías de la televisión pública española. Aunque su hoja de servicios es extensa, tiene a la ciudad que nunca duerme como un referente: «Hace años viví unos meses en la ciudad, estudiando inglés. Después volví para cubrir el atentado contra las Torres Gemelas. Fue mi primera cobertura internacional y donde empezó mi carrera profesional como corresponsal y enviada especial. Meses después, TVE me enviaba a cubrir la guerra de Afganistán… Fue el principio de la etapa profesional más apasionante de mi carrera», asegura esta amante del running (ha corrido ya dos maratones en esta ciudad) y la salsa.

Nadie como ella para contestar la pregunta ¿qué es Nueva York? «Dicen que esta es la ciudad de las tres “D”: diversidad, densidad y dinero. Es la ciudad en la que todo parece posible. Para algunos es la ciudad de los sueños, de las oportunidades profesionales, la ciudad laboratorio para nuevos proyectos, un lugar cargado de energía, de fuerza y de emociones donde no es difícil toparte con celebridades en la calle, donde te sientes libre porque nadie juzga al otro. Pero también es la ciudad que expulsa a los menos favorecidos, donde sigue siendo visible la desigual distribución de la riqueza, donde vive el mayor número de milmillonarios del planeta mientras no deja de crecer la tasa de homeless —son más de 60.000—, donde se invierte en proyectos inmobiliarios privados, pero escasea la inversión pública; donde el metro se cae a pedazos pero no hay dinero para mejorarlo», explica mostrando las contradicciones de una urbe que, reconoce, ama y odia a veces en el mismo día. «Sobre todo, es una ciudad en la que no dejo de encontrar buenas historias que contar».

Un mercado dinámico

Nadie como ella, desde su posición entre dos mundos y su atalaya en los medios de comunicación, para observar las grandes diferencias entre España y Estados Unidos, dos países occidentales pero con caminos muy diferentes. «Lo más importante es que aquí no hay paro. Hay mucha flexibilidad laboral, lo cual es bueno para contratar, pero no siempre tan bueno para el empleado, que está menos protegido que en España». Pone como ejemplo medidas asentadas en nuestro país, como los permisos de maternidad y paternidad, que allí son muy raros, o las vacaciones pagadas, «un lujo del que muchos no disfrutan».

Eso sí, reconoce que los emprendedores lo tienen mucho más fácil que en el mercado español. «Aquí puedes montar y desmontar una empresa fácilmente; las gestiones son simples y la burocracia no acaba por asfixiar —como en otros lugares— tus ganas de emprender. A nivel profesional, la gente se reinventa constantemente y hay oportunidades para hacerlo», explica. Y en lo que respecta al nivel de vida, «los sueldos son bastante más altos que en España, pero también la vida es más cara».

La experiencia vital de Almudena se ve enriquecida por su actividad laboral en una ciudad con enormes profesionales de los medios de comunicación, todo un sueño para los que quieren dedicarse al periodismo. «Hay mucho dinero en algunos medios y eso se nota en los despliegues y en la coberturas periodísticas. Y hay excelentes profesionales. Cada día disfruto con la lección de buen periodismo que nos da The New York Times, seguramente el mejor periódico del mundo. Y con estos grandes medios conviven muchas iniciativas periodísticas modestas, pero muy interesantes, destinadas a públicos más específicos y reducidos. Y luego está el fenómeno podcast, que es imparable y no deja de crecer», asegura.

La vida diaria

Esta periodista madrileña, que en sus inicios aprendió el oficio en la radio, está plenamente integrada en una ciudad que reúne a muchos españoles. Y no quiere perder los lazos: «Para mí es necesario mantener el contacto con los compatriotas, entre los que tengo muchos amigos. De vez en cuando, incluso, nos reunimos los periodistas españoles y compartimos inquietudes y experiencias. Resulta edificante y terapéutico», asegura. La vida diaria para un español, en lo que a idioma y cultura se refiere, es cada vez más fácil, pues como ella misma explica, nuestro idioma es la segunda lengua más hablada en Estados Unidos después del inglés, un idioma que usan casi 60 millones de personas. «Los hispanohablantes pueden desenvolverse fácilmente en este país aunque no hablen inglés», asegura.

Como todos los expatriados, Almudena Ariza echa de menos muchas cosas de su país, y también algunas otras de más. Comparado con otros destinos, este le permite estar en contacto y viajar más fácilmente a casa —unas tres o cuatro veces al año—, aunque la distancia siempre está ahí: «Echo de menos a mi familia, lo primero. Y después, el life style español. El disfrute de los pequeños placeres: el sol, las terrazas, el ritmo pausado, las cañas con los amigos, los planes improvisados, las sobremesas largas, los bocadillos de tortilla, las croquetas y los menús del día, un metro limpio y los trenes de alta velocidad, la seguridad social y los médicos que no te cobran solo por decirte buenos días…».

Por el contrario, los miles de kilómetros de distancia la aíslan —aunque por su profesión no tanto como quisiera— de lo negativo: «Echo de más el debate político actual y la situación de campaña electoral permanente», lamenta.