Inicio TENDENCIAS PANORAMA Mirando al futuro / PALOMA FUENTES

Mirando al futuro / PALOMA FUENTES

«Vivimos en la sociedad del hacer, pero no en la del pensar o del sentir»

Paloma Fuentes Mahou San Miguel
La doctora Paloma Fuentes, gerente de Felicidad de Mahou San Miguel

La doctora Paloma Fuentes ha abierto un camino cargado de posibilidades y esperanza desde que fue nombrada, hace un par de años, la primera gerente de Felicidad de España en una empresa de sus dimensiones, como es el caso de Mahou San Miguel. Su visión personal está en línea con esa actitud pionera, que sigue el tránsito desde la salud hasta un concepto mucho más amplio y transformador, que es el bienestar.

 

NATALIA ROS / FERNANDO SAGASETA


¿Cómo surgió la idea de crear una gerencia de Felicidad?

Cuando empezamos a trabajar con la salud en Mahou San Miguel, hace ya unos cuantos años, siempre poníamos el ejemplo del taburete que tiene muchas patas: reconocimientos médicos, programas de prevención, talleres de bienestar, ejercicio físico, alimentación, psicosociología… Aunque tenga una base sólida, si le falta alguna, puede tambalearse y llegar a caer. En el caso de las personas son determinantes las conductas y, de hecho, el Área de Felicidad de la empresa se creó con la visión de que hay que profundizar en ese campo. La clave está en que las personas tienen que trabajar en sus propias conductas. Yo creo que hemos creado un modelo propio, con un concepto atrevido. Al principio sonaba muy exótico y quizá algo frívolo, pero ahora la gente sabe que cuando hablamos de felicidad nos referimos a la calidad mental, de sus pensamientos y sus emociones. Les engancha mucho, a ellos y a su entorno. Es un trabajo apasionante.

En términos generales, ¿cuál es el nivel de felicidad del ser humano?

Desde los filósofos de la antigua Grecia hasta los modernos expertos en el crecimiento personal, la felicidad es un concepto que nos ha preocupado a lo largo de los siglos. Hay tantísimos autores que lo han abordado… Todo el mundo habla de felicidad. Hay hasta un estudio, Global Happyness Report, con indicadores que miden la felicidad de los países. Básicamente se refieren al nivel de desarrollo: educación, sanidad, nivel de vida.. Variables más ligadas a la economía.

Bajo mi punto de vista, en general somos bastante felices, pero no lo sabemos. La clave es que todos nacemos con la felicidad incrustada en nuestro genes. Hay algunos psicólogos que lo defienden así, como es el caso de Steve Pinker, uno de los autores norteamericanos más importantes en su especialidad en lo que va de siglo, cuyo libro La tabla rasa, recomiendo  vivamente. Él dice que venimos al mundo con tres informaciones que vienen de serie: el instinto de supervivencia, el instinto de libertad para desarrollarnos como seres humanos y el instinto de felicidad. Cómo la desarrollamos después es cuestión de cada uno y del entorno, tanto exterior como interior. La felicidad es algo profundo. Está en nuestro interior.

¿Cuáles son aquellas pequeñas cosas, como decía la canción de Serrat, que nos hacen felices?

Una de las claves con las que nosotros trabajamos es la flexibilidad mental. Cuando nos forjamos expectativas colocamos en nuestro cerebro un horizonte concreto. Trabajamos para conseguirlo y, si no se cumple, desperdiciamos todo lo que hay alrededor. Tenemos que ampliar nuestra visión del mundo, nuestra perspectiva de las cosas. Hay oportunidades y belleza en todo, incluso en los errores, en los fracasos… Esas pequeñas cosas pueden ser grandes cosas desde nuestra visión. Es lo que se llama la apreciatividad, una corriente que busca poner nuestra mirada en todo lo que nos rodea, en las cosas más nimias que pasan normalmente desapercibidas.

Nuestro cerebro tiene dos hemisferios. El izquierdo es como si fuera un gran ordenador que procesa todos los razonamientos y la lógica, los cálculos y demás. En cambio, el derecho es nuestro parque de atracciones: las emociones, la sensibilidad, la  intuición, el instinto… Nos movemos entre ambos. Tenemos que encontrar la armonía y el equilibrio. Este órgano funciona fundamentalmente para sobrevivir, es nuestro objetivo fundamental. Todo lo que nos llega al hemisferio derecho, si no resulta una amenaza a nuestra normalidad cotidiana, se almacena en la memoria a largo plazo del hemisferio izquierdo.

¿Qué significa? Que metemos en el cajón de lo normal muchas cosas maravillosas: los afectos, los pequeños actos placenteros, etc. En realidad, tendríamos que dejarlo en el hemisferio derecho, en el cajón de lo extraordinario. La felicidad sería hacer un gran cajón con todas esas cosas, dándoles más valor. Para conservar esas cosas en la memoria hay un truco. Solo hay que cerrar los ojos y revivir esas pequeñas cosas en la mente durante 4 segundos. Es la forma de que pase a la memoria a corto, no a largo.

¿Es necesaria una técnica para estar más satisfechos con nosotros mismos  o todo es cuestión de tomar consciencia?

Hay que tener una técnica para tomar consciencia de las cosas. En mi taburete de la felicidad, la pata de la consciencia pesa el doble que las demás. La persona con la que más hablas a lo largo del día es contigo mismo. Tenemos entre 60.000 y 90.000 pensamientos a lo largo del día y la mayoría están dedicados a ti.  Saber cómo son y qué te estás diciendo es fundamental. Ahí están las claves de cómo nos vemos, nos sentimos, nos queremos y nos comportamos. Dediquémonos un espacio a nosotros mismos todos los días. Solo 20 o 25 minutos para reflexionar sobre lo que hemos hecho, lo que podemos mejorar, lo que nos ha llenado de calma, lo que no nos ha gustado, cómo nos han influido las personas con las que nos hemos cruzado… Tenemos la oportunidad de abrir un espacio interior, lo que no hacemos nunca. Vivimos en la sociedad de la prisa, en la sociedad del hacer, pero no en la sociedad del pensar o del sentir. Dedicarnos tiempo no es perderlo, como se suele creer. Es ganar en salud y felicidad. Es de los cambios más importantes que podemos hacer y mantenerlos en el tiempo.

¿Qué pueden hacer las empresas para mejorar el estado de bienestar de sus empleados?

Hay muchas empresas que ya tienen ese taburete con patas relacionadas con la práctica de deporte, de una alimentación saludable, de hacer meditación incluso… Es necesario trabajar en esa línea. El estado de bienestar de una compañía, también desde el punto de vista económico, está en relación directa con el bienestar, la salud y la felicidad de sus empleados. La salud es un talento. Es el más básico de todos. Pero no entendida como ausencia de enfermedad. Ni siquiera hablo de la definición de la OMS, que dice que es el estado de máximo bienestar social, físico y mental de una persona. Hay que dar un paso más. La salud es aquella situación mental que te permite llegar donde te has propuesto. En definitiva, es energía.

Por eso, las empresas tienen que tener claro que sus objetivos se obtienen con la suma de las energías de sus empleados. Nadie puede hacer feliz a nadie. Lo que yo hago es mostrar el camino. Hay que responsabilizar a la gente de su salud y su bienestar. Hay herramientas que te ayudan pero, en última instancia, es un trabajo de cada uno. La empresa puede facilitar, pero es el empleado el que tiene que hacer el recorrido. Nosotros trabajamos mejorando el entorno para que la persona mejore su energía. A su vez, la persona trabaja su interior para mejorar el entorno.

Quiere decir que la ganancia es para ambas partes, ¿no?

Toda esta labor se traduce en una mejor motivación, engagement, creatividad, toma de decisiones… Y, al final, acaba relejándose en la cuenta de resultados. Me gusta más hablar de enamorar que de retener talento. Yo estoy enamorada de mi empresa. Trabajamos por un sueldo, pero no es lo más importante. Hay otras satisfacciones que no tienen precios.

¿Cómo se puede vencer algo tan arraigado como la resistencia al cambio?

Lo fundamental para ello es entender que el cambio es lo único constante en la vida. Cada pocos meses nuestras células se renuevan, salvo las del cerebro. Somos diferentes y no nos damos cuenta. Nuestro entorno también cambia constantemente. La resistencia es porque sentimos que no tenemos capacidad. Muchas veces no es por comodidad, sino por inseguridad.

Hay que diferenciar el estrés malo del estrés bueno. Me levanto gracias al estrés. Me pongo en marcha y afronto distintas situaciones gracias a él. Me mantiene despierta, tengo adrenalina, crezco, me ensancho… Cuando empiezo a pensar en todo lo negativo que puede pasar, genero cortisol. A la larga produce enfermedad. Hay que evitar ese estrés tóxico, que surge cuando pienso que no tengo capacidad para afrontarlo.

Por eso surge la resistencia al cambio. La mayor parte de las veces no nos conocemos lo suficiente como para entender que somos seres únicos en el universo, que tenemos capacidad prácticamente para todo. Y, cuando no, podemos pedir ayuda a alguien, que viene a ser como si la tuviéramos nosotros. Los cambios normales son oportunidades. A veces son duros. Los que no son tragedias son ocasiones para crecer, incluso aunque fracasemos. Tenemos los recursos suficientes para afrontarlos.

¿Está de acuerdo con la idea de que viajar es posiblemente una de las actividades más completas que se pueden realizar para enriquecerse tanto cultural como emocionalmente?

Viajar da la vida. Es una parte muy importante del crecimiento personal.

¿Con qué armas cuenta la inteligencia emocional para abordar crisis tan graves como la del coronavirus? 

Todos hemos pasado por distintas etapas durante el confinamiento, desde la sorpresa, a la incredulidad, pasando por el miedo o el enfado. Lo importante es aceptar lo que está pasando. Eso no significa encogerse de hombros, sino recoger energía para sacar lo mejor de nuestros mismos, buscar soluciones a la situación y ayudar a los demás. Después de la aceptación viene lo que tú quieras: hacer ejercicio, comer adecuadamente, mantener unos hábitos de sueño y descanso, tener rutinas (muy importante)…

Mirando al futuro, ¿cuál es su recomendación?
Hay que mantener una actitud de aprendizaje y de ayuda. Las relaciones tienen que seguir estando vivas. Habitemos las palabras. Enviemos mensajes que nos salgan del corazón. Cuando lo hacemos mejora la salud, las defensas de las personas que los reciben y las nuestras también. En esta crisis se ha revelado lo importante que es el sistema inmunitario de las personas. Además de la alimentación y el descanso, las emociones también cuentan para fortalecerlo.